Ana María Romero Yebra



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 ANA MARIA ROMERO YEBRA
MAMA 017_360x480Nace en Madrid el 23 de octubre de 1945  y desde 1981 vive bajo la luz de  Almería donde ha ejercido como maestra hasta su jubilación. Ha sido Presidenta del Ateneo (1994-1999) y actualmente es Miembro del Instituto de Estudios Almerienses y de la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía.
Ha publicado ocho poemarios y de ellos, “Mirando escaparates” fue Premio de la Diputación de Guadalajara en 1994.
En el campo de la Literatura Infantil tiene numerosos títulos de poesía y de narrativa.

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PARQUE NATURAL
EL MAR QUE ME HABITA

Soy agua manriqueña pero en el mar no busco
el fin inevitable de los ríos
sino esa luz de espejo que brilla y no se corta
en el amplio bisel del horizonte.

Porque en el mar encuentro las pleamares de gozo
poderosas del triunfo de inundar las arenas
y el fulgor del ocaso que la bajamar trae
con láminas de niebla que embrumecen la vista.

En este mar existe el germen de nosotros
aunque es inabarcable su eternidad sin fecha.
Aquí nos reflejamos leyendo nuestra historia
en un folio sin márgenes
escrito con la tinta volátil del misterio.

Y seguirá el mar siendo cuando ya nuestra sombra
no se ondule en la playa ni la dibuje el viento
que forma, a su capricho, el perfil de las dunas.

Este mar que me habita
me irá sobreviviendo porque ya estuvo antes.
Continuará en mi ausencia el ritmo de sus olas
y cuando me evapore tal vez apenas quede
la sal de lo que he sido.

Pero digo su nombre porque así no me ahogo
en la pizarra inmensa que comienza en la orilla
donde mis pies se asientan entre randas de espuma…
Y sigue allá, a lo lejos,
el lugar infinito en el que se reitera
hermoso, deslumbrante, inalcanzable, eterno…

Pequeñas cosas
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LA HOJA CAÍDA.
Brillaba aquella hoja como un doblón de oro
perdido entre la hierba.
Era el primer heraldo de ese tiempo de otoño
que ya se adivinaba
y sorprendió mis ojos con su luz diferente.

¿De dónde habría venido tan dorada y tan bella?
¿Qué árbol la perdería, raptada por el viento?
Tuve que recogerla y al sentirla en mi mano
era como una joya sujeta entre los dedos.
Mas ni el brillo del ámbar ni el fulgor del topacio
pudieron compararse a toda su hermosura
vegetal y sencilla.

La puse entre las páginas del cuaderno en que escribo
y está allí, refulgente.
Ilumina mis torpes palabras de poeta
da valor a mis versos
y me encuentro con ella cada vez que lo abro
para hacer el apunte de una emoción sentida.

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LA MUCHACHA

Llegó la primavera
en forma de muchacha.
Su pelo rubio y largo se movía
como un campo de espigas candeales
y el cuerpo se anunciaba
con un sutil aroma de jazmines.

Dulcísima la boca, sonriente,
estallando de luz y de amapolas
y los ojos profundo, anegados
con reflejos del mar inalcanzable.

Sus senos palpitaban
detrás de la caricia de la blusa
con esa madurez y ese deseo
que la fruta en sazón nos proporciona.

Al verla tan hermosa
pensé en mi juventud, ya tan lejana
cuando yo era muchacha en primavera
y en lo pronto que llegan los otoños.

Sus piernas remontaron ágilmente
mi paso y mi sosiego
quedándose de espalda ante mis ojos.
Y tuve que seguirla contemplando
hasta que se perdió, calle adelante
porque sentí el hechizo
de la belleza fresca que emanaba.

Llegó la primavera
en forma de muchacha
antes de que los árboles vistiesen
su nuevo traje verde y ondulante
y antes de que las rosas proclamaran
que el final del invierno estaba cerca.

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PEQUEÑOS PLACERES

Los pequeños placeres al comenzar el día…
El coro de los pájaros reunido en la bignonia.
El murmullo del agua cayendo suavemente
sobre juncias y lirios.
El abrirse a la vida los nenúfares blancos
cuando el sol los saluda.
Mirar la buganvilla sacudiendo el ramaje
para adornar la hierba del carmín de sus flores.
Presentir, a lo lejos, el ritmo de las olas
con su explosión de azules grabada en la memoria.
Acariciar la gata que se acerca, mimosa,
esperando su almuerzo…

El aroma caliente del café y las tostadas.
La dulcísima ofrenda contenida en el vaso
del zumo de naranja
que nos llena la boca de sabor luminoso.

Y el placer preferido sobre todas las cosas:
El comenzar el día
con tu abrazo y tus besos como pan cotidiano.

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