Miguel Ángel Zapata

Miguel-Ángel Zapata, poeta y ensayista peruano, ha publicado recientemente dos antologías de su poesía: La nota 13 (Bogotá: Los Torreones, 2015), y Hoy día es otro mundo (Granada: Valparaíso, 2015), y la traducción de su poesía selecta al italiano: “Uno escribe poesia camminando” (Antologia personale 1997-2015), trad. de Emilio Coco (Roma, Ladolfi Editore, 2016).  También destacan los poemarios: La ventana y once poemas (México: Cuadrivio, 2014), La lluvia siempre sube (Buenos Aires: Melón Editores, 2012), Fragmentos de una manzana y otros poemas (Sevilla: Sibila- Fundación BBVA, 2011), Ensayo sobre la rosa. Poesía selecta 1983-2008 (Lima: Universidad San Martin de Porres, 2010), Los canales de piedra. Antología mínima (Valencia, Venezuela: Universidad de Carabobo, 2008), Un pino me habla de la lluvia (Lima: El Nocedal, 2007), Iguana (Lima: FCE, 2005), Los muslos sobre la grama (Buenos Aires: Bohemia, 2005), El cielo que me escribe (Mexico: El Tucán de Virginia, 2002), Escribir bajo el polvo (Lima: El Santo Oficio, 2000), Lumbre de la letra (Lima: El Santo Oficio, 1997), Poemas para violín y orquesta (Mexico: Premia, 1991), Imágenes los juegos (Lima: INC, 1987), entre otros. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso. En su obra crítica y ensayística destacan: Vuela un cuervo sobre la luna. Muestra de poesía española contemporánea: 1959-1980 (Nueva York: Hostos 2014), La voz deudora. Conversaciones sobre poesía hispanoamericana (Con Ilán Stavans) (Lima- México: Fondo de Cultura Económica, 2013), Vapor trasatlántico. Estudios sobre poesía hispánica y norteamericana (Lima-México: FCE-Universidad de San Marcos, 2008), Asir la forma que se va. La poesía de Carlos German Belli (Lima: Universidad de San Marcos, 2006), El hacedor y las palabras. Diálogos con la poesía de América Latina (Lima- México: FCE, 2005), Nueva poesía latinoamericana (México: UNAM, 1999), Metáfora de la experiencia. La poesía de Antonio Cisneros (Lima: PUCP, 1998), entre otros. Ejerce de catedrático de literatura latinoamericana en Hofstra University, New York.

Poemas

El patio de Franklin Square
I)

Apoyado en lo invisible el dolor es un chorro de agua fresca en tu corazón. El vacío derrotado y la herrumbre del vino refulgen con el agua alterada por la lluvia. Nada se ha escrito aun sobre el cielo de este patio. Todo es solo un intento de las esferas por describirlo, señales de humo para el destello de la oración. Hay una luz natural en su sosiego, destino que se vuelve elevación. El cielo rojo dialoga con la sombra de los pájaros. Después de llover la luna llena es un crucigrama de sorpresas.

  1. II)

Vivimos en un patio con cinco pinos, un rosal púrpura, sombrilla parda, setenta pájaros, cinco palomas, un gavilán y el conejo de la fuente. En este patio las palabras se hacen agua y los labios remendados balbucean. El patio es el paraíso de mi bicicleta. Aquí la estaciono y puedo sentir sus ruedas volar entre los pinos. Cada mañana desayunamos bajo un toldo pardo y una mesa de acero con sillas de verano. El café con crema y el pan caliente con mantequilla, la felicidad. Aquí renace el espejo anudado, el color del cielo al revés.

Los canales de piedra

Vine a Venecia a ver a Marco Polo pero su casa estaba cerrada. El segundo piso lo vi desde una góndola y le tomé una foto a los geranios de su balcón. El agua del canal es de un verde raro, tal vez sea una combinación del tiempo, los vientos, y la tenue luz de sus callejones de piedra. Vivaldi aquella noche estaba dando sus clases a las niñas del coro. Corelli fue su invitado de honor. Después de uno de sus conciertos del cura rojo nos fuimos a la plaza San Marcos a beber vino en El Florián. Marco me decía que no permaneciera por mucho tiempo en ninguna parte del mundo.

El mundo es como la plaza de San Marcos, murmuraba, hay que cruzarla miles de veces para que puedas ver las verdaderas aguas del tiempo. Al otro lado de la plaza está la vida escondida con el vino derramado por la muerte. Venecia es nuestra solo por esta noche: después hay que abandonarla como a las mujeres de Rialto. Siempre hay algo extraño y hermoso en los geranios púrpuras del Mundo.

Yo solo escribo lo que veo, por eso camino. Sigamos hacia la cumbre para ver los canales desde el cielo de la noche. Después pasemos a la Basílica a poner unas velas a mi madre: ella está viva, tiene la memoria de los ríos. A veces imagino ciudades, como tú, una ciudad dentro de otra, una plaza es mejor que todos los rascacielos del mundo. San Marcos es mi plaza, mi vida, o sea como las alas de las palomas.

Esta noche no daré clases a las niñas del coro en el Hospicio de la Piedad dijo el cura rojo. Entonces, Marco, veloz como de costumbre nos dijo: naveguemos mejor por los cuatro ríos sagrados esta noche. Busquemos el pecado, pidamos perdón a los cielos por no habernos bebido todo el vino y amado a todas las mujeres de Venecia.

Venecia, 17 de julio, 2007

 

Bryant Park

Mi nuevo canto patina sobre un sol que busca su hueco entre el viento blanco.
Camino radiante por el parque soleado lleno de tiendas tomándome un té negro
para no desfallecer de frío.
Rascacielos izan su corazón impuro a las alturas.
Nazco por la corriente que canta alegre la ciudad: las muchachas a coro endulzan
el aire con sus botas largas y sus hermosas cabelleras tiritando bajo cero.
Camino radiante con la poesía del brazo por el Parque Bryant repitiendo la
composición azul-gris para comparar sus efectos: agua y flores han inundado el
parque, como la música glacial se inicia la primera variación del invierno.

 

Mi corazón devastado

Mi corazón es el país más devastado, decía Ungaretti. Por eso, más que el dolor físico del otro o del Mundo, el corazón es el que mira nuestras heridas y arrastra al dolor hasta la cima propicia de la esperanza. Voy a hablar de la esperanza ante una fila de muertos bailando una canción de cuna. Miro la palabra que se clava con la luz en la ventana soleada: la palpo con la sombra en el umbral que no se dice. Nadie reconoce los ángeles de los pobres, el paraíso de su alegre vestidura. Palpo la poesía en una ventana cerrada, en la hermosa espalda de mi doncella mordiéndose los labios entre canto de pájaros, y bajo el raudo oscilar de sus cabellos escribo el sabor del caribe en sus pezones.

 

LOS MUSLOS SOBRE LA GRAMA

Escribo por la muchacha que vi correr esta mañana por el cementerio, la que trotaba ágilmente sobre los muertos. Ella corría y su cuerpo era una pluma de ave que se mecía contra la muerte. Entonces dije que en este reino el deporte no era bueno solo para la alegría del corazón sino también para el orgasmo de la vista. Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por qué ser tristes, el galope acompasado de la chica daba otra perspectiva al paisaje: el sol adquiría un tono rojizo, su luz tenue se clavaba dando vida a la piel, los mausoleos brillaban con su cabellera de oro, y volví a pensar que la muerte no era un tema de lágrimas sino más bien de gozo cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre la grama.

 

Breve homenaje a Marina Tsvietáieva

Busco la noche de
San Petersburgo
en este ovillo que
se desata sin parar,
en estas flores que
de repente vivas en
su séptima noche
cierran sus ojos
a la mañana.
La busco en la
noche
cuando mis
amigos
temerosos se
alejan
por la penumbra,
y ella con su música
se queda conmigo
y canta como la
primera lluvia sobre la tierra.

 

Amor de paso

Penetrarte como al agua la penetran los delfines sin herirla sin dejar evidencia que no he naufragado por buscarte por perseguirte entre los bares y las luces de la ciudad para llenarte de besos aunque siempre supe que te dejaría como se deja un país o una plaza sin flores que cortar.

 

 

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