Basilio Sánchez



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Basilio Sánchez, Cáceres 1958. Con su primer libro, A este lado del alba, ganó el accésit del premio Adonáis de Poesía en 1983. El resto de su obra poética la componen: Los bosques interiores (1993; Amarú, 2002), La mirada apacible (Pre-Textos, 1996), Al final de la tarde (Calambur, 1998), El cielo de las cosas (EREx, 2000), Para guardar el sueño (Visor, 2003), Entre una sombra y otra (Visor, 2006), Las estaciones lentas (Visor, 2008),  Cristalizaciones (Hiperión, 2013), Esperando las noticias del agua (Pre-Textos, 2018) y He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes (Visor, 2019). También ha publicado el libro de prosa autobiográfica, La creación del sentido (Pre-Textos, 2015). Gran parte de su obra poética está recogida en Los bosques de la mirada, Poesía reunida 1984-2009 (Calambur, 2010).

      Ha recibido, además del Adonáis, el accésit del Premio Jaime Gil de Biedma, el Premio Internacional Unicaja, el Premio Internacional Tiflos, el premio Ciudad de Córdoba, el Premio Extremadura a la Creación y el Premio Internacional de Poesía LOEWE. Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura, actividad que ejerce en su ciudad natal.

 

LA MUJER QUE CAMINA

Basilio Sánchez

La mujer que camina delante de su sombra.
Aquella a quien precede la luz como las aves
a las celebraciones del solsticio.

La que nada ha guardado para sí
salvo su juventud
y la piedra engarzada de las lágrimas.

Aquella que ha extendido su pelo sobre el árbol
que florece en otoño, la que es dócil
a las insinuaciones de sus hojas.

La mujer cuyas manos son las manos de un niño.

La que es visible ahora en el silencio,
la que ofrece sus ojos
al animal oscuro que mira mansamente.

La que ha estado conmigo en el principio,
la mujer que ha trazado
la forma de las cosas con el agua que oculta.

 

LAS BAYAS

Presiento tus palabras a través de los muros
de una habitación que será eterna.

Hay un país que crece
con la sustancia de los sueños
y una casa cerrada
en la que se acumulan los escombros
de una luz suficiente.

Quizá no fuera ésta la vida que esperábamos,
pero sí es el lugar.

Aquí donde se alzan
contra un cielo de piedra
una pared caída y luego otra,
serán nuestras palabras las que nos den cobijo.

Lo poco que tenemos,
lo mucho que tenemos está aquí, delante de nosotros.

Yo pongo la ventana,
tú los tallos, los zarcillos azules,
las silenciosas bayas transparentes.

 

COORDENADAS

Los poemas se escriben
para que caminemos entre ellos.
El lenguaje es un bosque.
Entre la oscuridad y las palabras
hay un pacto secreto como el que se establece
entre el aire y las hojas.

El poeta se detiene en los signos,
elige del lenguaje
los que tienen que ver con su manera
de acercarse a las cosas, de interpretar el mundo,
de dirigirse a aquello que lo nombra.
Cada poema asume una reconstrucción,
cada una de sus palabras
un intento más o menos consciente
de devolverle a algo su sentido.

No nos basta solo con su presencia:
las cosas necesitan ser salvadas,
verse restituidas en su pérdida antes de que suceda.

En lo oscuro del bosque, en su espesor,
fermentan las palabras
en todos los idiomas que nos han precedido.
Entre las conjeturas,
buscando hacerse un hueco en esa oscuridad,
el poema posible se abre paso,
nos da las coordenadas de un espacio
que inevitablemente tendremos que habitar,
solos o en compañía, para siempre.

 

XXXVIII

La mesa de madera

de mi alcoba

nunca ha echado raíces,

pero guarda en sus vetas

el temblor de los pájaros.

 

Ninguna voz es dueña

de sí misma,

toda voz es reflejo de otra voz,

toda palabra,

refracción de la luz de otra palabra.

 

Subido a lo más alto de mi sangre

sobrevivo a la deriva del siglo

respirando por ti.

 

AMO LO QUE SE HACE LENTAMENTE

Amo lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava un pozo
o repara el esmalte de una taza.

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos.

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.

 

HE ENCONTRADO EN LAS COSAS

He encontrado en las cosas,
en los seres más simples,
una forma
de dejarse llevar, una manera
de abandonarse al flujo secreto de la vida
que nos invita a la modestia.

Los poemas que nos hacen mejores
son los que nos devuelven
a ese estado anterior
en el que era posible,
en nuestras relaciones con el mundo,
conducirnos con naturalidad, sin artificio.

Me conmueve la humildad de los pájaros
que trabajan día y noche para trenzar un nido
en un árbol sin nombre.

 

Image by Dimitris Vetsikas from Pixabay
 

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