Carmina Burana tras las banderas de Venus



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Carmina Burana tras las banderas de Venus

José de María Romero Barea

Emerge el autor colectivo de estos cantos morales y satíricos con autoridad, (“La rueda de la Fortuna va girando: voy yo de caída/ y a otro lo llevan a lo alto”), voces de estudiantes y clérigos, dotadas de una sensibilidad filosófica que, si bien se ha comparado con la de los clásicos, es siempre nueva. Toda una cultura emerge dentro del alcance imaginativo del lector. Las canciones de amor (“en lo oculto del pecho se esconde/ un demonio informe”) suponen, a su vez, una lírica que literaliza el mito y emana sentidos del humor. La imaginación mágico-realista se construye a través de una retórica hogareña pero memorable (“son los jueces del Amor/ el Uso y la Naturaleza”), en la que abundan los suspiros anhelantes y los argumentos racionales de borde afilado.

Interesadas en rastrear momentos de percepción, las composiciones de Carmina Burana. Cantos de goliardo y poemas de amor (siglos XII y XIII; edición al cuidado de Francisco Rico y Jordi Doce. Galaxia Gutenberg, 2018) forman parte de una búsqueda intemporal de trascendencia. Si bien su técnica es tradicional, su resistencia al espectro realista las acerca a lo experimental. Las obras sobre la bebida y sus excesos visitan rincones inexplorados (“Nadie teme allí a la muerte/ sino fían su suerte a Baco”). Notable por su franqueza, su carácter histriónico y su mezcla de emblemas y placeres, abunda esta lírica en contrastes de tono. La elocuencia irónica, fuente del epígrafe, mezcla la oratoria alta y la afligida, producto de una “lengua mendaz y dolosa/ lengua procaz, venenosa, / lengua digna de cortarse/ y de en el fuego quemarse”.

Los pensamientos se atienen a la rítmica del patrón prosódico. Las más de 750 canciones constituyen, en esencia, un largo poema, cuya naturaleza es la concisión, la espontaneidad, el ingenio. En las canciones religiosas, una escena local incluye a un colectivo específico, una orden que “acoge/ a los justos y a los injustos, / a los cojos y a los débiles/ a los derrengados por la vejez”. Un mundo despreocupado, desinteresado y moribundo, se evoca en términos aliterativos. Se cubren valoraciones sobre la fugacidad del instante (“Veloz huye la edad/ pasada en los estudios; / al placer nos invita/ la tierna mocedad”), se exteriorizan estados de ánimo liberados de dramatismo.

Se sabe que cuantas menos palabras se vea obligado a abrazar el misterio de la poesía, más probable es que tenga lugar. “¡Milite, pues, nuestro clan, / imbuido de letras, / siguiendo las banderas/ de Venus”. Conforme avanza la lectura de esta colección de cantos medievales, aumenta la conexión irónica. Ceden los negocios del día a la verdad de que el tiempo siempre está de paso. Afectan estos poemas una mágica vulnerabilidad, una cualidad sin aditivos, en contraste con la viva certeza que informa la mitología. No en vano, en Carmina Burana, la plenitud se logra a través de la simplicidad.

Sevilla, 2018

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Jose de Maria Romero Barea

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es autor de Poesía (qué si no). Su primera sección, el corazón el hueco, consta de la trilogía Resurrecciones (Asociación Cultura y Progreso, 2011), (mil novecientos setenta y) Dos (Ediciones en Huida, 2011) y Talismán/Talisman (Editorial Anantes, 2012. Edición bilingüe. Traducción de Curtis Bauer), del que la plaquette ridículo ciego feliz en mi sitio/ridiculous blind happy in my place (Q Ave Press, 2012. Edición bilingüe y traducción de Curtis Bauer) es un adelanto.

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