JOSÉ PUERTO CUENCA



  • Añadir comentarios
  • Print
  • Agregar a favoritos

JOSÉ PUERTO CUENCA

(Lucena, Córdoba, 1960). Ha publicado dos poemarios hasta el momento, La Esencia Prometida (Lucena, 2010) y Agua por la fontanela (Priego de Córdoba, 2013) y una lista larga de poemas en revistas literarias como Saigón, La Ballesta de Papel, El Egabrense o Silva Nigra en la provincia de Córdoba, Espacio Habitado y Aldaba de Sevilla, Araceli Malacitana y Álora la Bien Cercada de Málaga y Aguamarina de Vizcaya.

            Coordinó la Antología del I Encuentro de Poetas Andaluces de Ahora en Córdoba (versión digital en issuu.com); y ha sido incluido en las antologías de los Encuentros de Poetas de Sierra Morena de Baños de la Encina, Ronda de Versos Uniletras en Ronda, La Luna en Verso de la Noche en Blanco de Granada, IV Encuentro Hispano marroquí de Poesía de Tetuán, Náufragos en Saigón y Archipiélago de naufragios de la Asociación Cultural Naufragio, las antologías del  Encuentro de Poetas de Ahora de Cádiz, I Encuentro poético “En un lugar de la Mancha”, I Encuentro “Ciudad de Cabra” y Encuentros de Poetas en Red en Calatayud, Cáceres y Priego de Córdoba, participando en su coordinación.

            Aparece también en la Antología Digital de Poetas Andaluces de Fernando Sabido y Las Afinidades electivas de Agustín Calvo Galán. Página personal:  http://puertodepoesia.blogspot.com

 

 

VERBA VIVIFICANT

… cada ser vivo, cada hoja, cada ave, solo está vivo
porque contiene la palabra secreta de la vida…”
Max a Liesel en “La ladrona de libros”

Digo las cosas cuando me acuerdo,
cuando la llave de la cordura
le da la vuelta a la cerradura
y me abre a un cosmos cordial y cierto,
cuando la cuerda del pensamiento
se afina al son de la partitura
del canto amable de las criaturas
que arma de acordes el universo.

Digo palabras cuando concuerdan
en un compás mielina y miocardio
y cuando encuentro el hilo del sabio
que hace brotar luz en la vereda…
Entonces veo como se enredan
en las esencias los nombres válidos,
como los verbos le dan el ánimo
a aquellos seres donde se hospedan.

Traigo sus soplos a mis latidos
cuando se salen del pentagrama,
cuando las voces que sé que me aman,
yerguen mi mundo y le dan sentido,
surjo del barro cuando convido
a las palabras, que se derraman
y mientras juntas se me amalgaman…
me revelan a Dios escondido.

PAN CON ESTRELLAS

Amor, hace tiempo que quiero proponerte
una dieta de aderezamiento…
Desayunaremos un té marca Buen Día
endulzado con esperanzina
y un bollo de afán integral auténtico
con un buen chorreón de afecto virgen extra.
A media mañana como tentempié
mordisquearemos con fruición
dos manzanas reinetas del árbol de la paciencia.
El almuerzo lo empezaremos con un aperitivo
de perlas verdes sin martirio, cultivadas
en el olivar sabio sin resabio de los abuelos,
ensalada de sentimiento verde y aros de centella
con cariz dulce, humor fresco y desenvidias,
alma de almendras o nueces de parsimonia…
A media tarde una taza de fe alta y rica
endulzada de meloja y melodía
y un trozo de pastel esponjado de ojos claros
espolvoreado de sonrisa cande.
Para cenar probaremos cada noche
una fruta distinta, una pulpa nueva,
una caricia absolvente y desusada,
nos haremos veganos de carne de otros seres,
la tuya y la mía, amor, ya nos alimentan
con creces el ansia animal antigua…
Y de postre, amor, de postre…
Los racimos de besos con uvas que tú quieras…
Amor… ¡Contigo pan con estrellas!

MASPAUSIA

De un tiempo a estas partes
siento que se me está retirando la regla…
noto… que me llega tardío el periódico
con toda su monstruación de malas nuevas
y me vienen cada vez más cortas las verborragias.
No me salen abundantes y con buen flujo
ni las reglas del juego, ni las de la lógica,
ni ninguna de las cuatro reglas aritméticas,
y siempre se me olvida lo que tengo que llevarme…
He perdido la regla de tres, la del interés simple,
la del compuesto… y hasta el interés por las reglas,
he perdido la regla del cateto, la de Ruffini,
la de L’Hopital y otras más refinadas
que mal aprendí y no me sirvieron para nada.

Noto que me pilla la regla cada vez más lejos
y como me da mucha pereza ir a buscarla,
mido a ojo de mal cubero y a fuer de labio,
por pies, por palmos, por abrazos,
por guiños, por pulsos y estremecimientos;
y trazo mi vida sin regla ni compás,
dibujándola a mano y frente alzada…
Al final las únicas que me están quedando
son reglas dulces e inocentes de convento fresco:
la del temple, la de san pan bendito,
la del caramelo descalzo y la piedad confitada,
la de las yemas de santa clara y el pastel de gloria.

José Puerto Cuenca

 

administrador

Acerca de 

Sin comentarios a “JOSÉ PUERTO CUENCA”

añadir un comentario.

Deja una respuesta