Julio Alfredo Egea Reche

Julio Alfredo Egea Reche
Escritor y poeta almeriense nacido en Chirivel. Cuenta con una extensa obra en verso y en prosa, cuya calidad literaria y humanística ha sido sobradamente julio-alfredo-egeareconocida en España e Hispanoamérica.
Inicia su andadura en Granada, primero en la redacción de la revista Sendas y en la tertulia de la peña literaria Domingo. Formó parte del grupo poético “Versos al aire libre” junto a Rafael Guillén, Elena Martín Vivaldi y Ladrón de Guevara.
Académico por Almería en la Academia de las Buenas Letras de Granada.

POESÍA
Sin citar todos los libros, mencionamos algunos:
Ancla enamorada (1956), La calle (1960), Museo (1962), Valle de todos (1963),Piel de toro (1965), Nana para dormir muñecas (poesía infantil, 1965), Repítenos la aurora sin cansarte (1971), Cartas y noticias (1973), Antología poética (1953-1973), Segunda Antología poética (1989), Fábulas de un tiempo nuevo, Premio José Hierro, Desde Alborán navego, accésit del Premio Rafael Morales, Legados esenciales (2004), Voz en clausura (sonetos, 1992).
Considera a la poesía “Como un guiño de Dios entre la niebla” y “un asombro cotidiano”. Ha cantado al amor, a la mujer, a la naturaleza, a la deshumanización.

LOS TEMAS REPETIDOS EN MIS LIBROS
Donde acaba la anécdota empieza la poesía, aunque a veces la poesía cabalgue con la anécdota, como un gesto de vida guardado en una alforja; o acaso la poesía sea un caballo de luces que intenta desprender su montura y galopar desnudo hacia infinitos horizontes.
¿Por qué, innecesariamente, a veces los poetas escriben sus memorias? ¿Por qué algunos poetas, con dolorosa prisa, en últimas etapas se hacen autobiográficos? ¿No estoy yo cayendo en lo mismo, aún en la creencia de que estas páginas están fuera de dogmas biográficos?
No es necesario… Todo poeta verdadero lo único que ha hecho es ir escribiendo su biografía a través de su tiempo de hombre, dentro de su parcela de mundo, el testimonio definitivo de su vivir y de su entorno.
Voy a meditar a través de los temas repetidos en mis libros, no repetidos de forma premeditada sino como retorno natural, por ser en mi vivir, y por lo tanto en mi poesía, esencia, meta, fundamento…
Tomo varios temas: los pájaros, el amor, las manos, los abuelos, Dios, Andalucía, el Hombre…
No será eterna mi palabra… Me gustaría, me conformaría con que a través de los tiempos, una voz humilde dijera: No inventó nada, sus versos eran su vida.

JULIO ALFREGO EGEA RECHE (De Las Ramblas)

separadorNº 4

DIARIAMENTE emborrona sus sueños de paredes
descubriendo el milagro de sus calles inéditas.
Diariamente camina entre el llanto del hombre.
Diariamente le mide su latido a las cosas.
Si ahora cantan los niños se le hace el alma plaza
con árboles y fuentes.
Si un hombre le recita su letanía de llanto
la bota del cacique va aplastando sus voces.
Todavía cree en la virgen condición de la luna,
aún pulsa la importante perfección de la rosa.
Preguntadle el destino secreto de los pájaros
cuando extienden sus plumas en madeja de rutas,
pero siempre le duele que alquiléis vuestros músculos.
Es un hombre con lunas atadas a la sangre,
con un cajón de alondras destapados en las sienes,
que asiste puntualmente al parto de los trigos.
No sabéis su destino, no creeréis en su canto.
Comercia con un polen azul de mariposas
y quisiera cambiarle al mundo la camisa.
En esta casa sueña un hombre como todos
pero con un arcángel recostado en la frente.
De La calle

 

NATURALEZA MUERTA

La vida es un gran bando de perdices
remontadas por un tendón de pánico,
empujadas por plomos y jaurías.
Crótalos de amor por la montaña,
ruta incansable de pequeñas cruces
tatuando nieve, yerba triturada
por la roja tenaza de los picos.

La vida son manzanas
coronadas de trinos,
bebiendo el corazón dulce del árbol.
Péndulo vegetal, puño desnudo
flotando en un concierto de chicharras.

La muerte son manzanas y perdices sobre
una mesa,
naturaleza muda, quieta, fracasada.
Un cristal de pupilas agoniza
sol y romeros.

De Museo

Ata
un viento todo el músculo del árbol
mientras quitan ternura de su ramas.
Sentimos en la sangre un silencioso
Y tenaz manotazo de ceniza.
De Museo

 

EN ESTA PRIMAVERA

Estaba todo triste
y todo tan callado
que medité intranquilo:
“Soy un hombre que canta”.
Mas, de pronto, tu voz
-como un ciervo de luz-
remontó el horizonte
y se abrazó a la mía.
Era el viento una sábana
de pétalos azules
que cortó tu sonrisa
en pañuelos de aurora,
y tu mano en el viento
una paloma blanca
que traía entre sus dedos
un mensaje de rosas.
Tenía que ser ahora.
Ahora que está el almendro
Jugando a ser tu alma,
cuando cada jazmín
es un beso de ángel,
y hay muchas golondrinas
dispuestas a llevarte
el tul y la sonrisa.
Tenía que ser ahora.
Nacerá entre los lirios
-como un sol libertado-
la llama de mis besos.
De Ancla enamorada

“ Si hay algún ser sobre la tierra que parezca reflejo del verdadero amor, son esos árboles centenarios, de hoja perenne, que conserva un esplendor de túnicas, impasibles a soles y ventiscas, consecuencia de un ejercicio incansable de savias en el robusto corazón de la madera.
Imparable a la rueda de los días, el suceder de estiércoles y pétalos, un manotazo gris sobre las sienes; la Muerte a veces asomada por las erosionadas tapias de la estirpe; la Vida renovada por el primer llanto, por la primera sonrisa de un niño nacido al arrullo de los hijos…
Perenne, imparable dinámica de las auroras, cotidiana sorpresa de los gozos, mientras desde el alto mirador de la Vida contemplamos el paso de nuestro propio florecer repartiéndose por el mundo.

De pronto, cualquier día, estrenamos un paisaje cogidos de la mano, llegamos a cualquier rincón de bellezas, comprobamos que somos descubridores del mundo a partir de nuestros alientos enlazados, comprobamos nuestra capacidad para poder seguir jugando a la comba con los rayos de cualquier luna; también que nos envuelve un nublo de lástima al sentirnos circundados por la presencia de los desamaros, pero seguimos descubriendo la razón poderosa de vivir cada instante, de sentir que cada día es el primer día en la derrota de las rutinas.
El amor como un río que a veces puede arrastrar el cadáver de un pájaro, las agonías de una flor, pero que en sus aguas renovadas e incansables lleva el teorema inacabado de logros y proyectos del entusiasmo, en la seguridad de lo que pasa y queda, del devenir gozoso, de una segura promoción de espejos en entrañas invulnerables a la sequía.
Así es el amor…, siempre vencedor de ocasos, en la definitiva prueba de los ocasos”. (Fragmento en prosa del libro “La Rambla”

 

HABLO DE UN RÍO

La sangre arco de triunfo.
Sigue el ascua,
no hay que avivarla, sigue.
Ponme la mano aquí sobre el costado,
circunda, toma el pulso
a mi torso, comprueba
que germina mi piel, que no han doblado
su cuello los claveles
de la noche primera, que persiste
la viveza del ascua
rodando hasta fronteras
con montones de nieve y de relojes.
La torcaz ciudadana
arrulla en la cornisa del Louvre
y mil amantes sonríen desde los lienzos
en praderas y estancias
que fueron… y perviven,
aroman y cobijan.
La noche de los henos,
del tulipán creciendo en la mejilla,
gótica la caricia, bajo arcadas
con rumor de armaduras y estameñas
en Notre Dame.

Despliegue de tules,
espuma de niñez que ahora renace,
alza su comba hasta tus pechos, deja
herencia de vainicas en tu enagua.
Cruzamos muchas veces en el sueño
bajo este arco dorado,
labios y luz borraban
la erosión de tu vientre,
tendida en la ciudad se me perdían
tus dos piernas fluviales en la noche.
Esqueleto de torre, férrea sombra
sobre la cordillera de tu cuerpo
cuando te inauguraba con mis manos
inéditos temblores de epidermis
Retornando al amor que nos hacía
una hoguera de polen en la noche.
En Pigalle empolvaban
desamores fantasmas la mejilla
de rojo, y en Versalles
seguía un cisma de rosas.
Tú y yo bajo los puentes
ensayando una aurora, destapando
un horizonte circular de sueños,
náufragos en el beso.
Leíamos en el agua
cartas de amor perdidas
por legiones de amantes,
nuestra voz repetida en cristal de leyenda.
Nunca será tu frente persignada
por el signo fatal de la pavesa.

L´eternité, amour. Hablo de un río París, abril, 1979.

 

Deja un comentario