Los siete magníficos

Cuando llegan las clores del verano se me abren las carnes y el corazón palpita cansino. Estado que me lleva a pensar de manera racional y poder mantener la menta viva. Y es que no se trata solo de la calor, pues se le suman el “Estado de la nación y su por lo tanto” más la caca que todo lo salpica a la vez que se va extendiendo su insoportable peste que emana de los estercoleros de la corrupción que no cesa por la sencilla razón que se lleva en los genes tanto en los que sin piedad impregnando hasta el pellejo y el pensar de la ciudadanía. Así que cada uno escapa y se tapa la nariz como puede, porque la situación es colectiva y al mismo tiempo individual y con una cierta dosis de anarquismo. Servidor entonces se busca entretenimiento de contenido. Digo entretenimiento porque leer, pasión a mí de vida, no es entretenimiento. De manera que me acerco al cine, con predilección por el western, Y como inicio de la calina me he zampado con placer el film más famoso de John Sturges, que dentro de su filmografía no es otro que Los siete magníficos. Clásico entre los clásicos, bombazo de taquilla en aquellos tiempos de dictadura convirtiéndose en una de esas películas que han disfrutado generaciones enteras desde su estreno y así poder escapar de los discursos triunfalistas tan parecidos a los que nos largan ahora, los del “Por lo tanto”, frase que curiosamente también emplea el chico este de Podemos. Y uno refugiado en Los siete magníficos disfrutando una y otra vez en su lucha contra los malos defendiendo a los pobres mexicano, especialmente a los niños.

Pero sucede que la peste político social que se soporta incluso con la nariz tapada sin poderme explicar la razón, mezclo pestilencia con astucia y el olfato de Yul Brynner, por aquel entonces una gran estrella, para imaginar lo que podría ocurrir en el país de la corrupción y el bostezo ante tanta charlatanería, si por medio de artes mágicas y marciales se pudiera contratar a siete magníficos que, sin emplear los medios violentes y mortales de la pistolas (soy enemigo de toda muerte provocada) poderles plantear como aquellos pobres mexicanos la situación en que vivimos por culpa de estas bandas de patrioteros pregonando que se acerca un nuevo Dorado.

Pero volvamos a la realidad de la canícula y los discursos con promesas vanas y el país limpio de corruptos. Creer en los milagros no lo consigue ni la Madre superiora. De forma, que los más adecuando seleccionar buenos western y soñar con lo imposible para sosegar un poco el verano.

Tácito

 

 

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