Duelo en el Paraíso

 El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta “el modo imperativo”.

Jorge Luis Borges.

Escritor argentino.

Son tres verbos que no lo necesitan, porque son para nuestro goce, para nuestro placer.

DUELO EN EL PARAISO; (Juan Goytisolo)

—Los cadáveres de los soldados muertos durante el combate de la mañana estaban extendidos al borde de la cuneta, entre los desperdicios nauseabundos arrojados por los vecinos y los cascotes de yeso de una cercana fábrica de aislantes.

—Pablo amplió su relato de los primeros meses de la guerra, cuando con sus pequeños camaradas arrancaba los botones y los gemelos a personas recién fusiladas.

La novela de nuestro recién fallecido escritor es un tesoro que no puedes dejar de leer. La trama del libro es la guerra civil, una guerra que como en todas, las peores consecuencias, las sufre el pueblo indefenso y entre ellos los más débiles: los niños. Los niños perdieron su infancia, para muchos: las balas, las granadas, los fusiles, los muertos… se convirtieron en sus juguetes y sus juegos. Miles de ellos quedaron huérfanos. ¿Cuál fue el destino de los niños huérfanos?

En los más débiles: las mujeres y los niños, basa Goytisolo la trama de su novela.

Como consecuencia de las batallas, una inmensa hambruna se apodera del país. Millones de personas con cuerpos descarnados y una salud enfermiza pueblan España. Campos vacíos y yermos; miles, millones de muertos y fusilados. Una guerra que no termina con paz sino con represalias, ya que al terminar la guerra continuaron las condenas. Muchos fueron condenados no por lo que hicieron, sino por como pensaban.

Como muy bien decía Cervantes: en la guerra nadie vence todos somos vencidos, y sabiendo esto tendremos la victoria.

En el libro de Goytisolo las palabras fluyen brillantemente, con la suavidad del mar en calma. Sus descripciones son magistrales, para perderse en un tesoro de sutiles palabras. Con esta riqueza de vocabulario, entras en la novela y te sientes uno más de los personajes.

Juan Goytisolo utiliza las técnicas narrativas de una forma soberbia. Así, empieza el libro: ¡In extremis!, o sea por el final, algo a lo que muy pocos escritores se atreven. Después va contando la historia con una serie de digresiones constantes, brillantemente enlazadas, que mantienen al lector alerta. A veces, una escena concreta que considera importante, la relata desde el punto de vista de varios personajes, otra técnica que utiliza de una forma deslumbrante.

 

Mª Loreto Sutil Jiménez

 

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