Vacunas para las Américas. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Balmis, en 1803



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Vacunas para las Américas.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Balmis, en 1803

Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia.

 Alexander von  Humboldt.

La viruela era una de las enfermedades más mortales que se conocían en tiempos pretéritos y también, la única enfermedad que ha sido erradicada con la vacunación masiva.

La viruela se transmitía por un contacto cercano con las llagas o las gotitas emitidas por la respiración de una persona infectada. La ropa de cama o prendas de vestir contaminadas también podían transmitir la enfermedad. Un paciente seguía siendo foco infeccioso, hasta que la última costra se separaba de la piel.

Los síntomas de una infección producida por el virus Variola major comenzaban con una fiebre alta y un letargo de unas dos semanas después de haber estado expuesto al contagio. Otros síntomas comunes eran: dolor de cabeza, dolor de garganta y vómito.  En la segunda fase aparecían erupciones como ampollas en la cara y el cuerpo, se producían llagas dentro de la boca, la garganta y la nariz, y también crecían pústulas llenas de líquido,  estas pústulas se extendían por grandes zonas de la piel.

En la tercera fase, aproximadamente hacia la tercera semana de la enfermedad, se formaban costras que se separaban de la piel.

El virus de la viruela se cebaba fundamentalmente en niños menores de diez años, aunque atacaba a cualquier edad. Muchos de los que sobrevivían -su mortalidad era del 30%- quedaban ciegos y con rostros marcados de por vida. Una forma más rara producía hemorragias y era tan letal como el Ébola, matando al 90% de los infectados.

 En el siglo XVIII  era una pandemia que  mataba cada año 400.000 personas. En solo un siglo habían caído cinco reyes, víctimas de diarreas salvajes y hemorragias letales.   Al enfermo lo dejaba un cadáver lleno de úlceras.

El gran éxitos de la vacuna contra la viruela encauzó la reducción gradual de casos de viruela El último caso de viruela en Estados Unidos fue en 1949 y  el último caso de viruela del mundo ocurrió en Somalia 1977. La OMS declaró la enfermedad totalmente erradicada en 1980. Se daba así carpetazo a una de las enfermedades más letales de la historia.

 

Historia

HISTORIA DE LA VACUNACIÓN

Edward Jenner descubrió que las campesinas que ordeñaban las vacas eran inmunes, pues las protegía el contacto con el pus de las ampollas de las ubres de las vacas que eran portadoras del virus de un tipo de viruela bovina, menos agresiva que la humana. El investigador británico tuvo entonces la ocurrencia de inocular en los brazos de un niño el pus de una lechera infectada, sin que sufriese más que una fiebre. Pero luego practicó una incisión en la piel del pequeño, introdujo el polvo de las costras de la viruela y cerrar el corte.

¡Y funcionó! Aquel niño ya era inmune a la viruela, aunque lo curioso del hallazgo es que no hacía falta inocular directamente el pus directamente del ganado, sino que podía hacerse de persona a persona.

 La inmunización con viruela bovina era una técnica relativamente fácil de realizar, no ocasionaba riesgo de muerte ni era foco de contagio. Pese a sus ventajas, encontró resistencia tanto por parte de médicos celosos del éxito de Jenner como de la Iglesia y de grupos antivacunas, que lo consideraban un sistema contranatura.Los obispos veían la vacuna contra la viruela como una oposición a los designios del Señor. Vacunarse fue durante mucho tiempo pecado.

No obstante, su efectividad se impuso pronto a las injurias y supersticiones.

Jenner publicó finalmente sus trabajos en 1798, y ya en diciembre de 1800 la vacuna había llegado a España. Eso en un tiempo en que las noticias viajaban a caballo o en barco de vela, da una imagen de la gravedad de las circunstancias.

Rápidamente el método de Jenner se difundió por Europa y el doctor Francisco Javier de Balmis tradujo al español el libro del francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe, donde se detallaba el procedimiento para vacunar y llegó a ser médico personal del Rey Carlos IV.

Cinco años después de la publicación de este descubrimiento, en 1803, el rey de España Carlos IV, que había perdido a una de sus hijas por la viruela, María Teresa  de 3 añitos, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar (América y Filipinas).

El elegido para esta misión fue Balmis, que partió de La Coruña con los veintidós niños que iban a llevar el fluido vacuno en sus brazos hasta América, y 2000 ejemplares del libro sobre la vacuna, para establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación a las generaciones futuras.

Era la primera vez en la historia que se preparaba lo que ahora llamaríamos una misión humanitaria de medicina preventiva, y que significó uno de los primeros pasos para la erradicación de la enfermedad a escala mundial hasta el mismo Edward Jenner llegó a afirmar : ” Que no se imaginaba que los anales de la historia nos proporcionen otro ejemplo de filantropía tan noble y extenso como éste” . Se trataba de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Balmis“.

Aquella expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806. Su objetivo era que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.

 

LAS DIFICULTADES DE LA COLOSAL EMPRESA

Uno de los principales problemas que se presentaron a la hora de idear la expedición fue cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado.

El transporte de un fluido tan delicado como la vacuna de un continente a otro, en penosas travesías marinas que duraban meses, sin electricidad para mantener la cadena del frío, se antojaba insuperable. La solución se le ocurrió al mismo Balmis: llevar en el viaje a cierto número de niños, e ir pasando cada cierto tiempo la vacuna de uno a otro mediante el contacto del fluido de las pústulas. O sea, que los pequeños portaban en sus brazos la salvación. Otros intentos previos habían fracasado, porque los antígenos no se conservaban durante una larga travesía.  Ya había habido otros intentos llevando antígenos secos y vendiéndolos al virrey de Nueva España y a los obre y familias ricas de allí, pero eran falsas. La orden de Carlos IV con Balmis eran vacunas para todos. Vacunación masiva y universal y gratis

“ La viruela llegó a América en nuestros barcos y la curación llegará también en nuestros barcos”

Llevar vacas hubiese sido una locura: podrían sobrevivir al océano, pero los caminos se les harían cuesta arriba. “Para llegar a la población más desperdigada, el ganado era un incordio. ¿Cómo iban a atravesar, los Andes? Habría sido un viaje lentísimo y podrían morir por el camino, mientras que los niños se desplazaban mejor y garantizaban una mayor eficacia”.

El uso de huérfanos como correo resultó una idea tan ingeniosa que incluso hoy en día sorprende a los expertos. Charles Arntzen, investigador pionero de la Universidad de Arizona que explora nuevas formas de vacunas biotecnológicas inyectadas en alimentos y plantas para superar la cadena del frío, lo considera una “idea fascinante” para la época. Aunque ahora eso de utilizar a niños como cobayas humanas, tanto esta expedición como los experimentos de Jenner, hay que mirarlo con los ojos de principios del siglo XIX.

Los niños de corta edad resultaban idóneos ya que la vacuna prendía en ellos con más facilidad; con una lanceta impregnada del fluido se les realizaba una incisión superficial en el hombro y unos diez días después surgían un puñado de granos (los granos vacuníferos) que exhalaban el valioso fluido antes de secarse definitivamente. Era el momento de traspasar la vacuna a otro niño.

Tres siglos y cientos de miles de muertos después de que los propios españoles llevaran la viruela a América, la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna se convirtió en uno de los grandes hitos médicos de la humanidad. Balmis pasó a la historia como salvador de millones de americanos y filipinos.

 

Vacunas para las Américas.
La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Balmis, en 1803

SITUACIÓN DE LOS HOSPICIOS EN 1800. 

Todavía hoy pueden leerse en los muros de los antiguos orfelinatos inscripciones como ésta :

“Mi padre y mi madre / me arrojan de sí. / La caridad divina / me recoge aquí”.

En aquel tiempo, A Coruña contaba con unos 15.000 habitantes y su área de influencia unas 5000 más. En la inclusa coruñesa, abierta en 1793, se recibían unos 100 niños al año, que en su mayoría se distribuían en familias de acogida o eran enviados a Santiago de Compostela.

En la inclusa se encargaban del cuidado directo de solo unos 30 niños, pues contaban con muy escasos fondos. La vida diaria de este establecimiento se describe en el libro: a pesar de los escasos recursos disponibles, se ve que los niños parecían tener, al menos, algunas de las necesidades básicas más o menos cubiertas.

“Cada semana, entraban dos niños por el torno. Hablamos de cien bebés al año, que eran dados a lactar al poco de llegar y regresaban a la inclusa cuando cumplían siete”. Entonces, se hacían cargo de ellos hasta los trece o catorce, cuando las familias bien adoptaban a los más “espabilados”. Otros eran encomendados a artesanos —“quienes probablemente no los tratarían con mucho cariño”, especula López Mariño— y “al resto, vía”, aunque muchos se enrolaron voluntariamente como tamborileros del Ejército y empezaban ahí después como soldados.

Las nodrizas que les daban de mamar recibían treinta reales al mes hasta que los pequeños tenían tres años y, durante los cuatro siguientes, las de segunda clase cobraban veinte reales por su manutención. “Aunque es posible que, durante ese tiempo, realizasen tareas domésticas, al igual que los propios hijos. Pero algunos nacían con tiña, sifílicos, malnutridos … y ni las nodrizas los aceptaban, lo cual era una sentencia de muerte para el pequeño.

Cuando volvían al orfelinato, les enseñaban a leer y a escribir solo a los niños, pues no se consideraba necesario enseñar a las niñas que debían aprender a hacer calceta y a coser. La intención eraque  aprendiesen los cimientos de un oficio y no quedasen expuestos a la calle y a la mendicidad cuando tocara  dejar atrás la inclusa sobre los 13 años.

 

 ISABEL ZENDAL, RECTORA DE LA CASA DE EXPÓSITOS Y NIÑOS ABANDONADOS DE A CORUÑA

Isabel era pobre de solemnidad. Nació en una aldea  Santa Marina de Parada, A Coruña,  hija de campesinos muy pobres, su madre murió de viruela.

Hoy sabemos que era madre soltera y han aparecido los papeles de cómo se le amplió la paga que recibía ( una parte, en especie) para su hijo. La confusión viene de que el propio Balmis le proporcionó tras el viaje papeles de que era su hijo adoptivo, consiguiendo llegar a América como una mujer sin mancha“.

Isabel partió hasta La Coruña para emplearse en el servicio doméstico, nos cuenta Antonio López. “Trabajaba en la casa de un riquísimo comerciante local, Jerónimo Hijosa. Era el más importante financiador privado del Hospital de Caridad, gestionado por la Congregación de los Dolores. La Casa de Expósitos era una de sus secciones, junto con el hospital para pobres y el cuarto para partos secretos. Su colocación como rectora pudo producirse gracias a que Hijosa avalase la calidad humana de Isabel, pero la Congregación, de no contar con informes favorables de otros vecinos y del párroco, nunca la hubiese aceptado por ser madre soltera”..

El periodista Antonio López Mariño descubrió su identidad y el escritor Javier Moro noveló su historia. sobre nuestro ángel -enfermera. “Isabel fue un pilar fundamental de la mejor aportación de España a la historia de la Humanidad. Pero para apuntarse esta gloria hay que asumir la esencial trascendencia de dos piezas de esta epopeya: una madre soltera, hija de labradores pobres de solemnidad; unos niños abandonados -el escalón más desfavorecido de la sociedad-, en el torno de una inclusa, en un portal de casa rica, en un transitado cruce de caminos o a la puerta de un convento, por sus propios padres”.

Isabel Zendal se hizo cargo del hospicio en los primeros meses de 1800.

Allí  fue donde la conoció Balmis y como nuestra enfermera se convirtió en responsable de sacar adelante a los niños expósitos y terminó embarcando en la corbeta ‘María Pita’ para llevar la vacuna de la viruela hasta América y Asia. “Fue seleccionada porque era la mujer, a mano, con más experiencia en el trato y cuidado de niños expósitos” dijo de ella mismo Balmis.

 El 30 de noviembre de 1803 partió del puerto de A Coruña a bordo de la corbeta María Pita Comenzaba la travesía de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. con un sueño: viajar alrededor del mundo para hacer llegar la vacuna contra la viruela, la enfermedad que más seres humanos había matado a lo largo de la historia, a las colonias españolas del Nuevo Mundo, cruzando después el Pacífico hasta el continente asiático.

Junto a Isabel Zendal embarcaron 22 niños, de 3 a 9 años, todos niños, 18 de la Casa de Expósitos de A Coruña más cuatro procedentes de Madrid, había siete con solo tres años. Además, uno de ellos, Benito, era su hijo.

A Balmis le pareció que sería interesante que los cuidara durante el viaje y la contrató, así  dio casi la vuelta al mundo con sus niños.

El Primer destino era Puerto Rico, aunque hizo escala en Tenerife de donde marchó el 6 de enero de 1804 llegaron a Puerto Rico el 9 de febrero, después de más de un mes de travesía atlántica. De esta isla parten hacia La Guayra, en Venezuela, con tres niños más y, después, hacia La Habana con otros seis niños. Llegan con 27 niños, 21 españoles y seis venezolanos.

Los niños de La Guayra y Puerto Rico , una vez acabada la vacunación, volvieron a sus lugares de origen. Para llegar a México, Balmis no encontraba niños adecuados y  en Cuba compró  tres esclavas negras, las únicas niñas que participaron en el viaje de la vacuna, a las que se añade un tamborcillo del Regimiento de Cuba que solicita su traslado a México y se le concedió.

En Venezuela la expedición se había dividido y una parte, dirigida por el cirujano José Salvany y Lleopart, también natural de Alicante, viajó por Colombia y el resto países costeros al Pacífico de América del Sur, distribuyendo la vacuna. El Doctor Salvany murió de tuberculosis en Cochabamba en 1810.

Balmis, mientras tanto, siguió en México organizando el paso del Pacífico hasta Filipinas. La “María Pita” ya había regresado a España desde Veracruz y Balmis contrató el “Magallanes” y en él partieron de Acapulco el 8 de febrero de 1805, con 26 huérfanos recogidos en México.

 

LA EXPEDICIÓN POR EL PACÍFICO

El viaje para atravesar el Pacífico duró 50 días.

Distribuyó la vacuna en Filipinas, con ayuda de la iglesia local, Isabel Zendal volvió  a Puebla (México) con su hijo.

Balmis pasó a China logró llegar a las costas de Macao en un frágil junco chino con tres niños huérfanos en sus brazos, que contenían en sus cuerpos una valiosa vacuna contra las viruelas. El gran médico que ya superaba los cincuenta, se había salvado de milagro. El barco portugués de alquiler que le condujo hasta aquella penúltima etapa de su largo viaje había sido destruido por un tifón, llevándose la vida de 20 hombres. Pero su voluntad de hierro le permitió seguir adelante hasta el final. “En el momento, arrostrando los eminentes riesgos de piratas y ladrones chinos que inundan estos mares, verifiqué mi desembarco en una pequeña canoa, llevando en mis brazos a los niños, con lo que aseguramos nuestras vidas y la preciosa vacuna”, escribiría después en una carta.

 Viajó por varias provincias chinas y llegó hasta Cantó, entonces colonia portuguesa.

Reembarcó en el “Magallanes” y volvió a Filipinas y, ya de vuelta a Europa, contrató al barco portugués “Bom Jesus de Alem” en el que viajó hasta Lisboa.

En el Atlántico  pasó cerca de la isla de Santa Elena, posesión británica consiguiendo el permiso para desembarcar y vacunar a sus habitantes.

Por fin volvió a España el 14 de agosto de 1806 y fue recibido y felicitado por el Rey Carlos IV, en La Granja de Aranjuez, el 7 de septiembre.

Murió en Madrid en 1819.

 

¿QUÉ FUE DE LOS NIÑOS HUÉRFANOS DE LA EXPEDICIÓN BALMIS?

  Conocemos sus nombres, se llamaban:

Benito Vélez, de nueve años, y Andrés Naya (8 años), Antonio Veredia (7 años), Cándido (7 años), Clemente (6 años), Domingo Naya (6 años), Francisco Antonio (9 años), Francisco Florencio (5 años), Gerónimo María (7 años), Jacinto (6 años), José (3 años), Juan Antonio (5 años), Juan Francisco (9 años), José Jorge Nicolás de los Dolores (3 años), José Manuel María (6 años), Manuel María (3 años), Martín (3 años), Pascual Aniceto (3 años), Tomás Melitón (3 años), Vicente Ferrer (7 años), Vicente María Sale y Bellido (3 años) y un niño más que falleció durante el viaje.

Cada niño recibió un hatillo que contenía dos pares de zapatos, seis camisas, un sombrero, tres pantalones con sus respectivas chaquetas de lienzo y otro pantalón más de paño para los días más fríos. Para el aseo personal: tres pañuelos para el cuello, otros tres para la nariz y un peine; y para comer: un vaso, un plato y un juego completo de cubiertos.

Como han escrito algunos autores, esta Expedición fue “una campaña de salud pública de proporciones gigantescas, la primera expedición sanitaria de carácter mundial, el primer programa oficial de vacunación masiva realizado en el mundo y la primera campaña intercontinental de educación sanitaria.

López y Pedrido también encontraron los registros de los huérfanos gallegos en los Libros Reservados de Expósitos de Santiago y La Coruña aportando nueva información sobre su edad y procedencia.

De lo penoso y duro que fue aquel viaje y los posteriores que se hicieron por América, ha quedado constancia histórica, aunque queda mucho por investigar. Seis de los galleguitos tenían solo tres años de edad.

Hay constancia las quejas en las cartas de Balmis porque no se les dio en adopción como les prometieran. Hay dos, en concreto, al ministro Caballero, quejándose por ello.

 Los niños más pequeños lo consiguieron, los mayores fueron a las escuelas patrióticas, pero a todos se les perdió la pista.

Balmis se preocupó por los niños de manera especial en México, hizo todas las gestiones  pertinentes para que fueran alojados en una residencia adecuada y no en la casa de expósitos de la ciudad. También se preocupó para que fueran educados correctamente.  A pesar de ello, el destino de la mayoría de los niños que hicieron posible la expedición de la vacuna sigue sumido en la oscuridad de la historia.

Los niños deberían ser bien tratados, alimentados y educados, «hasta que tengan ocupación o destino con que vivir, conforme a su clase, y devueltos a los pueblos de su naturaleza, los que se hubieren sacado con esa condición», rezaban textualmente las normas de la Real Expedición, que luego, en ocasiones, se incumplieron. A cada uno de ellos se les procuraron ropa y sus correspondientes mudas tanto de verano como de invierno, dos pares de zapatos, pañuelos para el cuello y la nariz, un sombrero, un peine y un juego completo de cubiertos y platos.

Fueron los grandes olvidados, porque además de niños, socialmente se les consideraba lo más bajo: ilegítimos, abandonados nada más nacer en tornos de conventos, puertas de iglesias o establos… o huérfanos de padre y madre, fallecidos quizá por una enfermedad contra la que iban a combatir sin saber cómo.

Ninguno volvió a España.

En todo caso, como España vivía una época terrible y tormentosa que derivó en la Guerra de Independencia; algunos investigadores aseguran que su futuro aquí en España, habría sido aún más incierto.

Sí se tiene noticias  de uno de ellos: el expósito llamado Francisco Antonio llegó a ser abogado y profesor de leyes en la Escuela de San Juan de Letrán, en Ciudad de México.

Televisión Española  filmó la película 22 ÁNGELES , dirigida por Miguel Bardem y protagonizada por María Castro.

También tenemos abundante literatura, por ejemplo, Javier Moro publicó la novela A flor de piel (Seix Barral)

Almudena de Arteaga, Ángeles Custodios (Ediciones B);

María Solar escribió la novela juvenil Los niños de la viruela (Anaya), cuya edición en gallego, Os nenos da varíola (Galaxia) ganó el Premio Fervenzas Literarias en 2017.

 

 PELÍCULA COMPLETA DE 22 ÁNGELES

https://www.youtube.com/watch?v=6rSpMVsaj4I

 María Teresa Bravo  Bañón

  FUENTES SOBRE ISABEL ZENDAL1.- Reportaje sobre la figura de Isabel Zendal, publicado en la revista Enfermería en Desarrollo. Lee el contenido en este enlace de nuestra web.

2.- Artículo de Javier Moro sobre su novela “A flor de piel”, sobre Isabel Zendal. Puedes leerlo en nuestra web, aquí.

3.- Artículo de la directora de la revista, Yolanda Núñez Gelado, sobre Isabel Zendal. Puedes leerlo en nuestra web, aquí.

https://www.enfermeriaendesarrollo.es/en-sociedad/384-antonio-lopez-marino-isabel-zendal-y-los-ninos-expositos-participaron-en-la-mejor-accion-humanitaria-que-jamas-protagonizo-este-pais

LIBRO  ISABEL ZENDAL EN LOS ARCHIVOS DE GALICIA. DESCARGA GRATIS

http://www.parlamentodegalicia.es/sitios/web/Publicacions/Libro_Castellano_Isabel_Zendal.pdf

 BIBLIOGRAFÍA

BUSTOS, Jorge, Vidas cipotudas: Momentos estelares del empecinamiento español, La Esfera de los Libros, 2018, 256 pp. ISBN 8491642331, 9788491642336

  • LUDERT, Juan Ernesto, PUJOL, Flor H., ARBIZA, Juan, Human Virology in Latin America: From Biology to Control, Springer, 2017, 474 pp. ISBN 3319545671, 9783319545677
  • DEL POZO, Javier Santamarta, Siempre tuvimos héroes: La impagable aportación de España al humanitarismo, EDAF, 2017, 256 pp. ISBN 8441438102, 9788441438101
  • DE ARTEAGA, Almudena, Ángeles custodios, Penguin Random House Grupo Editorial España, 2012, 320 pp. ISBN 8415389612, 9788415389613
  • MORO, Javier, A flor de piel, Grupo Planeta Spain, 2015, 489 pp. ISBN 8432224987, 9788432224980
  • .Fuentes, Verónica.Un médico español del siglo XIX lideró la primera misión humanitaria de la historia. SINC (01/06/2013)
  • .López Piñero, J.M. 1983. Francisco Javier Balmis Berenguer.
  • .Diccionario Histórico de la ciencia moderna en España Vol. I (A-L): 95-97.

Ramírez Martín, S.M. & J. Tuells. 2007. Doña Isabel, la enfermera de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Vacunas 8: 160-166.

Julia ÁlvarezSaving the World, Chapel Hill, NC: Algonquin Books, 2006. ISBN 9781565125100

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Un comentario a “Vacunas para las Américas. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Balmis, en 1803”

  1. Anónimo dice:

    Muy interesante esta publicación de la mano de Mayte Bravo ,que nos ilustra con documentos verídicos de nuestra historia

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