Geometría fractal: olivos milenarios que alzan las ramas al cielo



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Geometría fractal: olivos milenarios que alzan las ramas al cielo

Leonor María Martínez Serrano

universidad de córdoba

El olivo a tiempo sabe (Ediciones Rubeo, 2019), del poeta cordobés Manuel Molina González, toma prestado un verso de Miguel Hernández para regalarnos poemas que celebran los paisajes de ancestrales olivos que adornan las tierras andaluzas. En esta ocasión, el poeta reúne sus poemas en una cuidada edición, ilustrada magistralmente por Faustino Castillo Plaza, con prólogo de Joaquín Araújo y epílogo de Jesús Pozo, y con sendas colaboraciones de Flavia Totoro y Manuel Rubio Valverde. Esta multiplicidad de lúcidas miradas ofrece al lector una visión poliédrica de este primigenio árbol que nos da aceite, corazón palpitante de la dieta mediterránea. En todo caso, El olivo a tiempo sabe encierra una sutil y simétrica arquitectura en su interior. El poemario consta de ocho poemas, seguidos de un texto en prosa titulado “Aceituneras”, conmovedor homenaje a las mujeres que han recolectado aceitunas estoica y calladamente durante siglos, y una coda final. No menos hermoso es el diálogo que entablan los poemas de Manuel Molina con las ilustraciones de Faustino Castillo, que muestran las mil caras y recovecos de la morfología exacta del olivo, a veces metamorfoseado en figuras humanas, evocando, más o menos abiertamente, gestos, rostros y cuerpos desnudos de hombres y mujeres.

     Los ocho poemas iniciales dedicados al mar de olivos al que están acostumbrados los ojos del poeta homenajean, en primer lugar, las aceiterías de Priego de Córdoba y se detienen, seguidamente, en la etimología árabe de la palabra ‘aceite’, del árabe hispano azzáyt, que procede del árabe clásico azzayt, y este, a su vez, del arameo zaytā (p. 16). La etimología y acepción de ‘aceite’ y ‘olivo’ nos recuerdan, según el poeta, que las palabras viajan de unas lenguas a otras, como pone de manifiesto la definición de ‘olivo’ en español, latín, árabe y arameo en el poema “Las palabras, símbolo de poesía y paz”:

Olea: folia diuturna, coriacea, opposita, eliptica, integra, angusta, acuminata, viridia ac lucida per faciem et albida ex tergo.

Olivo: hojas persistentes coriáceas, opuestas, elípticas, enteras, estrechas, puntiagudas, verdes y lustrosas por el haz y blanquecinas por el envés. (p. 16)

     Y de la etimología al fractal. Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura más elemental se repite a diferentes escalas en el mundo que nos rodea. Se nos antoja que el olivar es la encarnación perfecta de la geometría fractal, tan prolífica y creativa en la naturaleza. Manuel Molina nos tiene acostumbrados a haikus de hermosa factura, como los que compone en esta ocasión para la secuencia titulada “Haikus de invierno en el olivar”, de la que destacamos algunas breves pinceladas de cómo el poeta traslada al código verbal la geometría fractal que encuentra de súbito en los olivares de invierno:

Cielo en tierra

y tierra en el cielo.

Espesa niebla. (p. 20)

Savia fecunda,

esparcida en flores.

Soñé aceite. (p. 22)

Sabor amargo,

hierbas y allozas verdes.

Zumo picudo. (p. 26)

Las aceitunas,

una elipse negra.

Zumo dorado. (p. 26)

Cielo azul:

disfrutan silenciosas

frondosas ramas. (p. 28)

Ágil y armónico

el aceite escanciado

riega el pan. (p. 28)

      Si el poema titulado “La historia, tan lejana” abunda en los míticos orígenes del olivo, presente de los antiguos dioses, como fue el caso de Atenea para con la ciudad de Atenas, –“Isis enseñó a recolectar, Atenea enseñó a recolectar; pero siempre varean las mismas manos” (p. 32)–, “El paisaje” pinta con palabras la geométrica precisión de los campos andaluces plagados de olivos –“Las ramas de olivo cargadas de fruto se peinan equilibristas jugando con el viento” (p. 34)– y “Los sabores” traza la anatomía exacta de la explosión de matices al paladar humano que encierra el fruto del olivo: “Aún extraña el amargo como sabor deleitoso; a veces también el amor se asemeja” (p. 38). “La recolección” es una verdadera joya en el centro mismo de El olivo a tiempo sabe. Aferrados al terruño a menudo seco y árido, los olivos centenarios han escuchado al ser humano hablar en multitud de lenguas y han sido testigos mudos de los distintos avatares históricos que han jalonado los siglos, desde la antigua Bética de la Hispania romana a los campos de olivos en la era del Antropoceno. En “La recolección” leemos versos de conmovedora simplicidad y tersa transparencia como estos:

¿Cuántas lenguas ha escuchado bajo su sombra el viejo olivo?

Otro año más, el olivar infinito y generoso ondea los frutos maduros. […]

Entre los duros y helados terrones una mujer musita, con ágiles dedos recolectores, una canción de amor. […]

Un racimo de aceitunas golpeado por el varillo. Vuelo de mariposas pasadas. […]

Arrastra un jornalero los fardos como si llegara de la mar. (pp. 40, 42)

     “La almazara” concluye, en fin, el ciclo de la aceituna con la molienda del fruto que es don inesperado del olivo, transmutado en líquido oro y sustento nutricio para el ser humano: “Ruedan monótonas sobre su eje tres gruesas piedras cónicas: primera molienda” (p. 44). Y es que El olivo a tiempo sabe no defrauda al lector sensible a uno de los paisajes predominantes en tierras andaluzas. Nadie como Manuel Molina ha vuelto una y otra vez, incansablemente, a la poesía que encierra el olivo, árbol ancestral, tenaz y generoso que nos acompaña en nuestras vidas y nos da de comer. Nadie como este poeta cordobés nos devuelve una mirada límpida y amorosa a los mares de olivos, que se yerguen majestuosos por doquier, aunque a menudo nos pasen injustamente desapercibidos.

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Leonor M. Martínez Serrano

Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Córdoba, es Profesora de Educación Secundaria desde el año 2000 y trabaja actualmente como Asesora de Formación del Profesorado del Ámbito Lingüístico en el Centro del Profesorado de Priego-Montilla (Córdoba) y como Profesora Asociada en el Departamento de Filologías Inglesa y Alemana de la Universidad de Córdoba. Sus ámbitos e intereses de investigación incluyen la literatura en general, la poesía (de diversas tradiciones y lenguas), la filosofía, la lingüística, la traducción literaria, la tipografía, el aprendizaje de lenguas y la educación en sentido lato. Ha publicado algunas traducciones, así como diversos artículos de crítica literaria en revistas académicas y de divulgación.

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