Rafael Arjona Matas



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Rafael Arjona Matas, (Villanueva de la Concepción, Málaga, 1958). Pintor y poeta. Es autor de los libros de poesía: “El grito roto” (Editorial Corona del Sur), “Recuerdos de Osqva” (Centro Ediciones Diputación de Málaga), y del libro de poesía infantil: “De cháchara” (Editorial Brosquil, Colección Tus Versos).
Es miembro de la Asociación de Artistas Plásticos de Málaga. Como pintor ha realizado carteles y estandartes, y ha expuesto su obra pictórica en numerosas Salas y Galerías.
Colaborador en revistas de arte y literatura, participa en lecturas y recitales poéticos en diversos centros culturales.

 

NATURAL

Qué cerca o qué lejos el horizonte.
Qué apacible o qué árido es el camino…

Todo obedece al orden natural
que puede realizar unos giros
tan espectaculares en la vida
como el viento en la copa de los árboles.

El milagro de la naturaleza
actúa sabiamente en cada ser,
y tú eres el eje del universo.

Aquí nadie es más ni menos que nadie.
Tú eres parte de la armonía cósmica
tanto como las estrellas y el sol.
Y cada átomo de tu cuerpo es tan importante
como la tierra, el aire, el agua o el fuego.

En cada célula de tu sangre hay tanta vida
como en el resto de los seres de este planeta
y de todas sus plantas.

Recuerda que este mundo es muy hermoso,
y lo es tanto, porque en él estás tú.

SALUTACIÓN DEL AGUA

Vengo de lo más alto,
de lo más hondo
para saciar la sed de todos los microcosmos
que pueblan este globo azul.

Tengo en mis manos los pigmentos
con que se viste su paisaje.
Tengo en mis manos las semillas
para crear su biodiversidad.
Tengo la fuerza y la paciencia
para seguir siempre adelante.

Saludo al monte, al prado,
al árbol, al surco y al labrador,
al niño y al viajero.
Saludo a cada ser de este planeta
que llamáis Tierra.

Yo empujo la sangre y la savia
de todos sus ecosistemas.
Creo los hábitats más apropiados
para formar la diversidad de sus especies.

Yo soy la vida. Doy la vida.
Vosotros sois lo que soy.
Yo soy el agua.
Todos estáis hechos de mí.

FÉNIX

Podrán matarme, mas nunca vencerme.
No hay reposo, no hay descanso para quien ama.
Aunque me fatigue la pérdida o el fracaso
resurgiré, cual ave fénix, en el rocío
fresco de la mañana. En las alas
del jilguero que sobre el cardo canta.
En la lluvia fina y lenta de la madrugada.
Mi nombre está grabado
en la memoria de los árboles.
Inmortal soy. Jamás me rindo.
Hay tantos motivos para estar vivo…
Para qué vanas plañideras
ni vientos broncos del olvido.
Soy un cuerpo desnudo
que flota libre sobre un río
que nunca acaba.
Oíd los sonidos del agua
y sabed que está prohibido morir.

GRIS

El cielo está gris, la sierra gris, el campo gris.
Hace frío en el pueblo.
Un débil viento sopla
por las esquinas.

La chimenea desprende el olor
de la leña quemada,
y bajo unas gruesas enaguas
las ascuas y el picón
dan vida en el viejo brasero.

El aire sabe a agua.
Se ha desnudado la higuera en el huerto,
y los tordos y los zorzales
rondan por los olivos.

Generosas, las coscojas derraman sus frutos
en las herrizas.

Solitaria está la era sin el trillo.
Las horcas y los bielgos
reposan con las cribas
en el cuarto de aperos.

El arado abre los surcos como si quisiera
desenterrar los secretos del campo.

Por la cañada se oyen los sonidos del agua.

Calma, armonía, paz…

ATARDECER EN LA PLAYA

Pinceles invisibles
pintan el cielo de colores cálidos.
Las nubes se rompen como la espuma
en el roquedo,
y el horizonte se viste con pétalos
que se desangran sobre el espejo del agua.
Lenta, silente
se desnuda la tarde,
y la noche se asoma
henchida de deseo.
Cómplice, el oleaje enmudece en la orilla.
La oscuridad llega con su vestido de estrellas.
El sol yace sobre el lecho del mar.

 

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