Despreciado e incomprendido Saul Bellow



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Despreciado e incomprendido Saul Bellow

José de María Romero Barea

Se sabe que toda gran novela escrita en EE. UU. aspira a ser la Gran Novela Americana: se afana, para ello, en la variedad infinita del experimento estadounidense, al tiempo que recrea las memorables voces que informan su idiosincrasia, articulando una perspectiva singular sobre una sociedad plural e hiperactiva. El autor que nos ocupa refracta de forma prismática toda una nación, al mismo tiempo que la historia de sus gentes. Su proyecto no solo es estético: también ético. Sus relatos se hunden en las circunstancias de su época. La amplificación es su marca vital. En su obra, el énfasis lo es todo.

Imposible leer al canadiense-norteamericano de origen judío-ruso Saul Bellow (1915- 2005) y no darse cuenta de que todo lo que existe pretende ser incluido en sus libros, sostiene el biógrafo y crítico norteamericano Jeffrey Meyers (Nueva York, 1939) en su artículo “El rey Saúl en su pompa y matices” (Standpoint magazine, octubre de 2018), quien, con el pretexto de reseñar la biografía The Life of Saul Bellow: Love and Strife, 1965-2005, a cargo del profesor de literatura inglesa en la Universidad de Roehampton Zachary Leader (Jonathan Cape, 2018), se ocupa de una sensibilidad que se adapta a lo mismo a la sinfonía que a la sonata o la fuga, composiciones más humildes, como demostró en sus últimas novelas, La verdadera, (1997) o Ravelstein (2000), nada menores.

En relatos tempranos como Herzog (1964), la perspectiva omnisciente de la narración decimonónica americana se alza para mirar de reojo al desorden del siglo XX a través del irónico disgusto. Acusado de solipsismo, (“El artista es un genio despreciado e incomprendido cuya sensibilidad lo separa y lo eleva por encima del resto de la humanidad filistea”, llegó a decir), no es cierto que todo su interés en el yo deje poco espacio en la página para el otro. Su interés por la propia identidad, la del judeo-estadounidense de lleno en la modernidad, no ocluye la naturaleza moral de su compromiso con las cuestiones que impulsan la mejor literatura: la mortalidad, la naturaleza del sufrimiento, la traición y la lealtad.

Para ello se desborda en diatribas apasionadas, salvajes e ingobernables, sagas como la ganadora del National Book Award El planeta de Mr. Sammler (1970) o El legado de Humboldt (1975) galardonada con el Premio Pulitzer en 1976. “Bellow creó y vivió inmerso en la turbulencia, prosperó en el caos, provocó conflictos y se inspiró en el cataclismo personal”, sostiene Meyers. Incombustibles, sus libros están propulsados ​​por la intensidad de las palabras y los sentimientos. Su extraordinario espíritu paródico fusiona la comedia y la tragedia, el cansancio del mundo y la nostalgia, la rabia y el amor, la indignación y la diversión.

La impaciencia, en definitiva, impulsa a producción del Premio Nobel de Literatura de 1976. Sus libros son tanto exploraciones del habla como del discurso que se dirige a la esencia del yo. Se compromete, no menos, con la historia de la literatura (“Sus novelistas favoritos fueron Dostoievski, Stendhal, Balzac, Flaubert, Dickens, Conrad, Dreiser y Fitzgerald. También admiró las sátiras de Wyndham Lewis”), al tiempo que desarrolla acertijos existenciales, psicológicos, filosóficos, lingüísticos y narrativos. La suyas son novelas de ideas, enigmas, tratados de epistemología. ¿Cómo sabemos lo que creemos saber? ¿Dónde reside la autoridad, cuál es el papel del escritor? El amor está presente, no menos que la política. Puede ser dulce al tiempo que desgarrador, siempre audaz y sobre todo increíblemente divertido.

Sevilla 2018

Jose de Maria Romero Barea
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