Abderrahman El Fathi



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ABDERRAHMAN EL FATHI, Tetuán (Marruecos). Doctor en Filología Hispánica. Catedrático y Jefe del Departamento de Estudios fathi_431x465Hispánicos de la Universidad Abdelmalek Essaâdi de Tetuán. Profesor conferenciante en varios países de Europa y América. Coordinador y Responsable del Grupo de Investigación y Estudios sobre el Norte de Marruecos y España y miembro del Consejo Asesor Internacional de la Revista Española de Educación Comparada para África.

Estrechamente ligado al mundo del teatro, comenzó a dirigir en 1984 el Grupo de Teatro Universitario de la Facultad de Letras de Tetuán, así como el Grupo de Teatro La Baraka. En poesía ha publicado Triana: imágenes y palabras (1998), Abordaje (2000), África en versos mojados (2002), Primavera en Ramallah y Bagdad (2003), El cielo herido (2003), Desde la otra orilla (2004) y Danzadelaire (2011), y en teatro Fantasías Literarias (1999). Otros trabajos suyos son El libro de la escala de Mahoma. Relaciones, contextos españoles del Medievo y del Renacimiento (2003) y Aquí pintamos y contamos todos (Cuentos para niños, 2008).

 

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 CAFÉ CON PIERNAS

 “Te recuerdo Amanda,

la calle mojada…”

(VÍCTOR JARA)

 Recorrí su particular Isla

y en su mueblebar
alcé una copa de su particular Pacífico
e inmortalicé su tumba.
Recuerdos en pesos
y dólares de nadie.

Brindamos entre cafés con piernas
piscos con aires de dioses absortos
confundidos con mi presencia
con una pizca de nostalgia
y ansias de volar de nuevo.
En el pasillo del Trolebús
allá por Valparaíso
los sueños se disparan
al subir por las calles
de Neruda, y tras reposar en su velero
retomamos los altos vuelos en su campana.
Eran las seis y media de la tarde
el sueño se deshizo
de nuevo, en calma
en medio de los pinares
escalamos mesas y botellas vacías
y ahí estaba:
en su tumba compartiendo sus arenas junto a Matilde
mientras permanecían atrás
los campanarios del Pacifico
en su apacible rugir de duelo.

Macumba azúcar
San Cristóbal Tower
Armada Chilena en Valparaíso
Veruengo y Cía.
y un sorbo de pisco
con noche de Santiago
sin salvación y sin Allende.

Me reencontré con mi pasado
en La Moneda, ondeaba Chile
en las miradas perplejas
silenciadas de nuevo en un patio ajeno.
Saludos marciales
arrancaban recuerdos de plomo
y atardeceres en mangas cortas.

Acariciaba desde mis sueños
las bajas alturas a mis pies,
desde los Andes
exhalaban abandonados
mis sueños
en nubes vidriosas
casi infantiles
y la tripulación en vela
me conducía
desfallecida.
Sólo me queda Santiago
inmortalizado
en un Moleskine de Cádiz.

A los pies de Allende
en caminar firme y eterno
compuse frenéticos versos
lo compartía en sombras de dolor
pasillos de metralla
mientras se abrían vagos cantos de Víctor Jara
en lucha constante,
aquel guerrillero de guitarra
verso quebrado y voz andrajosa.

De Casablanca a Tapihue,
alcanzamos Valparaíso
en cristales de pinos
islas de colores, en veleros
pacíficos y casas colgadas,
subidas en Trolebús.

Hilvano versos del Pacífico.
Con miradas sin vientos.
Con estelas lejanas
y ventanas sin calles
a lo mejor soy yo el que gime en estas aguas.
La llamé por su nombre
por si pudiera reconocer mi sed.
Reposó mi sudor en su tumba
miraba por si de nuevo
fuera yo
otro regalo de sus mares.
Parece que sí
de tan lejos no puedo ser otra cosa,
un presente.

En una esquina de la Salvadora
leía un libro, mientras robaba recuerdos
polvo y sueños.
Ni la mesa era suya ni el salón era como antaño,
ya no le pertenecían
tampoco era el mismo ese amanecer
ni tampoco el chorro de luz que invadía las cámaras
de extrañas miradas que usurpaban su particular,
desenfadada y frágil mañana.
Me arrastré por su estrecho pasillo en la Salvadora,
sin Amanda y sin Matilde
ya no es lo que era.

Emocionado saludé su mañana
sin destellos y con frágil aroma
cautivo de su pasado.

Negocié un pescador en Isla Negra
un grito de madera
llaveros en piel
botellas con versos de Neruda que tiritan.
Esa tarde y con tiempo suficiente para descubrir
bosques lejanos
y regresar desde la noche
enfundados en Tapihué.

Sobrevolé sus cielos
me anticipé a sus caídas
me refugié en sus calles
acaricié sus vasos
y me embriagué de sus piscos.

Quiero de nuevo componer los mismos versos de Neruda
los mejores poemas de Pablo Neruda
amar en su Pacífico
a Matilde
embriagarme de sus aires, su luz y su desnudez plateada.
Ahora que estuve en su lecho
deseo yacer frente a sus versos.

En el refugio de sus primeros versos
o ninguno
en esa cabaña
ese himen de la palabra
brinco de la naturaleza
lancé como si lo hubieras dictado con tus ojos
las anclas de ese campanario
ese timón del corazón
que marca voces y lugares
entregados a tu velero.

No se detuvo mi sombra conmigo
continuó lejana y exaltada
después la vi
entregada a su lecho
en su salón
su bar
su velero
sus copas vacías
su huida hacia el mar.
La sombra permaneció para siempre
arrastrada por la marea.
La traje en una botella
por si algún día
quisiera alcanzar mi cuerpo
olvidado en Santiago.

Vestido de luna y ataviado de sol
así llevaba su cariño
olvidado, casi desnudo en mi amanecer.

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