CLÁUDIO GUIMARÃES DOS SANTOS



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CLÁUDIO GUIMARÃES DOS SANTOS (São Paulo, 1960), es poeta y ensayista. Es maestro en Artes por la Escuela de Comunicaciones y Artes de la USP y doctor en Lingüística por la Université de Toulouse-Le Mirail.

En 2014, publicó el poemario Definiciones Fundamentales, con prefacio del Embajador Rubens Ricupero (Montevideo y São Paulo).

Su nuevo libro de poemas – Colección de Epifanías – acaba de salir en una edición bilingüe portugués- español por la Editora Bohodón (Madrid, 2017). Como artista plástico, participó, en São Paulo, en exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo, en el Museo de Arte Moderno, en la Pinacoteca del Estado y en el Museo de la Imagen y del Sonido.

Como cineasta, escribió y dirigió El Acosador, largometraje en Super-8.

Como médico, actuó en el área del diagnóstico y tratamiento de disfunciones cognitivas relacionadas con la memoria y con el lenguaje. Realizó investigaciones en los campos de la neuropsicología, de la psicoterapia, de la semiótica y de la filosofía de la mente, siempre con un enfoque transdisciplinar.

En Brasil, trabajó en el Instituto de Estudios Avanzados/USP, en la Facultad de Medicina/USP y en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas/USP. En el exterior, intervino como investigador y conferenciante en Francia, Estados Unidos, Canadá, México y Uruguay.

Es diplomático de carrera desde 2010 y ya sirvió en Frankfurt y Montevideo. Trabaja, actualmente, en el Consulado-General en Faro, donde es Jefe del Sector Cultural y de Cooperación Educacional.

DESTINO DE POETA

A Homero, pai de todos nós.

Aceita estas verdades como autoevidentes:
Que tua morte, por ser santa, é absurda,
Que teu sonho mais pequeno é o universo,
Que viver em plenitude é passar os dias lendo,
Que contar com alegrias é errar sem ter descanso,
Que gastar a existência percorrendo estreita senda,
Hesitante, cabisbaixo, remoído,
Sem jamais beber a noite enluarada de estrelas,
Sem jamais ouvir desertos que meditam no ocaso,
Sem jamais sentir o mar que tonitroa seu assombro,
Sem jamais velar nos cumes nem rezar nas profundezas,
É fiar-se em frustras margens que se afastam, mais e mais,
Para além destas planícies
Que disputam, com as montanhas,
O desenho do horizonte.

Com mão firme e peito aberto toma o leme,
A cabeça sempre erguida mostrarás,
No infinito os teus olhos terás postos,
Na harmonia das verdades inefáveis,
Onde dormem os poemas recém-natos
E os oráculos que vibram o amanhã.

Fica calmo e já não temas as ciladas.
Chora e goza sem excessos,
Como cabe a um mortal que escutam os deuses.

Não esqueças que partiste ainda ontem
E que chegas, todo o tempo, sem chegar
Ao princípio precioso do crepúsculo,
Ao desfecho curioso da meada,
Ao hiato solitário da evidência.

Lembra sempre que ficar não tem sentido,
Que fugir não pode ser, porque é covarde,
Que vencer é dado a poucos,
Que o voltar já é oblívio,
Que os navios, agora em chamas, testemunham
As derrotas que conduzem à ascensão.

Tem bem claro que tua alma é abençoada,
Que teu corpo é templo justo da Poesia
E que o fazer onde deságua tua essência
É nascer, criar, morrer e recontar.

Diz, por isso, com argúcia,
As Histórias deste mundo,
A sofrida e a ansiada,
A oculta e a aparente,
A passada e a futura,
E alinhava o hic et nunc que se esvai,
Pontuando cada fábula,
Em cismares batizados de saudade.

Nos compassos que transbordam os mitos amplos,
Colhe o ágil fio dos ventos,
Tece o tênue véu de Maya,
E renova, agradecido, a eterna voz das Musas.

Borda, no verso da épica,
A dolência da elegia,
A sutileza da lírica
E a força do ditirambo.

Constrói um fosso largo que te guarde
Quer da troça, quer do encômio,
E te afasta da vertigem da retórica.

Não te engajes em nada
Que não seja a Arte pura
(Para sempre inalcançável),
Que não seja a frase limpa
(Seca e certa como a dor),
Que não seja a forma exata
(Que se inspira no silêncio),
Que não seja o raro encontro dos sentidos e dos sons:
A leveza consonante das palavras que têm peso.

Recompõe o teu espanto na água fresca das metáforas,
Nos espaços que colidem com os tempos derretidos,
Nas aragens que balançam penduradas nos coqueiros,
Nos azuis ensolarados das manhãs da tua infância.

Segue altivo, corajoso e concentrado,
Luz brilhante pela estrada do possível,
Mas, também, do impossível,
Quando e como for possível.

* * *

DESTINO DE POETA

A Homero, padre de todos nosotros.

Acepta estas verdades como autoevidentes:
Que tu muerte, por ser santa, es absurda,
Que tu sueño más pequeño es el universo,
Que vivir en plenitud es pasarse los días leyendo,
Que contar con la alegría es equivocarse sin descanso,
Que gastar la existencia recorriendo estrechas rutas,
Dubitativo, cabizbajo, destrozado,
Sin jamás beber la noche alunarada de estrellas,
Sin nunca oír desiertos que meditan en el crepúsculo,
Sin nunca sentir el mar que atruena su asombro,
Sin nunca velar en las cimas ni rezar en las profundidades,
Es fiarse de frustradas orillas que se alejan y se alejan,
Más allá de las llanuras
Que se disputan, con las montañas,
El dibujo del horizonte.

Con mano firme y pecho abierto prende el timón,
La cabeza siempre alta mostrarás,
En el infinito tus ojos tendrás puestos
En la harmonía de las verdades inefables,
Donde duermen los poemas recién nacidos
Y los oráculos que hacen vibrar el mañana.

Quédate tranquilo y no temas ya a las celadas.
Disfruta y gime sin exceso,
Como cabe a un mortal a quien los dioses escuchan.

No te olvides que partiste apenas ayer
Y que llegas, todo el tiempo, sin acabar de llegar
Al principio precioso del crepúsculo,
Al deshecho curioso de la intriga,
Al intervalo solitario de la evidencia.

Recuerda siempre que quedarte no tiene sentido,
Que huir no es posible, porque es cobarde,
Que vencer sólo es dado a unos pocos,
Que el regreso es ya olvido,
Que los barcos, ahora en llamas, son testigos
De las derrotas que conducen a la ascensión.

Debes tener claro que tu alma es bendecida,
Que tu cuerpo es el templo justo de la Poesía
Y que el hacer donde tu esencia desagua
Es nacer, crear, morir y recontar.

Di, entonces, con agudeza
Las Historias de este mundo,
La sufrida y la ansiada,
La oculta y la aparente,
La pasada y la futura,
E hilvana el hic et nunc que se evapora,
Puntuando cada fábula,
En cavilaciones bautizadas de saudade.

En los compases que superan los anchos mitos,
Toma el ágil hilo de los vientos,
Teje el tenue velo de Maya,
Y renueva, agradecido, la eterna voz de las Musas.

Borda en el verso de la épica
La tristeza de la elegía,
La sutileza de la lírica
Y la fuerza del ditirambo.

Construye un ancho foso que te guarde
Ya sea de la burla, como del encomio,
Y apártate del vértigo de la retórica.

No te dejes seducir por nada
Que no sea el Arte puro
(Siempre inalcanzable),
Que no sea la frase limpia
(Seca y verdadera como el dolor),
Que no sea la forma exacta
(Pues se inspira en el silencio),
Que no sea la rara encrucijada del sentido y del sonido:
La levedad consonante de las palabras de peso.

Rehaz tu espanto en el agua fresca de las metáforas,
En los espacios que chocan con los tiempos derretidos,
En los céfiros que se balancean colgados de los cocoteros
En los azules asolanados de las mañanas de tu infancia.

Sigue siendo altivo, valiente y concentrado,
Luz brillante por el camino de lo posible,
Mas, también, de lo imposible,
Cuando y como sea posible.

* * *

BUCHENWALD

O rosto luminoso de Gautama, impassível sob a Figueira.
E os corpos amontoando-se na chuva.

A voz silenciosa de Cristo quando, por fim, entregou a sua alma.
E os corpos curtidos pelo sol.

A certeza inabalável de Ulisses de que um dia voltaria a Ítaca.
E os corpos retorcendo-se no fogo.

A coragem inexplicável dos estoicos, que aceitam, serenos, o destino.
E os corpos diluindo-se ao vento.

A lógica absoluta de Hegel, decifrando o absurdo da História.
E os corpos tornando-se signos.

A testa enrugada de Goethe, recriando eternamente o Fausto.
E os corpos maculando as mentes.

A alegria iluminada de Schiller, levitando sobre as notas de Beethoven.
E os corpos envenenando tudo.

A lucidez iconoclasta de Nietzsche, reabrindo o ventre fértil das feridas.
E os corpos para sempre testemunhas.

E os corpos pesando como chumbo.
E os corpos calando-nos a todos.
E os corpos fazendo-nos humanos.
(A cada um o fardo merecido.)

Hoje, o bosque já não é tão cinzento.
A relva até brilha, pontilhada de flores,
E o mito insiste na lição:
Os monstros são sempre vencidos pelos deuses.

* * *

BUCHENWALD

El luminoso rostro de Gautama, impasible bajo la Higuera,
Mientras los cuerpos se amontonan en la lluvia.

La silenciosa voz de Cristo cuando, al fin, entregó su alma,
Mientras los cuerpos se curten al sol.

La inconmovible certeza de Ulises de que, un día, regresaría a Ítaca,
Mientras los cuerpos se retuercen en el fuego.

El coraje inexplicable de los estoicos, que aceptan, serenos, el destino,
Mientras los cuerpos se diluyen en el viento.

La lógica absoluta de Hegel, cuando descifra el absurdo de la Historia,
Mientras los cuerpos se convierten en signos.

La arrugada cabeza de Goethe, al recrear eternamente su Fausto,
Mientras los cuerpos manchan las mentes.

La iluminada dicha de Schiller, al levitar sobre las notas de Beethoven,
Mientras los cuerpos todo lo envenenan.

La lucidez iconoclasta de Nietzsche, cuando reabre el vientre fértil de las heridas,
Mientras los cuerpos son ya testigos para siempre.

Mientras los cuerpos pesan como plomo,
Mientras los cuerpos nos callan a todos.
Mientras los cuerpos nos convierten en humanos.
(A cada cual el fardo que merece.)

Hoy el bosque ya no es tan plomizo.
Incluso brilla la hierba, salpicada de flores,
Mientras el mito en la lección insiste:
Siempre los monstruos fueron vencidos por los dioses.

* * *
FEUILLES MORTES

Anoitecem, em Paris, as luzes brilhantes de França.
Madrid, boêmia insone, consome-se em pesadelos.
Com a coroa enferrujada, morre Londres, em silêncio.
Berlim é um resto de muro, que não guarda, mas expõe.
Desfaz-se, na contingência, a eternidade de Roma.
Lisboa, velha cidade, é, enfim, cidade velha.

Renderam-se os Gregos aos Persas.
Já não une Alexandria as metades deste mundo.
Nem Atenas, nem Florença.
Hoje é Raqqa e a triste Alepo que conjuram nossas mentes.

Muda o mito originário de sinal:
E o Touro, cabisbaixo,
Com Europa agonizante no seu lombo,
Retorna às margens de Sídon
Para a última hecatombe.

Estava escrito no alfarrábio do Profeta:
Deus é que sabe.

* * *

FEUILLES MORTES

Anochecen en París las brillantes luces de Francia.
Madrid, bohemia insomne, se consume en pesadillas.
Bajo la corona oxidada, muere Londres, silenciosamente.
Berlín es un resto de muro, que no guarda, sino expone.
Se deshace en la pura contingencia la eternidad de Roma.
Lisboa, vieja ciudad, y, en fin, ciudad vieja.

Se rindieron los Griegos a los Persas.
No une ya Alejandría las dos mitades del mundo.
Ni Atenas, ni Florencia.
Hoy son Raqqa y la triste Alepo las que conjuran nuestras mentes.

Cambia el mito originario de señal:
Y el Toro, cabizbajo,
Con Europa agonizante a su lomo,
Regresa a las orillas de Sidón
Para la última hecatombe.

Estaba escrito en el libro del Profeta:
Sólo Dios sabe.

* * *

COLEÇÃO DE EPIFANIAS

Para Amanda

A manhã perfumada de silêncios.

O olhar do meu pai pouco antes de morrer.

O mergulho na tarde ensolarada.

A vista do vale que supõe o abismo.

O texto que jamais será escrito.

A ironia paciente do tempo.

O sonho criador das madrugadas.

A limpeza do primeiro amor.

A dor da minha finitude.

A aspereza das verdades.

O orvalho que, quietinho, se evapora.

A chama que inveja a escuridão.

A clareza das palavras importantes.

O dom que evitei desperdiçar.

A esperança das partidas.

O riso largo do meu filho.

A lembrança agridoce do Natal.

A retórica brilhante das estrelas.

O último poema que farei.

A vida pequenina das migalhas.

O caos macio das nuvens.

As coisas que nunca aprenderei.

A calma das folhas outonais.

A brancura elegante da neve.

O deus que desistiu da eternidade.

As memórias que comigo passarão.

O ano imponderável que virá.

* * *

COLECCIÓN DE EPIFANÍAS

Para Amanda

La mañana perfumada de silencios.

La mirada de mi padre poco antes de morir.

La zambullida en la soleada tarde.

La vista del valle que preludia el abismo.

El texto que jamás será escrito.

La ironía paciente del tiempo.

El sueño creador de las alboradas.

La limpieza del amor primero.

El dolor de mi finitud.

La aspereza de las verdades.

La llovizna que, suave, se evapora.

La llama que envidia la oscuridad.

La claridad de las palabras importantes.

El don que he evitado desperdiciar.

La esperanza de las partidas.

La risa más abierta de mi hijo.

El recuerdo agridulce de Navidad.

La retórica brillante de las estrellas.

El último poema que haré.

La vida exigua de las migajas.

El frágil caos de las nubes.

Las cosas que nunca aprenderé.

La calma de las hojas otoñales.

La elegante blancura de la nieve.

El dios que ha desistido de la eternidad.

Las memorias que se irán conmigo.

El año imponderable que vendrá.

* * *
PRESENTE DE NATAL

A todos nós

Agora, que os tempos se rebelam,
Que os anos se recusam a obedecer,
Que as horas rodopiam embriagadas,
Que o ontem vai na frente do amanhã,

Agora, que os limites se diluem,
Que o selo da harmonia se rompeu,
Vertendo confusão e desespero,
Retorno ao Princípio do sentido,

Ao Foco de onde nasce toda vida,
Ao Solo de onde brota toda luz,
Ao Centro de onde emana todo ser,

E peço compaixão pela ousadia
De um mero pecador se perguntar:
“Por que padeço a Graça de existir?”.

* * *

REGALO DE NAVIDAD

A todos nosotros

Ahora, que los tiempos se rebelan,
Que los años se resisten a obedecer,
Que las horas se redoblan embriagadas,
Que el ayer va por delante del mañana,

Ahora, que los límites se diluyen,
Que el sello de la armonía se ha roto,
Vertiendo confusión y desespero,
Regreso al Principio del sentido,

Al Foco del que nace toda vida,
Al Suelo del que brota toda luz,
Al Centro del que emana todo ser,

Y pido compasión por la osadía
De un simple pecador que se interroga:
“¿Por qué padezco la Gracia de existir?”.

* * *

RECORDARE

A Renato Prado Guimarães

A alegria dos começos,
A coragem sem limites,
A certeza absoluta,
Viveram todas na minha infância,
Naquelas tardes de sol forte,
De um céu azul impecável
E de mangueiras carregadas.

As ruas desertas e quentes
Selavam-me as bordas do corpo
Com uma calma carinhosa
Que nunca depois encontrei.

Veio, então, uma brisa fria e chata,
Que soprou sempre mais forte,
E que varreu, com a poeira do terreiro,
Os pulos da amarelinha
E os ecos do pique-esconde.

(Entrementes:
Criei laços que cortei incomodado,
Esbarrei com galantes perfumados
No abafado das latrinas dos palácios,
E toquei nas suas almas: quantos vãos!
Fui reflexo nas baixelas dos banquetes,
No congelado dos lagos,
No olhar das namoradas,
No vazio das conversas.
Calei-me sempre que pude,
Mas disse o que não devia.
Fui criança,
Desconsolo,
Turbilhão,
Inquietude.)

Por fim, veio a noite,
Que, para mim, nunca foi repouso,
Mas silêncio esfumaçado,
Cheio de faces enrugadas,
Fantasmas coléricos
E mãos violentas.

(No sagrado cotidiano da memória,
Que é convívio luminoso com a morte,
Sou, agora, imagens que se transmutam,
Borrando as fímbrias dos entes,
Dissolvendo os meus contornos,
Recriando as minhas essências,
Oscilando do caos ao caos,
Renascendo das cinzas próprias,
Refazendo os meus começos,
Redefinindo os meus fins,
Pela estrada solitária,
Que vai da praça à clausura,
Da exposição ao retiro,
Da fantasia das coisas
À concretude dos sonhos…
E abandono-me a esse ritmo
Como o cadáver de Ofélia,
Como os soluços de Werther,
Como as saudades de Orfeu.)

Epitáfio sinuoso:
“De braços com o velho tempo,
Gozo agora a madrugada,
Sabendo que o novo dia
Vai encontrar-me outro:
Pedra, planta, inseto ou passarinho.
E a vida continuará
(No avesso do seu fluxo)
A celebrar o mito.”

* * *

RECORDARE

A Renato Prado Guimarães

La alegría de los comienzos,
El coraje sin límites,
La certeza absoluta,
Han vivido todas en mi infancia,
En aquellas tardes de solazo,
De un impecable cielo azul
Y de mangos cargados de fruto.

Las calles desiertas y calientes
Me sellaban los bordes del cuerpo
Con una calma cariñosa
Que nunca he vuelto a encontrar.

Vino, entonces, una brisa fría y sosa,
Que ha soplado cada vez más fuerte,
Y que ha barrido junto al polvo de la plaza,
Los saltos de la rayuela
Y los ecos del escondite.

(Mientras:
He ido creando lazos que, incómodo, hube de cortar,
He tropezado con perfumados petimetres
En las sofocantes letrinas palaciegas,
Y he tocado en sus almas: ¡cuánta vanidad!
Me he visto reflejado en las vajillas de los banquetes,
En el hielo de los lagos,
En la mirada de las novias,
En el hueco de las conversaciones.
Me callé siempre que pude,
Pero acabé por decir lo que no debía.
He sido niño,
Desconsuelo,
Torbellino,
Inquietud.)

Por fin, vino la noche,
Que, para mí, nunca ha sido descanso,
Sino silencio ahumado,
Lleno de caras arrugadas,
Fantasmas coléricos
Y manos violentas.

(En lo sagrado cotidiano de la memoria,
Que es convivencia luminosa con la muerte,
Soy, ahora, imágenes cambiantes,
Que borran la aureola de los seres,
Que disuelven mi silueta,
Que recrean mis esencias,
Que oscilan desde el caos hasta el caos,
Que renacen de las propias cenizas,
Que rehacen mis comienzos,
Que redefinen mis finales,
Por la ruta solitaria,
Que va de la plaza a la clausura,
De la exposición al retiro,
De la fantasía de las cosas
A la concreción de los sueños…
Y me abandono a ese ritmo
Como el cadáver de Ofelia,
Los sollozos de Werther,
O las nostalgias de Orfeo.)

Epitafio sinuoso:
“Abrazado con el viejo tiempo,
Disfruto ahora de la madrugada,
Sabiendo que el nuevo día
Va a encontrarme otro:
Piedra, planta, insecto o pajarillo.
Y la vida seguirá
(En el envés de su flujo)
Celebrando el mito.”

* * *

JARDIM JAPONÊS

Neste jardim japonês eu sinto
O presente de toda a vida,
O passado de toda a idade.

O silêncio adormecido dos tanques
Embalando a transparência das pedras,
Ocultando o segredo dos mitos,
Das coisas,
Dos momentos.

Refazendo, na verde carne
Das folhas que envelhecem,
Os atalhos esquecidos da minha própria história.

* * *

JARDÍN JAPONÉS

Siento en este jardín japonés
El presente de toda vida,
El pasado de toda edad.

El adormecido silencio de los estanques
Acunando la transparencia de las piedras,
Ocultando el secreto de los mitos,
De las cosas,
De los momentos.

Rehaciendo, en la carne verde
De las hojas que envejecen,
Los olvidados atajos de mi propia historia.

 

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