Los árboles que huyeron



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Alejandro López Andrada, Los árboles que huyeron, Córdoba, Berenice-Almuzara, 2018

El TIEMPO QUE HUYE, EL POETA QUE REVIVE

José Cenizo Jiménez

            Nueva entrega, tras el encomiable El viento derruido, de la que hicimos comentario, de Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque -Córdoba-, 1957), reconocido  escritor y poeta ganador de premios como el Ricardo Molina o el de Andalucía de la Crítica, de poesía, o el Jaén de novela, entre otros. Vive y trabaja en su comarca natal, la de los Pedroches, en la sierra cordobesa.

            De su anterior libro, citado, decíamos: “Precisamente de este entorno, de esta geografía física y humana hace un retrato entrañable, místico, espiritual, elevando a los sencillos paisajes rurales y a sus gentes modestas a la categoría mítica. Un eterno retorno a las raíces, una necesidad urgente de recordar lo que se ha perdido o va perdiendo es lo que hace que nuestro narrador escriba las páginas de este libro, tan peculiar, con el alma en cada expresión, poniendo la vida donde pone la sabia pluma”. Son palabras que sirven para adentrarnos en Los árboles que huyeron, una autobiografía de todo lo vivido y lo recobrado mediante la memoria selectiva y lírica en la infancia y juventud en ese marco mágico, único para el autor.

            Precisamente el riesgo de este libro de memorias era el del egocentrismo que poco pudiera interesar a los demás, el de la retahíla de banales experiencias quizá sólo trascendentales para el poeta, el de la petulancia al expresar lo que sólo tiene alcance en lo personal. Nuestro narrador supera estos riesgos con nota, alzando el vuelo de lo individual a lo general, sometiendo sus vivencias a una transformación, mediante la capacidad expresiva honda y atinada, desde lo anecdótico y local a lo universal y alcanzando los universales del sentimiento en torno a la vida, la muerte, el tiempo, las relaciones humanas, la ética, la nobleza, el sufrimiento, el amor, la búsqueda de la verdad, los sueños y los fracasos…

            Azul es un adjetivo que repite, como en libros anteriores, el autor, como símbolo de la plenitud, de la armonía, de la felicidad, ya se aplique al carácter de su mujer o a la franqueza y sencillez de muchos hombres y mujeres de su enclave de los Pedroches, sus familiares, pero también amigos o conocidos del pueblo.

            No le faltará a Alejandro un caudal de retórica a punto, en el buen sentido de la palabra, en el de recursos estilísticos, como el símil, la metáfora o la enumeración paralelística, que trascienden la mezquina realidad. Así, por ejemplo, sobre la vida nos dirá: “Al final, la existencia no es sino eso: un cúmulo de sucesos que coinciden de manera insólita y fortuita. Los días ocurren por encima de nosotros: son como faisanes sobrevolando ingrávidos el extraño horizonte de nuestra identidad” (p. 37).

Si nos agradó mucho El viento derruido, hemos de decir que, sobre todo en la primera mitad del libro, la dedicada a los años primeros de la vida del escritor, nos ha llenado su lectura aún más, sintiéndonos identificados en muchas ocasiones por ser también de un pueblo pequeño, Paradas, en la campiña sevillana, y de la misma generación de Alejandro. La parte dedicada a los años de adulto resultan, como nos ocurrió con la segunda parte de las memorias del poeta Javier Salvago, más anodinos, sin el encanto y el descubrimiento de los años de infancia y adolescencia. Como en el caso citado, casi seguimos la lectura más con el morbo de saber de quién ofrece mala impresión, por pedantes o altaneros (aquí de Javier Marías, de Abelardo Linares o de Carlos Castilla del Pino, por ejemplo) o cómo van las vicisitudes económicas familiares. Nada que ver, repetimos, con la magia de los primeros años y la universalización de los personajes del terruño.

Un libro, en suma, y en conjunto, que interesará a todo lector interesado e incluso necesitado de una literatura de memorias centrada en lo esencial y expresada con los mejores perfiles de nuestra lengua.

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Jose Cenizo Jiménez

José Cenizo Jiménez, Paradas (Sevilla), 1961. Licenciado y Doctor en Filología Hispánica. Profesor de Lengua y Literatura (E. Secundaria). Ha sido profesor de la Universidad de Sevilla durante 14 años (Facultades de Filología y de Ciencias de la Educación). Coordinador del Programa de Doctorado de la Universidad de Sevilla “Estudios avanzados de Flamenco” de 2012 a 2014. Crítico literario (www.papel-literario.com…, Renacimiento, Archivo Hispalense, Luz Cultural, Clarín, Anthropos…). Autor de libros sobre la poesía de Rafael Porlán, Javier Salvago, Manuel Gahete, entre otros. Investigador de Flamenco, con libros sobre la copla flamenca y su didáctica, Antonio Mairena, Miguel Vargas, la alboreá y la petenera, etc. Expresidente de la Tertulia Flamenca de Enseñantes “Calixto Sánchez” de Sevilla. Miembro del Jurado del Compás del Cante 2016.
Foto de Paco Sánchez
https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Cenizo_Jim%C3%A9nez

Un comentario a “Los árboles que huyeron”

  1. Juan dice:

    Atinada y juiciosa reseña de José Cenizo, que acierta, como en todas sus reseñas, a despertarnos el deseo de leer el libro del que nos habla con inteligencia y emoción.

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