Para hablar de Laura Massolo

Por:  Lourdes Fontes*

A Amado del Pino por su invaluable legado.

Para hablar de Laura Massolo, lo primero que hay que decir es que estamos ante una poderosa narradora, que derrocha encanto, precisión y legítima elegancia a lo largo de su obra. Una autora de espléndida prosa. Fiel a la tradición sintética del cuento como género, podría inscribirse en una historia que tiene en lengua castellana grandes momentos a través de la obra de Onetti, Cortázar o el español –menos citado que lo que merece en los últimos años- Juan Benet.

Desde el cuento que da título al libro –y que recibiera el consagratorio premio Juan Rulfo-, se aprecia el peculiar olfato y el talento de Laura Massolo para manejar los sentimientos y las circunstancias de una forma a la vez expresiva y contenida. La prosa es límpida, no “regala” adjetivos. En el uso de los verbos la narradora muestra sutileza, puntería conceptual y estilística. Por citar un ejemplo cuando habla de manoseo burocrático. En otros momentos hay una valoración peculiarmente sabia de los objetos. En La otra piedad –de asunto tan sensible y doloroso- hay un momento en que acude a la repetición voluntaria para ofrecernos un ritmo y unas emociones de primer nivel.  Veamos: “No entramos la silla. Es peligroso porque hay gente que se descompone y se puede golpear con los caños…” y sostiene esa imagen del duro golpe como brillante imagen de la circunstancia de los seres que centran el relato. También destaca por presentar con pocas palabras –y ejerciendo un olfato especial para evadir la retórica- conceptos inusuales y reveladores: “Cambié la profesión por el misticismo, la palabra por el rito, la duda por la certidumbre, la consideración de la paradoja por el aplastamiento”.

En varios cuentos, es el caso de “Colgadas y húmedas”, la subjetividad femenina está dada de una forma a la vez visceral y desenfadada. Abunda lo que los especialistas en artes escénicas llamarían subtexto; el inteligente uso de la información que el lector debe suponer o complementar. Cuando acude –con menos frecuencia que a la narración- al diálogo, la escritora demuestra maestría para la síntesis y para invitar al silencio tanto como a las precisas palabras.  En “La escalerita” vuelve el afortunado gusto por dar protagonismo a los objetos que rodean las disyuntivas del ser humano. Este cuento es paradigmático también en cuanto a la gracia de la autora para entrar y salir a tiempo de temas tan universales pero también tan abordados como la sexualidad o los secretos que protegen la frágil  intimidad.

Hay cuentos como “Perro de papel” donde el don de la narradora para la adjetivación alcanza niveles que van más allá de la eficacia. Su pulso se adentra en una suerte de transparencia que representa uno de los méritos literarios más relevantes de este  sustancioso libro. “Era flaca y limpia”, a través de palabras sencillas nos habla de un personaje, a la vez que nos propone la visualización y un paso certero hacia la caracterización. En un cuento breve como, “Altacisne”, la alternancia del diálogo y la descripción completan una joya narrativa, donde la síntesis reina e ilumina. “El colectivo de mi vida” sobresale por la creación del ambiente, la singularidad en la presentación de los personajes y por el virtuosismo con que la autora nos incorpora a un viaje por dentro y por fuera de la ciudad. A su vez nos plantea una indagación emotiva de alto valor artístico.

Otro alarde de equilibrio estructural, discursivo y hasta sensorial está en la forma en que la escritora pone a convivir en muchos de los cuentos lo erótico con lo sentimental; el hambre de compañía con las persistentes trampas que nos plantea en ocasiones la soledad y el desencuentro. El uso de párrafos de diversa extensión  (en algún momento hasta de una frase suelta que marca una pauta de ritmo y de sentido) va más allá de una ratificación de destreza literaria.  Es esto de los libros que se agradecen especialmente por la sinceridad de las ideas y sentimientos en juego y, en similar y casi inseparable medida, por la gracia, la eficacia, la magia en su poderosa plasmación.

La otra piedad es una antología de cuentos de alta calidad narrativa, atractivas temáticas y una potente visión de la subjetividad femenina, las diversas opciones de la vida familiar y otros temas de palpitante atractivo. Huso ha pensado, al publicar La otra piedad, en que seguro este libro puede acrecentar el interés del lector español por el cuento, un género literario fascinante para su lectura, sobre todo cuando es sumido con una mezcla tan afortunada de rigor y hechizo. La otra piedad será una lectura inolvidable, enriquecedora, semilla de reflexiones para los que hemos vivido diversas, palpitantes, a ratos angustiosas y otras tiernas circunstancias íntimas. Para los más jóvenes aportará sana inquietud, pistas de dolor o piedad que les harán mejores seres humanos.

Laura Massolo nació en Buenos Aires. Ha publicado cinco libros de poemas, tres de cuentos, dos novelas y el libro práctico Armar un cuento y ha sido publicada en España, Brasil, México, Perú, Estados Unidos, Francia y Austria. Su cuento La otra piedad obtuvo el Premio Radio Francia Internacional en el Concurso Internacional de Cuentos “Juan Rulfo”. El libro del mismo título fue distinguido con el Primer Premio de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires. Ha obtenido numerosos reconocimientos y premios en diversos concursos en España entre ellos, el Miguel Unamuno en España.

En Perú Laura Massolo obtuvo el Premio Internacional “Copé de Bronce”. Ha recibido también varios premios en Poesía. En Novela, fue finalista en los premios “Cristóbal Zaragoza”, “Qué leer Volkswagen” (España), “Aurora Venturini” (Argentina) y Primer Premio en el Municipio de Lomas de Zamora. Su última novela, Buscolafelicidad.com ha sido publicada por la Editorial Del Nuevo Extremo por resultar finalista en el premio de Novela Negra Extremo Negro (Argentina). Actualmente, dirige la editorial Zona Borde y continúa dictando cursos y talleres sobre Narrativa en Argentina y en el exterior.

*Lourdes Fontes, escritora, periodista

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