El gran arte II – La Piedad de Miguel Angel



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EL GRAN ARTE II.- LA PIEDAD Y MIGUEL ANGEL.

En el anterior artículo examinamos la obra de Edipo Rey de Sófocles. Concluíamos que la razón por la que es una de las mayores obras del ingenio del hombre, es que el material con el que trabaja el autor es el espectador, cuya psique, Sófocles esculpe con el terror y la piedad. Ese es el objeto del gran arte.

Hay pocos artistas, en la historia de la humanidad que logren semejante hazaña. Puede que Miguel Ángel, El Divino,  sea uno de ellos.

Examinemos la Piedad del Vaticano: La pietas para los romanos era el amor y la fidelidad que el hijo sentía hacia sus padres y por extensión, a su familia, a su historia y a su patria. Es una de las pasiones más violentas y arrebatadoras que puede experimentar el ser humano. Fue la virtud más valorada por los ciudadanos romanos, la que hizo de Roma un imperio. Se representa con la imagen del fundador mítico de Roma, Eneas,  huyendo de Troya en llamas, con los penates (dioses) familiares en una mano, su hijo de la otra y cargando sobre sus hombros, penosamente, con su  anciano padre. Era la imagen de la derrota y también la viva imagen de la piedad. Padres, patria, raíces (penates) y tribu, son el objeto de la piedad.

Salta a la vista que en la escultura de La Pietà del Vaticano de Miguel Ángel, deberíamos encontrar la piedad en la expresión del amor que el hijo debe mostrar hacia su madre. Pero el hijo está muerto. La estatua no puede expresar la piedad. La obra es ajena a esa pasión.

Al contemplar el rostro -bellísimo-  de la madre, con esa expresión de dolor sereno, el espectador se siente conmovido de un modo violento, doloroso y profundo: ¡Ahí está la piedad!  No está en la obra. Está en el propio espectador que reacciona ante el dolor de la madre. El material de trabajo del artista es el espectador, no la piedra. El mármol frío, la arrebatadora belleza de la escultura, no es más que un instrumento para trabajar el espíritu de quien la contempla, hundirse en su fondo y sacar de él uno de los sentimientos más intensos,violentos y sublimes del ser humano.

Miguel Ángel continuó toda su vida reflexionando sobre esta idea. Tras la del Vaticano esculpió la Piedad Palestrina, la Piedad Florentina y la muerte le sorprendió esculpiendo la de Rondandini, su última e inconclusa obra.

La Piedad de Rondandini, fue realizada 65 años después de esculpir la del Vaticano. Hay quien apunta que Miguel Ángel se esculpió a sí mismo en la figura del Cristo inerme, en los brazos de su madre. Si esto fuera cierto, Miguel Ángel habría ido mucho más allá de la pietas romana:

Escultor y a la vez esculpido, redentor y a la vez redimido, vivo con el cincel y a la vez muerto, inerme, sostenido por la madre, Miguel Ángel abre una ventana, para contemplarse (o contemplarnos) fuera del tiempo y del espacio. Quizás sea así como en realidad somos, o acaso,  como Dios nos ve.

Jose Luis Escobar

Ilustraciones: Piedad del Vaticano y Piedad de Rondandini.

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Jose Luis Escobar

José Luis Escobar, abogado segoviano radicado en Alicante, en su obra “La hija del Tiempo”, Ediciones Andante, ha urdido una trama de intriga para ponerla al servicio de una causa superior: la de reivindicar el pensamiento clásico griego como instrumento perfectamente actualizable para la forja de mentes despiertas y hombres y mujeres libres. “Existimos en la medida que movilizamos el pensamiento” y este bien inalienable del ser humano, su capacidad de discernir, encuentra en el legado clásico unas bases de entendimiento, un troquel psicológico que aísla al individuo de la confusión, la burla, el engaño, y lo acerca a la Verdad.

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