Tres anuncios en las afueras: La redención siempre es posible



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Tres anuncios en las afueras: La redención siempre es posible

Por Salomé Guadalupe Ingelmo

Una mujer coriácea, Mildred Hayes, desafía a todo el pueblo donde vive al poner en duda públicamente la eficiencia del jefe de la policía local, incapaz de encontrar al asesino de su hija. Harta de esperar respuestas y convencida de que su decisión empujará a las fuerzas del orden a trabajar con redoblado ahínco para resolver el caso, a pesar de su precaria situación económica, alquila tres anuncios de carretera a la entrada de la localidad, en el punto exacto donde el cadáver de la muchacha fue encontrado, para denunciar permanentemente ante sus vecinos la presunta pasividad policial.

La pequeña población de Missouri, tranquila en apariencia pero recorrida por soterradas rencillas y pasiones de todo signo ‒incluso de las más bajas y censurables‒, en ese callado pulso entre ambos rivales ‒que no enemigos‒, tomará partido inmediatamente por el representante de la ley, hombre respetado, querido y ahora además compadecido, pues es del dominio público que un cáncer pancreático en breve habrá de alejarle definitivamente de su esposa y sus dos hijas pequeñas. La testarudez de Mildred, que se niega a retirar los anuncios incluso tras el suicido del desahuciado ‒del que los más maledicentes y oportunistas, entre los cuales los periodistas, la culpan‒, le granjeará la antipatía e incluso el odio de su comunidad, que en ese incidente encuentra la válvula de escape, la excusa perfecta para dar rienda suelta a la rabia contenida y a la sed de venganza por las frustraciones, los fracasos y demás sinsabores individuales.

Una cosa nos deja claro la película: hay que aprender a hacer las paces con los propios demonios, a desprendernos de la rabia que nos nubla el entendimiento. Porque, en efecto, el odio y la venganza crecen exponencialmente y solo engendran más venganza y odio, desencadenando al final procesos de funestas e impredecibles consecuencias.

Hay, también, que aprender a afrontar con valentía los propios temores, responsabilidades o culpas. Pues de lo contrario cada uno acabará siendo víctima de los fantasmas que le persiguen. Un buen ejemplo lo ofrece el jefe de policía que, antes de quitarse la vida, como una forma de particular penitencia por no haber podido resolver el caso, paga otro mes de alquiler para las vallas publicitarias que le difaman. Aunque la lección más dura la recibirá el policía violento, homófobo y racista, que acabará expulsado del cuerpo por un superior negro y, durante su convalecencia, recibiendo los cuidados del mismo homosexual al que ha mandado al hospital de una paliza. Y es que la vida, a veces, nos ofrece la oportunidad de sanar de nuestra intolerancia y nuestros prejuicios, las peores de las enfermedades.

Debemos aprender a ponernos en las circunstancias de los demás, si es que de verdad queremos llegar a comprenderlos. Paso necesario, por otro lado, para lograr la sana convivencia.

“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo”, afirmaba el poeta John Donne ya en el siglo XVII. Por eso las historias de todos los personajes que pueblan Tres anuncios en las afueras, todas duras, dolorosas, de las que dejan marcas tan profundas como las quemaduras con las que el policía violento expiará sus culpas, se entrelazan.

Estos hombres y mujeres comienzan a comprenderse realmente los unos a los otros, a mostrar tolerancia y empatía, precisamente cuando se vuelven compañeros en el dolor, cada uno en el suyo, el que ha alimentado sus rabias: la pérdida del padre que le obliga a vivir con una madre castradora en el caso del policía violento; el maltrato por parte del exmarido y el sentimiento de culpa por la pérdida de su hija, a la que no ha sabido proteger, en el caso de Mildred… El sufrimiento a veces, si se le sabe sacar algún partido, se convierte en una buena escuela.

Por eso, porque somos una comunidad y lo que daña a uno nos daña todos, la dura Mildred finalmente entenderá que ha de aprender a mostrar ternura y piedad no sólo hacia los animales ‒como el escarabajo al que ayuda a darse la vuelta o la cierva con la que conversa‒, sino también hacia sus congéneres. Y es de tal hondura la revelación recibida en los últimos días que incluso le exige sin rastro de ironía a su exmarido, violento maltratador, que cuide bien a su novia de diecinueve años, hacia la que siempre ha mostrado abierta hostilidad.

Porque el odio sólo engendra odio. Y el amor, amor.

Cuando se alimenta un odio visceral y uno se convierte en marioneta del impulso violento, se cometen desmanes de los que normalmente nos arrepentiremos demasiado tarde. Es el exmarido de Mildred el que, harto de la situación y borracho, prende fuego a los anuncios de carretera; pero ella, guiada por su resentimiento, culpa a la policía e incendia la comisaría, hiriendo gravemente a un inocente.

Solo el amor concede la estabilidad necesaria para razonar con claridad, como sostiene el jefe de policía en una lúcida reflexión que deja por escrito a modo de valioso testamento antes de quitarse la vida.

Al final los personajes heridos, marcados por la tragedia, no se guardarán rencor. En el fondo, el daño que los unos se han infligido a los otros les ha ayudado a crecer, a comprender sus errores.

Los protagonistas jamás encontrarán lo que buscan, nunca darán con el responsable del crimen; sin embargo, en el intento, aprenderán una importante lección que cambiará sustancialmente la existencia de cada uno de ellos.

Por eso, aunque costaría muy poco buscar la satisfacción en la venganza ciega, indiscriminada, sin escrúpulos, en el desenlace ambos, madre frustrada y policía impotente, libres ya de la irracional rabia, capaces finalmente de pensar con claridad, deciden rechazar ese modo de vida. Ni lo necesitan ni ya les basta.

Digna de mención es la interpretación más que austera, áspera de Frances McDormand, que le ha valido un muy merecido Óscar a la actriz. Excelentes también los trabajos de Woody Harrelson y Sam Rockwell, nominados ambos a mejor actor de reparto, un premio que al final ha conseguido Rockwell.

            Aderezada con una sugerente música country ‒a cargo de Carter Burwell, también nominado al premio de la Academia‒ que realza los bellísimos paisajes en los que la melancólica bruma convive con el verdor de la densa floresta, Tres anuncios en las afueras, con sus personajes llenos de púas y aristas, se revela una película muy emotiva. Sinceramente emotiva; alejada años luz de la vulgar sensiblería. La fascinante y compleja humanidad que la cinta derrocha hace totalmente innecesario cualquier truco de salón para capturar la atención del espectador. A pesar de que la trama gira entrono a un asesinato ‒aunque más bien éste se convierte en excusa para abordar el verdadero argumento‒, la película no se recrea en los detalles morbosos. De hecho del crimen se habla bien poco.

            Y es que, como descubrimos al final de la cinta, lo importante, afortunadamente, no es cómo comienzan las historias, sino cómo terminan. Y de cada uno de nosotros depende escribir, por difíciles que parezcan las circunstancias, el final que queremos para la nuestra.

Ficha técnica

Año: 2017

Duración: 112 min.

País: Reino Unido

Dirección: Martin McDonagh

Guión: Martin McDonagh

Música: Carter Burwell

Fotografía: Ben Davis

Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Lawrence Turner, Amanda Warren, Michael Aaron Milligan, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek, Alejandro Barrios, Jason Redford, Darrell Britt-Gibson, Selah Atwood

Productora: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Blueprint Pictures. Distribuida por Fox Searchlight

Género: Thriller. Drama. Comedia | Comedia negra. Racismo. Abusos sexuales

Premios

    2017: Premios Oscar: 7 nominaciones incl. mejor película y actriz (McDormand)

    2017: Festival de Venecia: Mejor guión (Martin McDonagh)

    2017: Globos de Oro: Mejor película drama, guión, actriz (McDormand) y actor rep.

    2017: Premios BAFTA: 5 premios incluyendo Mejor película. 9 nominaciones

    2017: Festival de Toronto: Mejor película (Premio del Público)

    2017: Festival de San Sebastián: Premio del Público

    2017: American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año

    2017: Premios Independent Spirit: Nom. Mejor actriz (McDormand), actor sec., guión

    2017: Asociación de Críticos de Chicago: 4 nominaciones incluyendo mejor película

    2017: Critics Choice Awards: Mejor actriz (McDormand), actor secundario y reparto

    2017: Satellite Awards: 6 nominaciones, incl. Mejor película y actriz (McDormand)

    2017: Sindicato de Productores (PGA): Nominada a Mejor película

    2017: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director

    2017: British Independent Film Awards (BIFA): Mejor montaje y música. 11 nom.

    2017: Sindicato de Actores (SAG): Mejor reparto, actriz (McDormand) y actor sec.

    2018: Premios Óscar: 7 nominaciones y 2 premios, a mejor actriz (McDormand) y mejor actor de reparto (Rockwell).

 

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