ENTREVISTA A LA ESCRITORA ANA MARÍA ROMERO YEBRA

Deseaba desde niña, pintar, escribir y ser maestra. Se considera afortunada por habérsele cumplido estos anhelos y deseos.

A.P- ¿Por qué le gusta escribir?  

Me siento muy feliz haciéndolo igual que lo he sido en los 40 cursos que he dado clase o cuando preparaba exposiciones de óleos o cerámicas. Creo que la máxima aspiración del ser humano es ser feliz con lo que hace y yo he tenido la inmensa suerte de poder conseguirlo tanto en el trabajo diario de la enseñanza como en las aficiones desarrolladas que casi se han convertido, mientras las he practicado en otra profesión igual de gratificante. 

A.P- Preferentemente ha escrito para niños y adolescentes, pero no de forma exclusiva. Piensa que los poemas se emancipan y laten en otros seres, donde cada poema sea un mensaje de hondura y autenticidad. 

Mis dos primeros libros de poemas eran para adultos; lo de la poesía para niños vino después como una necesidad de comunicarles vivencias y emociones

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también a los pequeños. Sigo simultaneando las dos cosas y ambas me dan satisfacciones porque como escritora no me interesa la fama ni los logros literarios, sólo que los lectores, grandes o chicos compartan mis sentimientos y se identifiquen con ellos.

A.P- Se plantea en ocasiones si tiene sentido escribir versos cuando el mundo lo asola la injusticia, las guerras y las hambrunas 

Me lo sigo planteando y creo que lo haré toda la vida. Es una lástima que la emoción de un verso no sea capaz de detener la terrible marcha de ese mundo loco en el que vivimos y  a veces, me remuerde la conciencia pensando en lo feliz que soy cuando escribo, en mi bienestar y mis comodidades, pero sólo me queda el derecho al pataleo y acallar mi conciencia colaborando económicamente con practicamente  todas las ONG que conozco. No puedo hacer otra cosa. Es mi grano de arena.

A.P-Jamás ha concebido la poesía como manojos de versos que se agrupan en un libro. La ve por el contrario, como un retrato interior, como una mano abierta, como una declaración de principios… 

Efectivamente si hay algún valor en mi poesía es el de la autenticidad, la comunicación de mi mundo interior, de mis ideas…Me interesa mucho más desnudarme en ella que enriquecerla con metáforas y otras figuras literarias. Eso es hojarasca. La poesía es un lenguaje de sentimientos, dicho de la forma más bella, eso sí, pero sin que los “adornos y florituras” tapen su verdadera esencia.

A.P- Me ha comentado algo que me ha gustado especialmente: “Ser poeta es mezclarse con la tierra, con el mar, con el paisaje, con la ilusión y los sueños, con el dolor” 

Me alegro de que esto guste especialmente porque creo que el auténtico poeta es un poco panteista y está derramado y presente en todo lo que le rodea; no puede ver la vida desde un pedestal y opinar sobre ella, necesita mezclarse con el entorno, sufrir y gozar con lo que ve cada día. 

A.P- Vive en un pueblo costero de Almería enclavado en el Parque Natural del Cabo de Gata, ¿es determinante a la hora de crear, ayuda esa serenidad tan natural? 

Sinceramente no lo creo. Es cierto que el entorno es más bello y más sereno que otros pero lo que sientes y deseas comunicar está dentro de ti y lo que me

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rodea no me influye especialmente. Si me emociona un pájaro y necesito escribirlo, me da igual que sea un precioso jilguero entre las flores de  mi jardín que un gorrión madrileño sobre el asfalto, junto a la parada del autobús. Ahora, no cabe duda de que la visión del mar, la tranquilidad y el sosiego dan más facilidades para la escritura pero yo he hecho poemas hasta en medio de un atasco y tras un día terrible de “cole”. Lo que se impone es tu mundo interior, no el externo.   

A.P- Usted es una persona algo caótica y desordenada. ¿Consigue finalmente ordenarse? 

No. Y no creo que lo consiga en la vida. Encuentro las tijeras, el pegamento o la grapadora porque hay varios  en distintos lugares de la casa y alguno aparece. El problema son los papeles, los originales, las cartas,  las cosas importantes o pendientes que dejo por cualquier sitio o se me traspapelan y pierdo tiempo y humor en rebuscarlas. No soy capaz de sistematizar y ordenar carpetas ni archivos. Ni siquiera en este trasto.  

A.P- ¿Qué proyectos literarios cercanos tiene? 

Estoy pendiente de que salgan un par de cuentos en verso para los más pequeños en Editorial SM (críos de 3 a 6 años) y tengo pendiente de ofrecer a editorial una novela histórica juvenil sobre la figura de Juana la Beltraneja, he de buscar una adecuada pues es un tema que interesa  poco en las editoriales para niños. Además llevo poco a poco, dos poemarios “de mayores” que van creciendo cuando surge el motivo poético. Son :”Las pequeñas cosas” y el otro, sobre la naturaleza basicamente aún no tiene título 

A.P- ¿Gusta la poesía a los niños y a los jóvenes? 

A los niños y jóvenes les encanta la poesía, el problema es que muchas veces no se les da a conocer. Editoriales y profesores prefieren la narrativa que al parecer les da más rendimiento económico en las ventas a los editores y en las clases los libros en prosa son más cómodos para el profesorado por aquello de resumir, hacer preguntas de comprensión lectora, etc…

A.P- ¿Qué sobra o debería de desterrarse para que la leyeran con gusto y amenidad? 

Creo que lo fundamental para amar la poesía es que su lectura no me interrumpa con la edad. Los niños de infantil la disfrutan en la escuela con trabalenguas, adivinanzas, pareados, juegos rimados, retahilas y al inicio de la primaria leen y aprenden poesía, luego eso se interrumpe porque tienen que aprender otras cosas que vienen en los programas y durante unos cursos el gusto por lo poético desaparece (a menos que el maestro sea un defensor de la poesía y la siga llevando al aula para disfrute de sus alumnos) El resultado es que los chavales llegan al IES y les parece un rollo una égloga de Garcilaso o comprender un poema de Machado o Lorca. Si se fuera ampliando el universo poético del niño cada curso igual que se amplian los conocimientos de Matemáticas o de cualquier otra materia, eso no ocurriría.  

 A.P- Está escribiendo una novela juvenil en la que el protagonista descubre la solidaridad al ir a África  

Si. Y confieso que la tengo detenida desde hace muchos meses. Me gusta el personaje y espero terminarla, pero ahora mismo no veo el final. Lo que llevo escrito me gusta, pero no he resuelto el desenlace, estoy atascada.

A.P-¿Fomentamos lo suficiente la solidaridad entre los jóvenes, los encuentra perdidos o alienados? 

Hay de todo. Jóvenes solidarios, muy entregados y muchos cantamañanas que sólo piensan en si mismos. Confieso que tengo una de mis dos hijas en

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Uganda, dando clase en una escuelita en mitad de la sabana y para ayudar allí ha pedido la excedencia en su plaza definitiva en su colegio, vive en unas condiciones miserables renunciando a su bienestar y no le importa porque dice que esos niños la necesitan y los de aquí tienen de todo. Yo no sería capaz de hacerlo ni ahora ni cuando era más joven y además espero que esa labor casi de apostolado llegue a cansarla y vuelva a casa, pero me resulta  admirable y en verano van allí de voluntarios jóvenes a ayudar en sus vacaciones en vez de irse a la playa, o sea que conservamos la esperanza en la juventud de momento.

A.P- Se ha atrevido también con la novela histórica. ¿Le ha resultado ardua la tarea? 

Si, escribir novela histórica es una tarea muy dura porque hay que contrastar cada fecha, cada dato y aunque me encanta investigar se pierde mucho tiempo, pero me gratifica. Para escribir “Mi tío Moctezuma” leí varias biografías de Hernán Cortés y un montón de libros sobre la conquista de Méjico. Con el de la Beltraneja me ha ocurrido igual. Para un libro de 150 ó 200 folios tienes que leer miles de páginas y contrastar cientos de datos. No se puede faltar a la verdad histórica ni siquiera en los personajes de ficción que inventes y mucho menos, desde luego en los que han existido

A.P- Disfruta de una manera especial al encontrarse con los niños, al comprobar que les entusiasman sus libros 

Es una de las sensaciones más gratificantes. Te preguntan por tus personajes como si los tuvieras en casa, a tu lado y desde luego, nunca es una poesía mía más hermosa que cuando se la oigo recitar a un niño que ha disfrutado leyéndola y memorizándola. Los encuentros con los niños y jóvenes te hacen salir del colegio o de la biblioteca  con más ganas de seguir escribiendo para ellos.

A.P ¿Qué otros placeres le reportan a Ana María, ilusión y felicidad?   

Afortunadamente muchas cosas. Me voy haciendo mayor pero tengo buena salud, una familia estupenda y muchos amigos que me quieren, así que disfruto de todo ello. Me gusta la naturaleza y los animales pero me encanta ir a Madrid o a cualquier otra ciudad a conciertos, teatros, museos  y exposiciones. Siempre he sido una persona muy vital y presumo de aprovechar cada momento y cada oportunidad de ser feliz que me ofrece la vida. He perdido hace tiempo a mis padres y a amigos entrañables y por lo tanto he pasado también por malos momentos, pero los siento cercanos en el recuerdo, no dejan de estar dentro de mí. Creo que la vida es eso : Una comunión con lo que nos ofrece y un goce con lo que nos brinda a través de la gente que quieres, que conoces, del libro que lees, del folio en que escribes, del  paisaje que contemplas…    

Ana Patricia Santaella
Nace en Córdoba, estudia trabajo social. Ha participado en diferentes revistas literarias y antologías, tales como: Antología de poetas en solidaridad con los afectados de sida, “Tintas para la vida” “Tres orillas”, ”Saigón”, etc. Ha formado parte en los encuentros poéticos: “Voces del extremo, 2.008”; Cosmopoética 2009-2010.En 2009, le fue concedido el primer premio de poesía del IV Encuentros por la Paz, de San Pablo de Buceite, Cádiz.

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