José Infante, poeta, periodista, escritor

José Infante Martos (Málaga, 1946). Estudios de Derecho, Filosofía y Letras y Ciencias de la Información en las universidades de Granada y Jose-InfanteComplutense de Madrid, Diplomado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Comenzó su carrera periodística en el diario malagueño Sol de España, para pasar en 1973 a colaborar en el diario Informaciones y en las revistas Sábado Gráfico y Cine en 7 días. Trabajó durante 37 años en Televisión Española en diversos cometidos, como redactor, reportero y guionista en programas como Gente, Telerevista, Los escritores, Hoy por Hoy, Hora 15, Zarabanda, El Dominical Informativo, Informe Semanal, Documentos TV, Equipo de investigación y como director y realizador de diversos programas especiales, entre ellos El Sol de Flandes, El regreso de don Geraldo, 90 años en busca de la diosa, El Camino de España, Crónica de 20 años, Una vida de renuncias, etc. Ha colaborado en diversos medios de comunicación como ABC, Gazeta del Arte, Teleradio, Telesiete, Diario de Barcelona, Diario de Córdoba, Gala, Tiempo, Zero, Shangay Expréss, etc. Igualmente trabajos suyos literarios han aparecido en las más importantes revistas culturales como Cuadernos Hispanoamericanos, Litoral, Papeles de Son Armadans, Estafeta Literaria, Signos, Barcarola, Atlántida, El urogallo, Artesa, Turia, etc.
En poesía ha publicado Imágenes sucesivas (1970), Uranio 2000. Poemas del Caos (1971), Elegía y No (1972), La uva duodécima (1976), La nieve de su mano (1978), El artificio de la eternidad (1984), Poesía. 1969-1989 (1990), El don de lo invisible (1992), Lo que queda del aire(1993), La arena rota (1998), La arena rota y otros poemas (2003), La casa vacía (2004), Días sin música (2005), Sin orden ni concierto (2006), Daños colaterales (2009), Elegías y meditaciones (2009), El dardo en la llaga (2010) y La Libertad del Desengaño (2014). Ha sido incluido en infinidad de antologías y poemas suyos han sido traducidos al inglés, al sueco, al francés y al italiano. Ha publicado también Antología de la poesía espiritual española (1985), Antología de los poetas del 27 (1985), España paso a paso. 2 volúmenes sobre Andalucía (1986), Bornoy, imágenes para un fin de siglo (1993), Antonio Gala, un hombre aparte (Espasa Calpe 1994), Autobiografía del desconsuelo (1995), La nada, el mito, la palabra. Autobiografía del desconsuelo II (2005) ¿Entiendes de cocina? (En colaboración con Leopoldo Alas) (MR 2003), Victoria Eugenia de Battenberg. Un amor traicionado (MR, tres ediciones 2003, 2004, 2005), ¿Reinará Felipe VI? La última oportunidad de los Borbones. (MR tres ediciones 2003, 2004, 2005) y La musa oculta de Goya. Una sonrisa que esconde una tragedia (MR 2007).
Ha sido galardonado con los Premios y reconocimientos, Adonais (1971), Málaga. Costa del Sol de Periodismo (1972), Beca Juan March a la creación literaria (1980), Segundo Premio Ciudad de Melilla de Poesía (1984), Premio Ondas (compartido con los SSII de Tve) 1982, Premio Cáceres. Patrimonio de la Humanidad de Poesía (1997), Laurel Poético Ibn Al Jatib, Almuñecar 1997, V Premio Aljabibe (2005), Premio Andalucía de la Crítica de Poesía (2005), Premio Ciudad de Córdoba, Ricardo Molina (2008), Escritor malagueño del año (2006), Premio Ciudad de Zaragoza de Poesía 2013. Medalla de Oro del Ateneo de Málaga 2015, Premio Ciudad de Cabra a toda una vida 2016. Es Académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.

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POEMAS DE JOSÉ INFANTE

COMO EL AMOR ORGANIZA SU CAOS

VUELVE la soledad, como un gato celoso,
a acurrucarse fiel en tu regazo. Como si el tiempo
no hubiera transcurrido, te enfrentas al espejo
y te desnuda. ¿Es que estuviste alguna vez acompañado?
Ahora el pequeño animal clava sus uñas
en el dolorido perfil de tu agonía. Pero no es sangre
lo que salta de tu piel violentada y tampoco acudirá
el llanto a inundar las tardes que te esperan. La memoria,
como un ordenador, ya fríamente almacenó los datos
y los tiene precisos a disposición de tu desesperanza.
El lugar de la acción, los besos derrochados, la alegría pasajera,
los viajes, el compartido anhelo de hacer eternas
fugacidad y dicha. La sorpresa de aquel monte
sagrado o el vértigo de la miseria, un terrible mediodía,
en la Medina de Fez, cuanto un fétido olor
te llevó hasta el desmayo. No faltará ni un solo día
del sueño que has creído palpable realidad.
Ni el fulgor de las islas, donde el mar es antiguo
y nacieron los dioses, ni la lluvia suave de aquella tarde,
en Oxford, cuando el té y los pasteles eran sólo
una excusa para descansar un momento y
asegurarte que era verdad la vida
y no un vano delirio decadente. Repasa
cada extremo. Es un informe exacto.
Nada quedó al albur de la palabra.
Todo se fue escribiendo poco a poco en tu piel.
Los días desdichados y el abismo que, como un pozo,
fue creciendo hasta dejar al fondo los deseos
y ofreceros en su cántaro viejo, la desgracia
y el agua sin fin de las tinieblas. Alguna vez sí fue
la sombra compartida y huyeron de vosotros
los gatos de la ira. Pero aquí ya lo tienes, escrito,
como una fría sentencia de juzgado:
No fue el amor, pero tuvo su nombre.
Fue la pasión y se quemó en tus brazos.

MAÑANA EN SAN ILDEFONSO

ENFERMOS, pobres, desesperados,
menesterosos, tristes, ignorantes,
parias del destino, abandonados
de la mano de Dios, acuden
a los templos. Sentados en los bancos
con infinita paciencia y esperanza
repasan sus miserias. A veces,
de rodillas levantan sus ojos anhelantes
y musitan sus lentas oraciones mirando
hacia el Altar, donde el Todopoderoso.
indiferente, se olvida de todas sus desgracias.

LA MÚSICA

ÚNICA voz, dolorida y amarga.
Siempre acude cuando la soledad
inunda las paredes y es su eco
lo que llena mi alma desvelada.
Pero no fue sólo tristeza, incertidumbre,
lo que alojaron estas habitaciones.
No fueron sólo sinfonías, la oración fúnebre,
conciertos melancólicos, arias desoladas.
No. No fueron sólo el réquiem y la noche
oscura del alma entre las sombras.
Hubo silencios plenos de ternura,
acordes, melodías que acompañaron
el ardor de la pasión que se encendía
a veces, la esperanza, siempre una quimera
que aleteaba espumosa entre mis manos.
Pero siempre la música.
Cuando ardía el corazón o cuando era
ciego el rumor del abandono y rondaba
la traición por todos los rincones.
Siempre la música, como la voz de Dios,
que sólo a veces llega.

CUERPO AUSENTE

SI no tengo tu espalda para abrazarme a ella,
la noche se hace larga y el sueño se resiste.
Si no pueden mis labios recorrer tu cintura
y mis manos no encuentran la pasión de tu pecho,
se hace la soledad un océano de miedo
y mi lecho un oscuro lugar inhabitable.
Si no puedo horadar tu cuerpo hasta encontrar
el centro de tu alma, la paz de tu sonrisa
y el eterno secreto de la vida que arde
más allá de la duda y de la incertidumbre,
no quiero el despertar, ni el descanso del sueño.
Si no puedo besar tu boca hasta cansarme,
ni navegar tu cuerpo hasta el agotamiento,
la nada se aparece envuelta entre mis sabanas
y se mete en mis dedos como un clavo de niebla.
Si no siento en mi pecho el ritmo pausado de tu respiración
y el pulso de tu sangre que se exalta,
se apoderan de mí la oscuridad y el llanto,
porque el mundo es un hueco en el que estoy perdido
y tú el ángel salvador que me alarga su mano
para poder volar más allá de la muerte.

EL RÍO DE MI NOMBRE

“un río es agua, lágrimas: mas no sé quién las llora”
Dámaso Alonso
I

HA llegado la hora de hablar
del río que llevará mi nombre,
del cuerpo que ha llevado mi nombre
y ya sólo es un río que desembocará
en la muerte. ¿Cómo será ese río
que será lo que quede de mi,
cuando la muerte haya terminado
su obra destructora? ¿Cómo ha sido
ese río que ha tenido mi nombre,
que se llamó José y es ya tan sólo
un hombre solitario que espera
resignado que llegue al fin
el momento de irse?
No preguntes,
José, lo que sabes que nadie puede
contestarte. Sigue el curso del río,
espera, es ya sólo el tramo postrero
en el que te estás adentrando.

II

VEO a ese anciano solitario que me mira
desde la niebla confusa del futuro.
Me mira y tristemente sonríe,
mientras saborea tal vez la última copa,
de una vida que fue sin duda amarga,
como un licor de acíbar y vinagre
que tuvo que beber con cotidiano estoicismo,
momentos de desesperación y algún conato
de locura para intentar salvarse
de la desesperación y la amargura.
¿Qué mira ahora? ¿Qué espera?
Quiso que su vida fuera como un lago
tranquilo y silencioso, no como un río
de procelosas aguas, profundas cataratas
y abisales afluentes de tristeza.
Deseó que fuera la música del amor
su única compañía. Pero le abandonó
con prematura crueldad e indiferencia.

III

SE quedó solo, sordo. Ya no quería música,
ni siquiera la armonía de los desiertos.
Más ahora piensa, ese viejo solitario,
que sin embargo sonríe con la ironía
que le da la despedida cercana:
“¿Y si vuelve la música que encontrará
en mi corazón? ¿Sólo miseria, podredumbre,
la soledad opaca de los años,
el rechinar de dientes frente al fatal destino?”
Sabe que el río que ha llevado su nombre
llega a la desembocadura, y que ha sido tristeza.

La tristeza es como otro cuerpo, como otro río
acaso, que nos crece alrededor del cuerpo,
en las mismas aguas de ese río que nos lleva.
La tristeza comienza, cuando comienza el mundo,
cuando nace ese río que se ha llamado José
y que ahora contempla como se adentra el cauce
en esa mar inmensa, que también es tristeza.
Es como una condena que nos alejó por siempre
del paraíso prometido. La tristeza es como un eco,
que se repite constante y fatalmente,
como un sendero lento que crece día a día,
más hondo y más profundo. La tristeza
es un camino largo que conduce a la nada.

Como ese río que se llamó José y ya se adentra
en el mar, que le espera para dejar que exista.

NO SÉ SI SERÁ UN SUEÑO

ACUDE, siempre acude, cuando menos lo esperas.
Imaginas que has muerto y sin embargo el que se levanta
cada día en tu propio lecho, después de los insomnios
y de las pesadillas, eres tú mismo, que por alguna razón
que no entiendes sigues vivo, como en una película
de la Coixet, mi vida sin mí, o la vida secreta
de las palabras, que son ahora lo único que tienes.
Siempre acude ese vano fantasma que atiende
por tu nombre y se comporta con cierta naturalidad
e independencia. Otros dirían cordura. Tú sabes, sólo tú,
que es mentira esa vida que finge el personaje,
que va y que viene y que a veces no coge el teléfono
a los amigos, si es que alguno llama, para que crean
que ha muerto. La verdad sólo lo sabes tú, pero el otro,
que no eres tú, pero puede parecerlo, tiene vida propia,
a veces se comporta como tú antes de morir,
y puede ser hasta brillante en una conversación
banal o acaso en una cena de compromiso.
Tú lo conoces porque eres tú mismo
cuando aún estabas vivo y paseabas por la ciudad,
tomabas el metro, acudías a las salas de cine,
escribías en fotologs y comentabas, siempre con acidez,
tu vida y la vida del mundo de los otros. Ahora ellos
creen que aún sigues vivo, pero tú sabes
la verdad: hace ya mucho tiempo
que te has muerto, a pesar que todavía
alguien con tu mismo cuerpo sigue habitando
tu casa, apenas se alimenta y espera, siempre espera
que la dignidad le impida morir de viejo,
sin memoria, como un juguete roto e inservible
que el tiempo pisotea y abandona.

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