Marga Clark



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Marga Clark. (Madrid), escritora, poeta y artista fotógrafa, realiza su carrera universitaria y cursos especializados de cine, teatro y fotografía en Nueva York. Estudia “Psicología del Retrato” con el gran maestro, Pilippe Halsman. La poesía es esencial en toda su obra creativa. En 1993 obtiene la beca de la Academia Española en Roma. Ha impartido conferencias y talleres y participado en numerosos festivales de poesía nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones hay que destacar: Fotografía: Movimiento Estático (1985), Agua (1991). Libros de bibliófilo: De Profundis (1989), Chiaroscuro (1993) Flor de fuego (1996), Locus Naked (1996). Ensayo: Impresiones fotográficas (1991). Poesía: Del sentir invisible (1999), Auras (2001), Pálpitos (2002). El olor de tu nombre (Premio Villa de Madrid de Poesía 2008 – Francisco de Quevedo), versión bilingüe en italiano. Amnios (2009). Campo de batalla (2010). Luzernario (2012). Olvidada de mí (2014). Novela: Amarga luz (Circe: 2002- Funambulista: 2011). (www.margaclark.com)

Cada uno era el yo del otro.

Shakespeare (El fénix y la tórtola)

I

Abre los ojos
el campo de batalla arde
en las arenas del caos rugiente.
Arrastra la ira que te consume
vomita el odio que amamantaste
de los senos de la discordia.
Busca al enemigo
búscalo en la noche
él te acecha con la fría serenidad
de un moribundo resignado a su destino.
Búscalo en la noche
mírale a los ojos cuando dispares
mírate en sus ojos
mírale en ti mismo reflejado
mírale…
El enemigo es el que escudriña tu pupila
el que te observa y te piensa
el que está en ti… en él
el enemigo eres tú
y es él también
-tan cerca de ti-.
Reconócete en él, en ti
en el otro
el que te sigue en silencio
el que se inmola y ataca
el que se oculta y esconde
el otro…
el que está en ti
contigo
sin percatarse de ti
el que está hecho de tu piel
tu entraña, tu miedo
tu desesperanza.
Dispárale sin temor
dispárate…
Abre los ojos
dispara…
dispara.

II

El sueño recoge mi agotado cuerpo
mi caída a los infiernos
mi regreso.
Estoy cansado de tanto esperar.
Mi vigilia es inquieta, inacabable
la lucha incesante
los cuerpos caen malheridos por doquier
agonizan mutilados
inertes en su desamparo
y la sangre corre maldita como ríos desbordados
inundando los campos de mi desconcierto.
Estoy aquí contigo
contemplando los cadáveres
como lirios derrumbados
pero no hay tiempo
la batalla continúa
la contienda es eterna.
El infierno me espera más allá
es hondo, austero, negro.
Me espera con sus fauces abiertas
y su grito desgarrador
pero aún no te reconozco
no me reconozco
todavía siento el dolor
la náusea
la hiel de la derrota.
Estoy cansado
duermo con los ojos siempre abiertos
vigilo en mi sueño.
El enemigo se acerca sigiloso,
despierto
recojo mi lanza
y la arrojo con brío al vacío
de la incertidumbre
la ignorancia de ser yo sin reconocerme
el miedo a verme en ti
cuando me siento en mí.
Mi cobardía por no lanzarme al infierno
de lo desconocido
al misterioso vacío que grita mi nombre
que describe mi zozobra.
El temor a mirarme y no ser yo
la posibilidad de verme en mí una vez más
y no reconocerme.
El rasgo conmovedor de verme en ti
y ser yo para mí siempre.

III

Pero no todo es negro en la noche.
No todo es negro en la vigilia de mi última batalla.
La memoria de otros tiempos
irrumpe en mi penumbra
y siento tus manos en mis manos
tu pálpito en mi pecho.
Te siento húmeda en mi ardiente despertar
y te poseo delirante en la ceniza de mi sueño.
No, no todo es negro en el vacío de la noche
no todo es negro en el recuerdo.
Mañana libraremos la batalla
ahora te espero, te siento
te deseo una vez más.
Me reconcilio conmigo
contigo, con mi ser
con mi naciente esperanza.
No, no todo es negro en la vigilia del sueño.
No todo es negro.

Del poemario: Campo de batalla
Huerga y fierro editores, 2010

 

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