Utopía

El libro titulado Breve historia de la utopía de Rafael Herrera Guillén profesor de la Facultad de Filosofía de la UNED es una obra que aporta desarrollos muy interesantes, sobre aspectos esenciales del pensamiento utópico, a lo largo de la historia occidental.

Partiendo del deseo de construir un mundo más justo y mejor, el autor insiste en el valor de las acciones razonables para lograr avances significativos en el progreso y el bienestar humanos. Lo que no supone el olvido de la función del azar en la realidad. De todos modos, es evidente que, una actividad política coherente y racional, puede ser un factor decisivo para la consecución de una sociedad mejor, más igualitaria, equitativa, solidaria y fraternal.

Al respecto escribe en el Prólogo Herrera Guillén sobre la intención del libro: «Su espíritu radica en el deseo de colaborar a través de la filosofía en los procesos de mejora que desean la gran mayoría de los ciudadanos».

Aunque el libro, ya ha sido publicado en Septiembre de 2013, al tratar cuestiones es esenciales y universales sobre la conformación de los estados ideales, su lectura sigue siendo, enormemente provechosa, para profundizar en los entresijos del utopismo de los filósofos.

Empezando con los mitos bíblicos, y continuando con el mundo platónico y el cristianismo el autor va elaborando un acertado, y profundo desarrollo expositivo clarificando muchos aspectos que, generalmente, no están explicitados en otros textos sobre este tema.

Por ejemplo, el principio de fraternidad de los primeros cristianos tiene su similitud con la filosofía socrática. La dualidad de los dos mundos está presente tanto en el platonismo como en la doctrina cristiana.

Da que pensar que como escribe Herrera Guillén: «A diferencia de lo que posteriormente se ha creído, el comunismo platónico está reservado sólo para una parte de la sociedad: los guardianes, las clases dirigentes».

En este sentido, el planteamiento platónico puede parecernos moderno y actual. En efecto, parece que la solución completa al problema de la corrupción, y el enriquecimiento ilícito podría ser resuelto de una forma absoluta. Aunque, a mi juicio, existen otros procedimientos de control riguroso, sin necesidad, de llegar a esos extremos que propone Platón en un estado ideal rígido y aristocrático.

De todas maneras, es cierto que el maestro de Aristóteles defiende la igualdad entre hombres y mujeres. Y es verdad que en su tiempo esto estaba mal considerado. En este orden de cosas, es necesario reconocer que el gran filósofo ateniense estaba muy adelantado a su época en esta cuestión.

Los estoicos hablaron y escribieron acerca del Logos o razón que gobierna el mundo, y de la armonía universal que es, en realidad, la gran fraternidad de la razón. El cosmopolitismo estoico entendió que era posible y factible la construcción de un mundo mejor para todos los ciudadanos del mundo. Por tanto, era la plasmación de una perspectiva utópica desde el estoicismo.

Los filósofos que han escrito obras sobre un estado ideal han sido bastantes a lo largo de los tiempos. Pero la obra, quizás, más conocida es la Utopía de Tomás Moro publicada en 1516. Moro que, por cierto, es el patrono de los políticos, y que fue Canciller del rey Enrique VIII de Inglaterra, fue decapitado por no dar el visto bueno a la separación de la iglesia anglicana de Roma, etc.

A juicio de Tomás el sufrimiento de la población inglesa de su tiempo, y la injusticia que padecían era por causa de la propiedad privada, ya que escribe: «Por todo ello, he llegado a la conclusión de que si no se suprime la propiedad privada, es casi imposible arbitrar un método de justicia distributiva, ni administrar acertadamente las cosas humanas. Mientras aquella subsista, continuará […] la pobreza y la miseria». Actualmente, la renta mínima solucionaría esto. El autor a lo largo de las 307 páginas del libro escribe sobre las utopías de Francis Bacon, Campanella, y hasta la época contemporánea.

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