Lur Sotuela

Lur Sotuela
Existen numerosas hipótesis acerca del lugar y fecha del naci¬miento del poeta y prosista, Lur Sotuela, pero no hay ningu¬na confirmada, por lo

Lur Sotuela

que tomamos como cierto lo que destila la sustancia inefable de las leyendas. Se dice que ha recorrido el mundo a pie, que ha sido marinero en un buque mercante, y que ahora vive con su mujer y dos hijos, en un apartado y boscoso lugar de la costa atlántica. Publica sus primeros libros de versos, y su novela El descubrimiento de la soledad durante los primeros años del siglo xxi. Podemos destacar de su biblio¬grafía, los poemarios, Los cantos de Lorelei, Una isla cualquiera y Antifatum, y de su obra en prosa, el excepcional libro de re¬latos Alucinario, Cronicas de lo imposible, y el libro profundamente hibrido y misterioso, Maldita literatura.

Aquí nos deja tres poemas inéditos a veces.

I

LA CORTEZA AMARILLA

En tus primeros recuerdos
hay un patio blanco
al que golpea, inmisericorde,
la claridad cansada
de una tarde de domingo, hay también
un par de geranios y
una docena de moscas sus destinos dibujando,
y al fondo, como un vigilante oscuro,
se yergue la silueta de un almendro,
dando delicada sombra a tu infancia.

No es olvido su tacto de áspero silencio
su olor de luz, su relámpago distinto;
aún hierve en la memoria
la serena sombra en la que el niño
transitó del sueño al cobijo.

El tiempo es fuego, nuestra vida madera.
Y solamente humo todo lo que queda.

Allí, lo sabes, no queda nada que recordar.
Ya no hay patio, ni madre, ni moscas
ni siquiera un domingo; ya no hay gritos
no existen ya los silencios de aquel niño.

Solo el viejo árbol resiste a su propio olvido,
alzando la ebria potestad de lo imposible,
con sus raíces hundidas en la tierra seca,
sus almendras inútiles sobre el polvo,
y tus palabras perdidas viviendo para siempre,
en su corteza amarilla, en tu atardecer de viaje sin sentido
menos en su sombra, donde siempre vuelves a ser un niño.

II

LA ESTRELLA

Una estrella sin noche, sin destino
fulgura imposible en mi oscuridad
en esa hondura tan mía como de nadie;
hermosa y estéril, brilla sin pensar
que todo esta perdido, que todo es inútil
Abandonaste aquella luz en mi interior
como la niña que corre alegre hacía el peligro
para sortear océanos bramantes, a las efigies derrotadas
al héroe que nunca fui, y llegar
a ese lugar oscuro e inventar con la ternura
de quien da nombre a un pequeño viento,
una estrella para mí.

Y ahora, aunque te vayas,
y dejes las camas sin hacer o todo el universo
colapse su expansión,
dejando de ser nada para ser todo;
esa estrella seguirá, a pesar de tanta nada,
a pesar de tanto todo, brillando.

III

LA FLOR

Esta flor es un espejo
un lugar hermoso en el
que mirar sin vernos.

Sé que la noche duerme en sus ojos
mientras arrastro mi luz por el barro
por las lagrimas del frio, arrastro
el tiempo que me nombra,
que me rompe y me hace
e irremediablemente cuando
me acaricia
sueño las esquinas sin nombre, las puertas sin salida
de nuestro laberinto.

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