Antonio Luis Ginés



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ANTONIO LUIS GINÉS
Iznájar, 1967.
06Antonio Luis Ginés_292x361Este poeta trabaja como gestor cultural y crítico literario y actualmente reside en Córdoba. Ha publicado los poemarios Cuando duermen los vecinos (El Viaducto, 1995), Rutas exteriores (IX Premio de Poesía Mariano Roldán; Ánfora Nova, 1999), Animales perdidos (Plurabelle, 2005), Picados suaves sobre el agua (Bartleby, 2009), Celador (Ayto. de Priego de Córdoba, 2012), Aprendiz (La Isla de Siltolá, 2013) y Materia (Colección Año XIII, 2013).

 

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RUTA SEIS

Rápido. Así va todo desde el punto
de origen.
No se detienen hombres y mujeres
a pedir cuentas, a llevarse un trozo
de luna cuando más resplandece, no vamos
a quedarnos siempre aquí; rápido,
la única palabra que acaba
con nosotros en la cuneta,
sin bagaje ni destello que nos ponga en pie.
Rápido, enseñame otra forma
de exprimir el tiempo antes que éste me venza,
cansado de ser un esparrin
sin arena en los puños.

 

FRESCO

Abre una puerta y ella está sentada con los brazos cosidos
a las rodillas. La cena fría, lo de siempre pero con más
cansancio, tanto que no hay palabras: asco, algo
parecido. El último cuadro sin colgar todavía, todavía
ella saca fuerzas para echar sus ojos sin fondo en los de
él, en silencio, en un lenguaje sin signos ni secretos. Las
manos se sueltan del cuerpo y mueren en la silla. Él no
sabe por qué un temblor le angustia por debajo de la
camisa; lo mira y repasa todo pero no ve nada excepto a
ella, sentada; cena, pinturas, olor
húmedo. Se gira y cierra la puerta
por fuera.

 

UCI

En la UCI no hay mucho movimiento,
sólo alguna queja profunda, algún lamento,
el sonido de las máquinas.
Un chico que aparenta dieciocho
se debate entre la vida y la muerte.
La cabeza rapada y pircings por su dorso
medio desnudo.
Los ojos idos, no dicen nada,
no responde, cada equis horas,
días, empieza a golpear
todo lo que se mueve alrededor.
Las pastillas, susurra un enfermero
mientras el joven médico vuelve la espalda
como no queriendo mirar.
Pronóstico reservado,
puede que jamás consiga hacer las cosas de siempre.
La tensión crece
cuando la madre viene a visitarlo.
Dice el auxiliar que se corta el aire
con el papel de fumar. La madre le habla,
con el papel de fumar. La madre le habla,

lo intenta durante los primeros
diez minutos, pero no obtiene ninguna
respuesta. Luego las lágrimas
veloces por sus mejillas,
le ahoga la voz y ya no dice nada
hasta que se va por la puerta de la UCI.
Entonces, rota y cansada de la vida repite.
Si solo tiene diecisiete años,
solo diecisiete.

 

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