NOCHES SIN ELLA

NOCHES SIN ELLA

Juan Pachón García poeta de vocación, consiguió con su primer libro “Rimas al viento”, que fuese elegido por la Universidad a de formación neoyorquina de Columbia como uno de los textos a utilizar para enseñar lengua y literatura española. Se puede decir que ha sido profeta en su tierra, cuando se le ha dedicado una calle en su barrio (Parque Alcosa) de Sevilla.

En esta nueva obra se refleja el mundo interior de su autor, sumergido, libre de reglas, difícil de alcanzar, atrevido y serio a la vez, con ganas de sorprender al lector. Se manifiesta la simplicidad del lenguaje usado en la misma, al mismo tiempo que una combinación de una innovadora  obra destila ese cierto “aire de familia” que se siente ante la mujer amada, el paisaje conocido y la maravilla de ver la desesperanza trocada en ilusión.

CABALLO VOLADOR.

Era tan joven y tan niño que en sus pensamientos rebosaba fantasía y sueños de todo tipo; Soñaba y soñaba, y entre ellos había tal riqueza que toda una vida sería un soplo para contarlas.

Así una vez, al despuntar la mañana, entre dos luces y cubierto su cuerpo por el fresco rocío, le vi caminar por un camino polvoriento mientras las hojas de los girasoles rasgando la joven piel de sus pequeños brazos le pregunté:-Mario, ¿A dónde caminas tan temprano, entre la noche y el alba?

-¡Ja, ja, ja!, camino hacia aquél monte, porque en su cima me esperan las alas del mundo.

– ¿Las alas del mundo?, ¡Uf!, claro lo llevas, chaval, el mundo no vuela, navega en el espacio infinito.

-Tonto eres si piensas que el mundo vuela; Son las alas de mi caballo las que consiguen hacerle volar, y yo sobre él para conocer mundos y galaxias que hasta ahora nadie ha conocido.

-¿Nadie?

-¡Sí!, ¡nadie!, Sólo los privilegiados como yo podemos conocer ese mundo que está fuera del alcance de vosotros, ¡sí, de vosotros que perdisteis la ilusión y dejasteis de soñar apenas rozasteis la pubertad!

-Bueno, Mario, bueno, pues si no te importa, me puedes contar alguna aventura de las tantas vividas mientras cabalgabas sobre tu caballo volador?, ¿quieres?

-Claro que si tío Juan, claro que sí ahora serás el primero en conocerla:

“Hace muchos, muchos años en un pueblo desconocido y lejano, habitaba una familia desdichada, y te digo desdichada porque llevaba veinte años sin poder salir de su casa ya que a la puerta les acechaba un gigantesco planeta que si salían, les llevaría con él y a sí navegarían por el cosmos, sin que jamás volvieran a ver a sus vecinos y amigos.

Entonces, yo me enteré y subí a la cumbre del monte donde mi caballo siempre disfruta del sabor de las hierbas más verdes frescas; Y cabalgué surcando los espacios siderales, hasta llegar a aquel pueblo lejano donde el gigantesco planeta aterrorizaba a la familia.

Lo combatí con el aire que impulsaban las alas de mi caballo, y poco a poco lo fui alejando hasta convertirlo en un lucero, ese que tú ves ahora brillar a lo lejos apenas raya el alba.

Desde entonces mi caballo volador y yo somos amigos de toda la gente de aquél pueblo, y cuando volamos de noche, la luz del planeta convertido en lucero, nos ilumina por esos caminos que marcan las estrellas.”.

 

Juan Pachón.

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