Natalia Menéndez



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Natalia Menéndez nació en Avilés (Asturias) en 1973. Es Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y ​trabaja como  profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Enseñanza Secundaria.

Hasta la fecha ha publicado cinco libros de poesía: Las Virtudes Cardinales (2007), La nostalgia del caníbal (2007), Restos de un naufragio (2008),  El síndrome Kalashnikov (2012) e Invadir Babel (2017). Es autora de un libro de inglés técnico audiovisual y co-autora de dos libros de crítica literaria sobre literatura en lengua inglesa. También ha publicado el libro Ciencias inexactas (Trabe, 2014),  una recopilación de artículos aparecidos en una columna quincenal del periódico  La Nueva España.

Ha obtenido los premios de poesía Ana de Valle 2006 ex-aequo, Nené Losada 2006 y el Premio Asturias Joven de poesía 2007.  ​

www.nataliamenendez.com

Poemas del libro Invadir Babel (Ediciones Torremozas, 2017)

WABI-SABI ] (del japonés)

(O la aceptación de la belleza de las imperfecciones y del ciclo

natural de la vida y la muerte)

 

Seguir vivo a pesar de que el tiempo

derrame su sangre,

desgaste los huesos y me obligue a ver partir

a los que más quiero.

Seguir vivo y amar las cicatrices,

las líneas de expresión

que no son más que las huellas

de cada paso necesario para ser yo mismo.

Seguir vivo y aferrado al polvo del que vengo

aun sabiendo que es el final de la autopista,

y entender que las canas reabren heridas,

que las arrugas oscurecen el espejo

y la calvicie emborrona la belleza.

Seguir vivo y viejo y a pesar de todo

no emprender la huida:

ser soldado hasta el último rescoldo de esta guerra.

FERNWEH] (del alemán)

(O el sentimiento de nostalgia por un lugar nunca antes visitado)

 

Imaginar una caricia a su contorno,

arrebatado recorrido por la areola

del moldeado planeta.

Imaginar el recorrido por las carreteras

secundarias de su cuerpo.

Imaginar y echar de menos la piel nunca conquistada,

anhelar el rastro de sal en la frontera,

la mudanza a terreno desconocido en la capital

de su anatomía. Ella: el codiciado territorio

que ya es patria en el exilio del recuerdo.

 

Alicia decapitada ]

 

Esto no es una carta de despedida, es un aullido,

un hachazo necesario, porque dicen que acumular

recuerdos es una forma inútil de avanzar, pues se gira

sobre el mismo eje y siempre se llega al mismo punto:

la herida.

Por eso, para salir del círculo hoy mato tus recuerdos,

uno a uno, desincrustando de la piel primero tus

palabras, luego tus olvidos (qué paradoja) y por último

las mil maneras de cerrar los ojos, el batir de alas, los

pájaros negros cayendo como clavos sobre nosotros.

Conversación ]

 

¿Te acuerdas de aquel día?

Las palabras ocultaban un cadáver

de belleza terrible

y nos mirábamos como si los años

no hubieran pasado por nosotros.

Mientras tú extendías tus alas

como si fueras a abarcar el mundo,

yo afirmaba que el universo

es tan solo un pájaro extraño.

Espina dorsal]

 

Si hubiera marcha atrás,

si pudiera retroceder unos metros,

desandar lo andado,

caminaría a la inversa sobre pieles y bocas,

olvidaría palabras y el tacto de otros,

pero volvería a ti aunque hubiera dos vidas.

 

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