Haikus a Tres Voces, De Aurora Gámez Enríquez



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“Agua menudita llueve
pronto caerán canales.”
(de un fandango del desaparecido cantaor “El Sevillano”)

“Cuando viene, ¡eso es!
Cuando se va, ¡eso es!
Ir y venir suceden cada día…
Las palabras que ahora digo, ¡eso es!”
(de Musho Josho, que murió en 1306)

Una de las cosas a mi entender que ha de contener la Obra poética, si quiere aspirar a la esencialidad -elemento imprescindible de búsqueda en el decir lírico- es provocar en el lector la comunión entre lo escrito y lo que se lee. Que, aunque parezca idéntico no es lo mismo. Porque, entre ambos actos (el de escribir y el de leer) median tiempos diferentes, estados de ánimo disímiles, mayor o menor capacidad intelectiva… y una exuberancia de cosas que harán que lo escrito se interprete siempre, siempre, de una otra forma a la que originalmente provocó o sugirió al literato su escritura.
Pero, sabido es que esa es una de las grandezas de la literatura en general, pero muy especialmente de la poesía, que ha de ser gota de agua y mar, elemento concreto y a la vez universal; Uno y Todo en el sentir helénico de ambos términos; canto y llanto; sueño y realidad; “amorodio”, “lunasol”, “nochedía”, “vidamuerte”, “verbolibre”; “palabraacción” en su caso.
Antes de hablar sobre el libro que hoy nos reúne, “Haikus a tres voces”, y de su autora, Aurora Gámez Enríquez, deseo hacer un comentario sobre lo obvio: el desconocimiento de lo que nos rodea es tan grande, tan patente, que simplemente no sabemos Nada del mismo, por parodiar a Platón.
Absolutamente nada. Vivimos ciegos en el túnel de la ignorancia. Esa herramienta que mantienen siempre engrasada y presta a asesinar conciencias los detentadores del poder real, que desde luego no son los que ponen la cara en carteles electorales ni tampoco los elegidos en las urnas, ahora que padecemos los insoportables grillos de una alborada electoral, en este caso europea, pero que poco aportará a la fluorescencia de la verdad, dado que los ungidos, los regidores, los generadores de corrientes de opinión, de falsas expectativas, nunca salen en las vallas publicitarias con que epatan nuestras conciencias, sino que siempre están tras las bambalinas, contando las áureas monedas que perciben en prebendas o en “imperium”, por conservar encorsetados en inciviles rediles, al sufrido, abnegado y siempre desconcertado pueblo.
Su objetivo principal, el de todos ellos, es mantenernos entretenidos con el mediático circo, permitiéndonos comer sólo pan en su caso, o dejarnos morir de hambre -poco les importa- mientras que un uno por ciento de la población mundial, controla los recursos que debieran abastecer a la mayoría restante.
Pero, concretemos. Hay algo que nunca podrán manipular: el pensamiento libre que reside en la conciencia individual de los “poetas” y en la gnosis, en el conocimiento cabal del pueblo libre.
Me voy a entretener poco, como es mi norma, en la explicación de la bio y bibliografía de Aurora Gámez Enríquez porque está reseñada en el libro que presentamos y, en su caso, puede ampliarse en esa Nube llamada Internet, que empieza a ser el ojo de un dios pagano que a todos nos observa, nos contiene y nos manipula, y al que dedicamos más tiempo del necesario.
Andaluza, de Coín, Málaga. Bióloga, librepensadora, educadora, monitora, irredenta activista, ensayista, poeta, presidenta de la Asociación de Mujeres por la Literatura y las Artes, definido por el acrónimo ALAS, ejerce su actividad profesional en el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM).
Tiene editados “El nogal y el cielo”, “Del azahar era el valle”, “Monólogos desde mi balcón”, “Improvisado espejo”, “Haikus”, “Los márgenes del viento” (un libro colectivo), “Antología”, y “Haikus a tres voces”, el libro que hoy nos congrega.
Colaboradora de la Cadena Ser en diversos programas, ha recibido premios y distinciones no sólo por su labor como creadora sino por el reconocimiento a su dedicación profesional en defensa de los derechos inalienables de las mujeres, que tanto se cuestionan incluso en los países en los que el derecho positivo obliga a su cumplimiento.
Aurora Gámez Enríquez es una luchadora incansable, sabedora de que el camino es necesario iniciarlo pero que, al igual que el horizonte o el Universo, es ilimitado. El tiempo es una entelequia que nosotros imaginamos, que regulamos con instrumentos necesarios para el ejercicio responsable de aquellas cuestiones que asumimos como propias, pero todo resulta ser dinámico y lo que somos, sólo un leve tránsito en un continuo fluir heraclitiano.
Dije en la reseña que hice en prensa sobre el mismo, lo siguiente: con el haiku se intenta ver lo ordinario que nos circunda, lo cotidiano (que no vulgar, sino todo lo contrario), de una forma Ideal, integrado en un Todo que ordena el mundo en base a postulados naturales cuya génesis está en la luz, el aire, el agua…, en definitiva, en la vida que nos rodea y de la que queramos o no, formamos parte porque somos tierra.
Poeta sensible con la problemática social, como se ha dicho, pero que en momentos de recogimiento, se eleva oreada por la pureza de sus reflexiones mostrando el poso de una persona que sufre, que ama, que llora, que ríe, que se duele… elementos conformadores de la esencia del ser humano que, las más de las veces, escondemos por pudor o por miedo al otro, pero que ella resuelve abriendo las piernas, asentando el cuerpo en el suelo y alzando la voz para que el viento disemine las palabras por campos necesitados de abonos.
En palabras del crítico Yoel Hoffmann en su libro “Poemas japoneses a la muerte”, publicado en DVD Ediones, este dice:
“El haiku es probablemente la estructura poética más breve tanto de Oriente como de Occidente (…). Los haikus no riman; su única regla formal es que tengan un número determinado de sílabas. Las palabras no deben dividirse entre uno y otro verso; así cada verso se compone de una a tres. Aunque en un buen haiku puede haber más de una frase, siempre contiene una sola imagen poética. (…) Desde aproximadamente el siglo XVI, el haiku responde a tres grandes principios:

-describe un solo estado o acontecimiento.
-se escribe en presente.
-se refiere a imágenes que guardan relación con alguna de las cuatro estaciones.”

Aurora, no sé cómo, no sé por qué arcanos resortes de su “estar”, a pesar del conocimiento expreso que posee de los males que atenazan a la libertad en el mundo, de hecho y de derecho, aunque el respeto a los mismos estén incluidos en códices legislativos y Constituciones, Aurora, decía, siempre nos sorprende con esa beatífica figura de Buda femenina o hermafrodita, consustancial al ser inquieto y abierto a la recepción de la luz que habita en ella, y pareciera que siempre esté dispuesta a repartir preces, regalías líricas para satisfacción de los sentidos: Poesía, ambrosías de las que se alimentan los que habitan el Olimpo del conocimiento.
Pero, sin embargo, no nos llevemos a equívocos, en esa serena apariencia, se esconde un lobo dispuesto a morder, a sajar a dentelladas si hiciera falta, a todos aquellos que atentan contra los más necesitados de alivio, de consuelo y de cariño. De Amor con mayúsculas.
Cuando uno lee un haiku y lo comprende, que no es tarea fácil porque siempre expresa una mirada, un ínfimo instante como se ha dicho, es como si una luciérnaga se encendiera en la noche sombría, oscura y negra, ausente de conocimiento plausible, cierto, en la que transitamos.

El haiku ilumina. Tiene a mi entender mucho de sentencia, de máxima. Es nombre, nunca adjetivo. Es centro. Meollo. Núcleo.
Nace de una milenaria cultura que en Occidente nos hemos negado a reconocer por espurias razones geopolíticas y por la incultura de los que debieran cuidar, por mandato popular, la cultura: esa materia de la que, para desgracia del pueblo, nada saben en el ministerio de Cultura, ni les importa.
¡Como si el conocimiento tuviera fronteras! ¡Qué insensatos! ¡Qué desatino el de quienes nos gobiernan! En iletradas manos estamos y así nos va.
En la alpaca de seca paja, con excepciones de alguna hoja verde, que es la poesía actual en España, el hacedor de haikus se me antoja extraño rubí que nace tallado por el brillo de una pagana espiritualidad, la que implica el conocimiento de la Naturaleza: comunión suprema con lo primo, lo originario, génesis, principio y fin de todo lo que existe, los seres y las cosas: puro pensamiento de sentimientos hecho. Instante. Tiempo acotado: Vida en suma.
El libro “Haiku a tres voces” de Aurora Gámez Enríquez, publicado en la Editorial CELYA en edición bilingüe (español e inglés), con traducción de Alba Mª González Gámez, Thomas Yu Wang y Edwin Agustín Lozada, con ilustraciones de Carlos Esteve Secall, y un exquisito prólogo de Inmaculada García Haro, es un placer para los sentidos.

Paco Huelva
Abril de 2014

 

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Paco Huelva

Paco Huelva nació en Almonte (Huelva) en 1956 y emigró a Madrid con quince años. Graduado Social por la universidad de Granada. Ha desempeñado múltiples profesiones: camarero, militar profesional -durante catorce años-, librero, inspector de policía, gestor de emergencias…

Preocupado siempre por la problemática social, fue concejal en Aljaraque y diputado provincial por Huelva. Amante de la literatura, se define como un lector compulsivo. Ha publicado cinco libros y tiene otro en imprenta.

Es articulista de opinión del periódico “Odiel Información” de Huelva. Nombrado “Cronista de la villa de Almonte” en 2006. Actualmente es el Jefe del Servicio de Protección Civil y Director Provincial de Emergencias de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía de Huelva.

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