Pedro Páramo, de Juan Rulfo



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La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía. Víctor Hugo

PEDRO PÁRAMO, De JUAN RULFO

Pedro Páramo es una novela corta. La primera y única del autor, también es extraordinario El llano en llamas, una colección de cuentos de este mismo escritor.

En la novela narra dos historias que se van entrelazando de una forma original, con digresiones. Con una serie de idas y venidas cuenta los sucesos de un hombre llamado Juan Preciado, quien llega al pueblo llamado Comala en busca de su padre: Pedro Páramo. Su madre muerta le dejó el encargo de pedirle cuentas por los años de abandono; otro hilo conductor de la historia es la del mismo Pedro (su padre) cacique y déspota.

La obra se encuadra dentro del género novela revolucionaria y realismo fantástico. Dentro de este género está también la famosísima novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, pero he elegido este libro porque es menos popular y no de menos calidad que el anterior, es uno de las novelas cumbre de la literatura castellana. El mismo Gabriel García Márquez señaló que cuando leyó Pedro páramo le produjo tanta conmoción que no la recordaba igual desde que disfrutó de la lectura de La metamorfosis de Franz Kafka.

En el libro encuentras ingenio, imaginación, sutileza. Son de los que te elevan, te hacen soñar, te transportan y aumentan tu creatividad. Te hace volar igual sobre un desierto que sobre un campo de flores embalsamado de frescos aromas. Solo un genio puede tener esa imaginación, esa sensibilidad. Lo que traslada a las páginas lo ha tenido que mamar de su entorno (tías, abuelas-os, padre, madre), se ha empapado en su infancia, en su juventud… ha madurado las ideas y las ha plasmado. Habla de los muertos y de los espíritus de forma natural, no le da pompa… tal como lo hubiera escuchado una y otra vez de sus ancestros.

Tanto en la revolución como en el realismo fantástico refleja su cultura y nos habla de su tierra. Esas exclamaciones, esas exageraciones, esa desbordante creatividad… no tiene miedo al ridículo… habla de lo que siente y de lo que se le figura. Tiene un repertorio amplio de palabras, tal vez, porque no se para a elegir la palabra justa, la palabra adecuada, la palabra perfecta… sino la que le sale del corazón (esto lo he observado en muchos escritores latinos).

La novela es para ser leída una y otra vez y disfrutar de todos sus detalles. Hay estrofas que son pura poesía:

–Dormía acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce, dando golpes duros contra su carne blanda; sumiéndose, sumiéndose más, hasta el gemido.

– ¡Qué largo era aquel hombre! ¡Qué alto! Y su voz era dura. Seca como la tierra más seca. Y su figura era borrosa, ¿o se hizo borrosa después?, como si entre ella y él se interpusiera la lluvia. “¿Qué había dicho? ¿Florencio? ¿De cual Florencio hablaba? ¿Del mío? ¡Oh!, por qué no lloré y me anegué entonces en lágrimas para enjuagar mi angustia. ¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo liviano sostenido y suelto a suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré de ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”

Es tan alta su sensibilidad escribiendo que penetra perfectamente en los pensamientos y en el alma de la mujer. Esto es muy difícil, como también lo sería si una mujer consiguiera introducirse de esa forma en el interior de los sentimientos de un hombre y lograra plasmarlos.

Para los cinéfilos: ha tenido varias adaptaciones al cine, la primera dirigida por Carlos Veto y protagonizada por John Gavin.

Desnuda soy, desnuda digo: soñadora.

Mª Loreto Sutil Jiménez

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