TORÉS GARCÍA, Albert



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TORÉS GARCÍA, Albert
Profesor Agregado de Francés de Escuelas Oficiales de Idiomas. Director de la Revista Literaria CANENTE. Colabora como crítico, traductor y articulista en distintos suplemen-tos literarios y periódicos. Figura en diversas antologías de poesía. En poesía ha publicado, entre otros los siguientes títulos:
Tríptico del naufragio (La Habana, 1979, Málaga 1988), La ventana de Lázaro (Málaga, 1989), La entrega de los vientos (Madrid, 1990), El hombre del puente (Algeciras, Cádiz 1992, Premio Bahía), Tiempo de Charol (Málaga, 1992), Fábulas de la lejanía (San Roque, Cádiz, 1994), La parada de las fugas (Málaga, 1996), Figuras en blanco y negro (Málaga, 1997), El jardín en penumbra (Madrid, 1997, Beca MEC, Finalista del Premio Nacional de la Crítica), El Salón de la memoria (Málaga, 2000, Premio de la Crítica Andaluza), Los acordes del diablo (Málaga, 2001). Pistas de lluvia (2013), Décimas prolongadas (2014) Tiempo de Charol (2016, Premio Rafael Morales).

 

LA AVENTURA DE MIS SIETE VIDAS

de ALBERTO TORÉS GARCÍA

Pintura y Colores Simultáneos de JUAN GÓMEZ MACÍAS

El hombre lo es precisamente por eso, porque tiene conciencia y la tiene porque tiene memoria.
Max Aub Campo de los almendros

Estaba muy feliz en el vientre de mi madre.
No conocía ni vientos ni nevadas ásperas
y todos los conflictos reducíanse a verme
crecer.

Entonces fue cuando quise ser poeta.

Tal vez por ello nací con bautismo doble,
lágrimas del sacerdote y de las enfermeras
y, a pesar de todo, contra todo dictado
de la ciencia de posguerra, decidí llorar
o vivir, que para el caso es lo mismo.
Luego también nacieron las paradojas
corrientes, iracundas a veces, inmortales siempre.

Boris Pasternak, celebrado por El doctor Jivago
recibía un Nobel que las autoridades de su patria
forzaban al rechazo.

La columna del ejército rebelde

con el comandante Che Guevara a la cabeza
se dirigía hacia La Habana entre cánticos cubanos
y poemas de Neruda.

La esperanza siempre ha tenido un color mutante.

Se ganó el Tour, la hoz y el martillo
camuflados en un cohete alcanzaron
la superficie de la Luna. De la Luna en fechas
para la superstición porque Buñuel que dio
formas de magia a la propia magia,
arrasó estatuillas y destellos en la ficticia
ciudad de Cannes. Por si fuera poco, a bordo del Azor,
el caudillo Franco pesca cachalotes medio adormecidos
entre las aguas cautivadoras del Cantábrico.

La esperanza se adentra por igual
en los tugurios de Nueva Orleáns que en las lujosas mansiones
de la Côte d´Azur.

También fallecieron jazzmen como Lester Young
así como la voz del jazz.

Sordidez, mezquindad,
perlas de humo azul y algunas monedas rodando
por los suelos de los clubs de Harlem.
Nunca esa música había sido tan esencial.

Sólo la frase de Eleanora Fagan de Baltimore
nos permitió ver la historia pasada de todo un continente.
Billie Hollyday fallecía repleta de tristeza,
poseída por la heroína y con un hombre vestido de negro
custodiando su cama en un lúgubre hospital de Nueva York
para que no se fugara.

Y, viéndose el texto llorar, también sus autores
lloraban frente a las resonancias de la desventura.
Ahora suena la orquesta de Count Basie
con la voz apagada de su estrella
más hermosa y la cara oculta de la Luna.
Así pasó en espacio frágil y desterrado
el año en que abrí los ojos al mundo
y quise ser poeta.
Pero leyendo a Camus, Albert Camus, desistí de inmediato.

La esperanza sigue la senda de los sabores mestizos.

Hubiese querido participar en La Resistencia,
haber sido autor de La peste o L´étranger
y el día de mi muerte haber llevado conmigo
en el asiento trasero de mi coche, un manuscrito salvable: El primer hombre.

La esperanza ya tenía el color magenta de tus zapatos
y el brillo cristalino de tus ojos inquietos.

 

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