Walt Whitman, La Hierba Prodigiosa



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WALT WHITMAN, LA HIERBA PRODIGIOSA

     Hace doscientos años nació en las afueras de Nueva York Walt Whitman.   En 1855 publicó por primera vez “Hojas de hierba”.  La humilde hierba podía ser algo grandioso, un prodigio, un entusiasmo. Podría ser tan prodigiosa como los árboles. Todos los seres vivos estaban llenos de grandeza. Cada tallo de hierba era tan mágico como los grandes paisajes: “Me preguntó un niño ¿qué es la hierba? trayéndomela a puñados;/ ¿cómo podrá yo responderle…Yo no sé lo que es mejor que él/ sospecho que es la bandera de mi naturaleza, tejida con esperanzada sustancia verde”.

       De ahí el canto a la democracia. Cada persona, humilde o sin pretensiones, estaba llena de asombro, latía en ella la vitalidad, el entusiasmo. El país era la suma de infinidad de esas vitalidades que latían por todas partes: “O sospecho que la hierba es ella misma un niño…el recién nacido producto de la vegetación. / Creciendo por igual entre los negros y los blancos, / canadiense, virginiano, congresista y negro, que a todos me entrego y los acepto por igual”.

       Se canta a sí mismo lleno de asombro sincero, de inocencia genuina. Se canta a sí mismo y no a los grandes hombres poderosos. Se canta como vagabundo que se siente latir. Y se ama y se respeta: “Divino soy por dentro y fuera y santifico todo lo que toco o me toca; / el aroma de estas axilas es más fino que la plegaria, /esta cabeza vale más que la iglesia, la biblia o los credos”.   Y rompe las reglas del verso, crea un verso caudaloso sin rima y sin normas métricas, un verso que fluye como los ríos, como los vientos. Que da cuenta sin ligaduras de la vida libremente.

          Creó el mito de América como algo original, como el empezar de nuevo, rompiendo todos los prejuicios, el pasado, las clases. América como la tierra de la libertad y las oportunidades, América sin ligaduras.  Ese mito era un mito, un sueño. Ya en Salem los puritanos habían torturado a las brujas. Y marcaban con hierro a las que tenían sexo sin matrimonio, como cuenta Hawthorne en “La letra escarlata”. Los puritanos huyeron de Europa para buscar libertad, pero en América coartaron ellos mismos  la libertad de otros. Y eran puritanos, o sea poco libres.

       América era el entusiasmo, la energía de todos, la igualdad de oportunidades. Ese entusiasmo era la creatividad sin fin. Las ciudades crecían con el mismo entusiasmo que la hierba. América era crecer y desarrollarse: “Impulso, impulso, impulso, / siempre el impulso procreador del mundo”.   Luego se vio que más que entusiasmo a menudo había fuerza bruta. El toro de Walt Street aparta a todo el que estorbe. Y al final Europa es más libre que América. Y hay más integrismo y puritanismo en América. Pero era un mito hermoso.

      Emerson y los trascendentalistas lo apoyaron hasta que se asustaron. Hart Crane lo desarrolló en “El puente”, cantó el dinamismo de América. Ya lo había expresado William Blake en su poema “América”.  El sueño era hermoso, es todavía hermoso. La democracia, la libertad, el entusiasmo. Y Lincoln representando ese sueño. Y la realidad desplegada como una fantasía inagotable. En América era posible conectar con las estrellas, confiar en uno mismo, emprender cualquier cosa, dejarse llevar por lo divino sin rémoras de la Historia.  Pero al final resultó que el entusiasmo también puede llevar a esos fanáticos que describe Flannery O´Connor, y que la Historia enseña tolerancia.

      Ya Wordsworth creyó en sí mismo, vio síntomas de inmortalidad en anécdotas de su infancia. Habló del “esplendor en la hierba”. Rompió el verso, lo hizo fluido, libre, coloquial, adaptado a distintos momentos.   La épica se convertiría en lírica. Cantar a América se convertiría en cantar a cada individuo con sus sueños y locuras. También lo haría Jack Kerouac con “En la carretera”.

        Una vez yo estaba en Filadelfia y fui a ver una casa donde vivió Edgar Poe, que tenía otras angustias y otras inquietudes. Pero también recordé que en Filadelfia se publicó la edición definitiva y no expurgada de “Hojas de hierba”. Whitman estaba en Camden al otro lado del río Delaware gestionando la impresión. Camden,  la ciudad más insegura y cutre de Estados Unidos, muestra en qué se ha convertido aquel sueño entusiasta. Pero el sueño era hermoso.  La película “El club de los poetas muertos” con los versos para Lincoln  (“oh capitán mi capitán”) que canta un alumno  apocado   al que el profesor entusiasma con Whitman  muestra lo que puede ser la poesía. Como la poesía de Walt Whitman puede resucitar a los muertos y animar los sueños de todos.

       Cuando estaba en mi pueblo de Galicia a veces me tiraba junto al río entre la hierba. Y la profusión de tallos verdes se mostraba grandiosa y llena de vida. Aquello era un prodigio, aquello podía ser la profusión de mi vida Y aunque pareciera increíble podría haber prodigios en mí  Sentí lo mismo que Walt Whitman.  Me acuerdo de “El mundo de Cristina” de Andrew Wyeth.  La muchacha paralítica se tiende entre la hierba mirando la casa lejana y siente todo el entusiasmo de la hierba. También estuve en la casa de Wyeth en Brandywine en Pensilvania, está entre bosques y hierbas llenas de fuerza.   Hoy las ciudades norteamericanas son menos respetuosas de la naturaleza que las europeas. Y el Presidente Ignorante no cree en el cambio climático, le importa un pimiento la naturaleza, solo el negocio brutal.  Pero el sueño era hermoso.

    Los sueños siempre son mejor que las realidades. Y los poetas representan la vida profunda mucho mejor que los poderosos.  Hace doscientos años nació ese sueño de entusiasmo.  Entusiasmo significa estar poseído por los dioses Los dioses nunca son tan mezquinos como sus clérigos los representan, los poetas conocen mucho mejor a los dioses que los clérigos. Por eso debemos leer a Walt Whitman. Nos hará mucho bien.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR

 

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Antonio Costa Gomez

Escritor y poeta español, Antonio Costa Gómez es, además, filólogo e historiador del arte.

Es conocido por sus novelas históricas, siendo considerado para el Premio Planeta por su novela Las Campanas.

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