MANUEL SALINAS

MANUEL SALINAS (Granada). Licenciado en Filología. Doctor en Filología Románica. Ha trabajo como Catedrático de Lengua y Literatura españolas, publicando los libros de poemas: “Edelvira”, (1975), “Los espejos fingidos” (1985), “Esplendor de la tristeza“ (1984), Zulo de noviembre” (1988), “El mar en los hangares” (2004). “Viviré del aire” 2013 y 2014. La colección “Genil” de la Diputación de Granada, recoge una selección de estos libros con el título. “Música hilada” (2017). Recientemente ha publicado el libro: “Y portuguesa el alma”, (2016).

Su obra se ha recogido en antologías y revistas de reconocido prestigio nacional, e internacional y ha participado en jornadas literarias y lecturas poéticas organizadas por el Instituto Cervantes (España), el Ministerio de Educación y Cultura (España) y el Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía.

Ha sido colaborador de Radio Nacional de España y director de la colección de poesía “Solarium” (Papeles de poesía), la revista “Tanit” (Materiales para la Cultura). Actualmente dirige la colección de poesía, “Puerta del Mar”, de la Diputación de Málaga, ciudad donde reside desde 1978.

 LOS TÁRTAROS

Somos nosotros. Nos arrastra la vida:
lo extraordinario: todo. Despojos de la avaricia del cielo,
traemos el aroma de la caza y el sueño de un lobo
clandestino y suicida que impone la alegría
y el milagro. El lirio helado de los soldados tártaros
nos cruza el pecho. Qué puedo hacer, dioses de cal negra
en medio de las llamas. Ninguna herida dura. Y no consigo
convencerme. Son nuestras botas terribles
antorchados potros que en las bodegas anuncian
la verdad y la belleza de un alba donde se confabula
otra vez la palabra, los vestidos manchados y la hierba.
Aún queman los tambores. Somos nosotros,
los que trajimos la noche, la revelación y la víspera.
Tigres que heridos regresan para asaltar los cielos.

(del libro: Y portuguesa el alma)

 

PIEDRA VIVA

Para Antonio Carvajal.

Es la inocencia la única verdad, asombro
que da sentido al mundo, milagro
del dolor que rinde su fruto azul, guirnalda
donde el aire florece. Y la rosa,
siempre rosa, y la hormiga, hormiga siempre.

Es entrega la inocencia, tapia del paraíso,
agua desgajada de la más alta luz; la belleza
duele en pleno gozo, en pleno
canto, sin pauta, aguda y grave
herida, siempre herida, rosa, rosa siempre.

Es lugar sagrado la inocencia, audaz ruiseñor
que, entre dragones amarillos, apaga el miedo,
libre de perderse, de ser hallado, libre; cielo,
hondo cielo, cielo siempre. La belleza
es verdad sólo si duele.

( del libro: Y portuguesa el alma)

 

LA CEGUERÍA

Para Natalia Cillero Morón y José Antonio González Núñez.

Vendrá la muerte. Pero, por qué tus ojos.
Por qué: rosas, pájaros, ríos, magnolios;
por qué este entretanto, por qué
la nada y no el fulgor. Qué pereza.

Vendrá la noche con un azor en el puño.
Estaba ahí, para ordenarlo todo. Y ahora no sé
si inventé la hermosura o atendí
el daño. Y no hay manera.

Vendrá la sombra o el polvo o el miedo
a olvidar en el aire
el dibujo menudo de cada cosa. Vendrá
la muerte. Debo irme. La oigo en sueños.

Vendrá la noche o la luz
a repasar la evidencia de ese instante
más bello que el ocaso. Vendrá
la vida. Y tendrá tus ojos.
Desde el alba a lo oscuro, vendrá la vida.

(del libro: Y portuguesa el alma )

 

i
Del amor vengo.
Vengo de allí,

sin otra cosa
que este venir

con el que me llamas,
Abril.

ii
Limones de almíbar
a oscuras cogí;

si eres la ausencia,
¿qué quieres de mí?

iii
Y yo bien me sabía
la que el amor velaba,

dormida la lleva el río,
alegre la mece el agua.

(del libro: Canciones )

INACABABLE ALABANZA

Comienza siempre de nuevo la nunca del todo alcanzada alabanza
Rainer Maria Rilke

Todo lo mío, contigo va: no cansa
la vida, ni el pudor de la arcilla, ni el voraz
estremecimiento de la primavera,
dónde el entusiasmo, dónde los ojos,
en qué noche la noche, en qué paloma
el cielo. Qué no es hueso, reseca tierra
que busca piedad con la mirada, luz
de un ruiseñor perdido, estremecida
mano atravesada que todo lo milagrea
y trae su noticia sobre el rumor del agua,
dichosamente viva. Qué no es beso,
luz tallada donde celebra el amor
sus secretos y guarda un jazmín
alegre su alegría. Vive el amor su sed
de tierra, en sus manos la bebe,
a su boca la acerca. Qué no es
desafiante barro, pudor, respuesta,
cielo con vistas al cielo.
Qué no es milagro. Si la plenitud
de la uva, si el arroyo, si la piedra
es luz, pan, leche, azúcar para tener
sed, alba para oler con las manos: tierra.
Tierra del Guadiana, del Guadalquivir,
del Ebro. Luz que da de beber. Candil,
tinaja, tiesto. Qué belvedere para atizar
el camino, qué huerta para recoger
fuego, qué madrugada por la ramas
dormida, en tanto el delirio abre su mano,
tiene el alma cuerpo, lumbre, silbo, lilas
para los ojos presos. Dónde el avecilla.
Dónde el sueño. Si la fuente, si el agua.
Dónde el tiempo.

(del libro: Inacabable alabanza)

 

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