Nada es sagrado, todo se puede decir, de Raoul Vaneigem

Paco HuelvaEl sello Melusina se está afianzando en el mercado editorial con una serie de obras singulares que, en una amplia gama de materias, ofrecen al lector interesado ideas novedosas, libres e independientes.

Algunos de sus textos son verdaderamente revolucionarios, aportando luces allí donde todo es un páramo inamovible asentado en la retórica de quienes dominan los medios de difusión y la concepción de ideas, que luego transmiten a la ciudadanía para que esta adopte esos pensamientos como propios, y por no hacer nada… no tenga siquiera que pensar, que es el modo de operar de los que controlan los hilos del poder en las sociedades que habitamos.

Nada le es ajeno: la integridad de los seres humanos, la mejora del medio ambiente, el reparto más equitativo e igualitario de la riqueza, la eliminación de la hambruna y la indigencia existentes en muchos lugares del mundo y otras cuestiones que son o debieran ser de interés de todos, ofreciendo soluciones alternativas al oligopolio del Mercado, ese demonio financiero que nos ata no sólo los movimientos sino también la palabra: la palabra libre y sin matices.

Este es el caso de “Nada es sagrado, todo se puede decir” de Raoul Vaneigem, un filósofo y escritor belga que nos aporta en este texto una serie de propuestas a modo de clases magistrales o redefiniciones de lo “existente inmutable”.

El libro es un texto revolucionario sin duda, en cuanto a los planteamientos que propone Vaneigem para solucionar las crisis individual y social que padecemos, en donde el pensamiento primero, el lenguaje permitido que lo transmite después, y los canales a través de los cuales llegan a la ciudadanía, están dominados de principio a fin impidiendo voces nuevas, abortando así, de cuajo, cualquier propuesta innovadora que pudiera aportar cambios inexcusables en la sociedad actual.

Vaneigem propone que la libertad de expresión no ha de tener límite; que todo puede decirse; que las palabras no matan y cada cual tiene el derecho a expresarse y a propagar sus ideas con total libertad; que nada es sagrado ni secreto; que el secreto de Estado es un ardid para burlar el control de la magistratura y de la ciudadanía; que prohibir estimula la trasgresión; que la inmunidad permite cometer fechorías sin control judicial alguno; que la ética resulta insuficiente ante el fetichismo del dinero; que la libertad de expresión es un derecho inalienable del ser humano; que el hábito de lo políticamente correcto no tarda en volverse un hábito policial inasumible…

En fin, una serie de interesantísimas ideas con las que se pueden estar de acuerdo o no, pero que, aportan destellos… revolucionando los conceptos sobre aquellas cuestiones que no por estar recogidas en códices o legislaciones vigentes, no han de cambiar a la vista de los resultados de este pensamiento globalizado al que todos estamos sometidos.

Paco Huelva

Julio de 2014

 

Paco Huelva
Paco Huelva
Escritor y periodista

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