Miguel Angel Y La Pietas Romana



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Para entender qué es la piedad, la Pietas romana, hay que saber los orígenes míticos de este concepto: Tras ser arrasada Troya, Eneas, carga en brazos a su anciano padre, toma la mano a su hijo, recoge lo más sagrado de la familia, (los penates de sus antepasados) y huye de su ciudad en llamas.

Eneas cargando son su padre sixtinaLa imagen de Eneas huyendo con su padre en brazos, es la viva imagen de la derrota, pero también es la imagen de la más apreciada virtud romana: La Pietas, (la piedad) entendida entonces como el sentimiento de amor y fidelidad a los padres y a la patria, como el apego a las raíces y estaba fundamentada en uno de los sentimientos mas intensos del ser humano: el amor hacia los padres. Todo el milagro de la civilización romana se basó, especialmente, en esta virtud que se exigía a todo ciudadano (también a los griegos de entonces). No en vano Eneas, el símbolo de la Pietas, fue el fundador mítico de Roma.

Miguel Ángel, “el Divino”, supo que la Pietas romana, era quizás, el sentimiento más sublime y violento que puede experimentar el hombre y quiso reflejarlo en el arte. Es propio del Gran Arte, expresar de forma tangible (que puede percibirse mediante pintura, escultura, música…), lo inefable (lo que no se puede expresar con palabras).

Miguel Ángel, quiso representar la Pietas de diferentes formas: “El Divino” pintó a Eneas, cargando con un viejo y débil Anquises, su padre y expresó lo inefable (el sentimiento de piedad hacia el padre, la Pietas) de modo tangible, (nada menos que una de las imágenes de la Capilla Sixtina).

Unos años después, “El Divino” esculpió “La Pietà”, -en el centro de la imagen-. Hay algo que salta a primera vista: difícilmente Miguel Ángel podrá describir en la escultura el sentimiento de Pietas, si el Hijo está muerto. ¡No puede haber Pietas!. No puede expresar de modo tangible (la piedra), lo inefable, (el sentimiento de amor del Hijo hacia su madre, porque el Hijo está muerto).pietas

Pero al contemplar la escultura ocurre algo asombroso: el dolor agudo y sereno en el rostro de la Madre, perfectamente plasmado en mármol, provoca que el espectador sea presa de un sentimiento arrebatador de compasión, de amor, de ternura hacia la Madre: ¡La Pietas!, pero no la del Hijo representado, sino ¡la del espectador!.

El gran artista, no expresó, sino que transmutó lo tangible (el mármol), en inefable (la Pietas), pero lo inefable no está en la obra, sino en quien la contempla. La obra, es solo una hermosa, exquisita, insuperable herramienta para provocar la verdadera obra de arte fuera de la obra, en el espectador. ¡Asombroso!. Quien haya estado en el Vaticano frente a ella, sabe de qué hablo.

El aria de Oh My Son, “Vieni a me”, interpretada por Suzzane Kantorski, (imagen central inferior) evoca la pasión –brutal- de la vieja y hermosa virtud romana que fue el principio moral de todo un imperio: La Pietas romana.

Michelangelo-PietaMiguel Ángel murió esculpiendo su última Pietà (imagen derecha, su misteriosa e incompleta Pietà de Rondanini). En ella, “El Divino”, se esculpió a sí mismo en el Cristo muerto, que se desliza inerte desde los brazos de su Madre. Lejos queda la serenidad y perfección del rostro de la Madre esculpido unos 50 años antes.

El viejo maestro, en su canto del cisne, terminó esculpiéndose inerte en su última Pietà: escultor y esculpido son ya el mismo. Son uno el redentor y el redimido en los brazos del Amor de la Madre, sostenido indefenso, inerte, desvalido, por Ella. Medio siglo después, “El Divino” volvió a superarse. Fue más allá de la Pietas del espectador, traspasó el umbral de lo humano y quiere llevarnos al mundo del Uno, de lo intemporal, de lo eterno, cubierto  y sostenido por los brazos del amor.

Jose Luis Escobar Arroyo.

Jose Luis Escobar

Acerca de 

Abogado y escritor

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