LOCKE: Ulises sigue vivo



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Por Salomé Guadalupe Ingelmo

Basta un momento, un solo error, para perder todo cuanto ha costado tanto construir.
Ivan Locke, ingeniero con una vida en apariencia resuelta, no duda: se ausenta del trabajo en medio de la mayor obra de su carrera y deja esperando a su familia frente al televisor, tras haber proyectado disfrutar de un ansiado partido juntos. Ivan conduce, solo, a través de la noche, rumbo a un hospital donde una mujer con la que únicamente se acostó una vez está apunto de dar a luz. Renuncia a estar donde desearía estar a cambio de hacer lo que considera que debe hacer. A pesar de que ello le cueste el despido y el divorcio.

El de Ivan es un viaje claustrofóbico y nocturno porque, en efecto, su protagonista se ve absorbido por un oscuro túnel que difícilmente permite esperar una salida realmente luminosa: incluso en el mejor de los casos, la vida que Ivan conocía ha sido destruida para siempre. Uno no puede cancelar las consecuencias de sus actos o palabras, aunque sí puede intentar compensar con los actos y palabras venideros. Sea como fuere, lo hecho, hecho está.

Ulises y las sirenas_John William Waterhouse-1Tendemos a confundir lo más provechoso con lo sensato y prudente. Así es de suponer que, como un profano San Antonio, Ivan Locke, a lo largo de ese viaje exterior a la par que interior, se viese tentado: tentado por las visiones de una vida cotidiana y tranquila, al margen de todos los problemas que su decisión está a punto de acarrearle. Y sin embargo él no cede al natural impulso de sustraerse a lo que considera sus obligaciones. Y no es porque su jefe o su esposa no le dejen muy claro lo que sucederá si no da marcha atrás. Se trata, sencillamente, de una cuestión de principios.

Pudiera parecer que nos encontramos ante una road movie de bajo coste. Pero Locke es mucho más. Sin duda, aun perteneciendo al género, se revela una película singular y del todo atípica. Se puede decir que en ella el viaje interior eclipsa totalmente al exterior. Porque está permanentemente, angustiosamente, presente.

Un único personaje en un ambiente tan angosto como un coche. Un protagonista que dialoga por turnos con los seres que pueblan una vida común, siempre por teléfono: la aterrorizada amante ocasional que está a punto de convertirle en padre, su decepcionada esposa ‒que descubre a través de ese mismo teléfono la traición‒, su ingenuo hijo, su desconcertado compañero de trabajo, su encolerizado exjefe… Y también, con su padre, cuyo abandono pesa como una losa sobre su inconsciente. Su padre que no estuvo cuando hubiera debido y que tampoco está ahora, pero hacia el que Ivan se dirige como si ocupara el asiento trasero del coche, como si no le dejara jamás. Porque, en efecto, esa ausencia ha estado tan presente que ha marcado su existencia: el adulto que fue un niño no reconocido sabe que no quiere infligir el mismo pesar en otra vida inocente, una vida que no tiene por qué pagar sus errores.

Siempre la ausencia-presencia de ese padre que marca las conductas a no seguir. Y lo cierto es que el protagonista, a pesar de lo azaroso de su viaje, no pierde el norte. Su brújula señala sin titubear en dirección al deber: hacia el hospital en el que una desconocida está apunto de dar a luz sola. No importa que ese hijo sea fruto de un error. Porque un adulto ha de saber responsabilizarse de sus errores afrontando las consecuencias.

Un guión muy sencillo para una pregunta muy compleja: ¿qué harías tú si hubieses de elegir entre la integridad y la conveniencia? Qué hacer cuando cometemos un error que pone en riesgo nuestros intereses: ¿seguir adelante fingiendo que no ha sucedido nada, o reconocer nuestra falta e intentar enmendarla? No nos encontramos, por tanto, ante una típica historia de triángulo amoroso. Ivan no renuncia a su famita y a su trabajo por una amante, sino por mantener su rectitud moral.

Diogenes sentado en su tinaja_Jean-L__on G__r__meLocke es una reflexión sobre la honestidad personal, la coherencia y el deber. Sobre la necesidad innata que el individuo siente de hacer lo que en su fuero interno estima correcto. Tengan esos actos las consecuencias que tengan. Dormir, quizá, bajo un puente o en un tonel como Diógenes –que con un candil buscaba infructuosamente hombres honestos–; pero hacerlo con sueño tranquilo, sin remordimientos, sin ser atormentados por las Erinias de la conciencia. En efecto Ivan, el hombre que está dispuesto a perder a su familia con tal de acompañar en el parto a una mujer que ni ama ni tan siquiera conoce –con la que en absoluto piensa establecer una relación– y de darle su apellido a un hijo nacido de un único desliz, el mismo que habiendo ya perdido su puesto de trabajo se empeña en dirigir hasta el final unas importantes obras por teléfono desde su coche, se revela un personaje marcado por el deber, la responsabilidad y el compromiso. Palabras que a muchos hoy parecieran venirles demasiado grandes. Y así Ivan, el anónimo Ivan, con su vida corriente e insignificante, de presunto villano se convierte en inesperado y modesto héroe. Porque puede que Ivan engañase a su esposa con otra mujer en una ocasión, pero no está dispuesto a vivir el resto de su vida engañándose a sí mismo; fingiendo que nunca pasó nada y que ese error no ha de tener consecuencias. Ivan no piensa esconder la cabeza bajo el ala. No piensa vivir avergonzándose de sus actos.

Locke es también una reflexión sobre uno de los principales miedos que desde su aparición sobre la Tierra ha acuciado al hombre: la incapacidad de gobernar su propio destino. La vida de su protagonista se derrumba, como de forma reveladora lo hace al tiempo la importante construcción que proyectaba, y que pareciera destinada a haberse convertido en el logro cumbre de su carrera profesional. Porque Ivan, irónicamente, trabaja en el sector del cemento. Algo que al fraguar parece indestructible, se revela frágil y se resquebraja irremediablemente. Él, tan meticuloso, habituado a proyectar siempre todo, no calculó bien las proporciones ni las consecuencias. Y es que el hombre cree vivir seguro, pero siempre hay algo que escapa a nuestro quimérico control.

Ivan, como los héroes de las antiguas epopeyas, zarandeado por el sino, avanza por un proceloso mar convertido en moderna carretera, a bordo de un automóvil que escasa seguridad puede ofrecer al anacrónico argonauta. Ivan no lucha contra elementos, monstruos o dioses, sino contra algo mucho más cotidiano y aterrador para el individuo contemporáneo. Pero se trata siempre de la misma vieja historia: los sempiternos miedos del hombre a no poder controlar su vida. El terror de sospecharse únicamente un juguete, que puede ser mimado o roto, en manos desconocidas. Y sin embargo Ivan no navega a la deriva; combate aún contra el infortunio. Porque aunque sabe que, vengan como vengan las cartas, la partida está perdida de antemano, también se aferra a ese as que nadie puede arrebatarle de la manga: el de haber permanecido fiel a su propia conciencia. La cuestión principal es que él no quiere convertirse en una marioneta en manos de sus temores, y decide tomar las riendas. Aunque ello suponga perderlo todo. Cualquier cosa a cambio de no sentir la culpabilidad. Porque él, a diferencia de su padre, sí tiene escrúpulos.

Locke continúa la antigua tradición de los viajes iniciáticos: el periplo exterior se revela alegoría de la búsqueda interior. Como en el Poema de Gilgamesh o la Odisea, a lo largo de ese arriesgado recorrido, su protagonista aprenderá –o confirmará– algo esencial sobre la naturaleza humana y sobre la pasta de la que él mismo está hecho.

FICHA TÉCNICA

Locke

Título original: Locke
Año: 2013
Duración: 85 min.
País: Reino Unido
Director: Steven Knight
Guión: Steven Knight
Música: Dickon Hinchliffe
Fotografía: Haris Zambarloukos
Reparto: Tom Hardy, Olivia Colman (voz), Ruth Wilson (voz), Andrew Scott (voz), Ben Daniels (voz), Tom Holland (voz), Bill Milner (voz)
Productora: Coproducción Reino Unido-EEUU; IM Global, Shoebox Films
Género: Drama psicológico
Web oficial: http://locke-movie.com

Premios
2013: Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes (fuera de concurso)

Estreno en Reino Unido el 14 de abril de 20114
Estreno en España el 22 de agosto de 20114

Ilustraciones:

Ulises y las sirenas, por John William Waterhouse
Diogenes sentado en su tinaja, por Jean-Léon Gérôme

Descargar (PDF, 301KB)

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