Paula Lobato Díez. Ninguna comparación es buena



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Ninguna comparación es buena

Eres
Yoko Ono,
demasiado acaparadora.
Courtney Love,
oscura y ponzoñosa.
Nancy sin Sid,
llevas la destrucción
dentro.
No eres
Cleopatra,
eres la serpiente
que la inmortalizó.

Eres
todas las mujeres
de Sabina.
La Diana de Michael,
sucia.
La trenza de Rapunzel,
por la que amantes
se despeñarían.

No eres Helena
sino Paris;
verdadero culpable
pasado por alto
a lo largo de los siglos.

Eres
la hija bastarda
de Eva;
el zorro que el Principito
nunca pudo domesticar.
Eres el ardiente infierno
que cruzó Dante
pero en el tuyo
no hay Beatrice
al final.

Eres Ginevra;
dejaste a Arturo
por un extranjero
y le giraste la cara
a la Luna.

Eres todas
las mujeres del mito
pero además,
el sustento
de toda mi lógica.

 

Eres mito

Las mayores aventuras
ocurren en tu cama.
El mundo que acecha
tras nuestra bóveda de sábanas
nos enfrenta,
es frío y peligroso.

Entre almohadas se abre
un fuerte
donde luchan indios y cowboys,
tus piernas son dos ríos
que evocan una nueva edad de oro.

Cada beso contiene la magia
que colma los cantares medievales,
en tus pechos se libran
las más cruentas cruzadas
por este amor masón tan bien oculto.

Con tu aliento le insuflas vida
a esta mujer
de barro.
Por tus clavículas
los más famosos escaladores
luchan por hacer cima.

Tus manos abrigan
como una lámpara
a su genio.
Tú, con solo frotarme
haces magia con mi deseo.

Hay un viento violento
que azota por el costado,
vienen dragones alados
al compás de tus lentos
movimientos.

Soy escriba de tu cuerpo
en tu papiro translúcido
leo los restos más puros
del Nilo.

De las persecuciones de Jasón
salió una gran historia,
escrita en el pergamino
de tu piel
dorada.

Drogada por el opio
de la ensoñación
de tus ojos
te siento.

Para qué abandonar
el calor de este nido
si fuera la vida corrompe.

Mejor me quedo contigo
allí donde la fantasía
está al alcance de mi mano.

Donde con tocarte,
se escriben
los mejores libros.

 

Sopla mis brasas

Y que no quiero que venga el destino
a vengarse de mí.
Y que prefiero la guerra contigo
al invierno sin ti.

Ganas de – Joaquín Sabina

Cómo puede el vacío sentirse tan colmado
de agujas, carbón y brasas;
que bordan y remachan en mis tejidos
cenefas con tachuelas de lo enterrado.

No noto yo tan yermo este hueco mío
entre los restos del amor que hoy zanjas
crecen a ritmo de réquiem
brotes ennegrecidos
a  los pies del volcán
de los corazones sombríos.

Vacíos como mi fondo,
como si del mismo infierno se tratara
habitan mis pensamientos
mano a guante con el frío.

Ese hielo que congela el tiempo
y me hace crecer zarzas alrededor del cuerpo.
Suben las enredaderas y las rosas
con sus vestidos de pinchos
hasta que clavan bandera
en los cráteres de mi pecho.

Con cada herida reabierta me acerco
con pequeños pasos ingrávidos
al que creo más grande:
tu aliento soplando en mi cuello.

Afortunada soy de que un buen día
alguien me enseñara a escribir;
que me traigan al demonio ahora mismo
y le firmaré con hiel negra y no tinta
todos los papeles que se le antoje exigir
con tal de que me permita
volver a acariciar tu piel.

El plasma y los glóbulos de colores
serán los materiales de mis rimas
para darle una mano de pintura
al Berlín (muy al) este de mi vida.

Ya no huelo
no escucho
no veo.
Mis sentidos solo reaparecen
cuando consigo dormir un rato,
pues no hay realidad entonces que me impida
absorberte gota a gota;
que entres en mis venas y bombees
lo que ya no es mío por contrato.

Quemaste mis ilusiones con los cigarrillos de la confianza
me he arrancado las costras a tiras
y como fanática del dolor
aquí te sigo esperando.

Yo te eché y ahora te llamo de vuelta;
por favor regresa antes de que se sonrojen mis quemaduras.
Vuelve a mi lado e incéndiame,
haz de tu mejor obra pirómana
nuevos besos sobre mis lunares.

Desde este satélite ya conquistado
todas mis constelaciones se despliegan ante ti.
Sondea mi espalda
y aluniza en mi hombro izquierdo.

Quédate allí a vivir,
solo un poco más arriba
del Sol que alimenta todo mi universo.

 

Paula Lobato Díez y a mis 20 años curso el grado de Estudios Ingleses en la Universidad Complutense de Madrid. Desde una edad muy temprana sentí una gran pasión por el arte en todas sus formas, puesto que es un vehículo de expresión indispensable para mí. Fui finalista durante mi educación primaria en un concurso de relatos organizado por la Comunidad de Madrid y desde aquel día no he dejado de escribir. Colaboro en seminarios de literatura en mi facultad y pese a que nunca he visto mis obras publicadas, las cuales pertenecen a mi poemario Mujer de agua y muerte, escribo por propia necesidad y disfrute.

 

 

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