¡Yo vivo! de Max Aub, Tezontle



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Por Francisco Vélez Nieto

¡Yo vivo! de Max Aub, Tezontle

Causalidad o coincidencia, con la derrota del conservadurismo, el ¡Yo vivo! del siempre perenne y mágico escritor Max Aub, toma vida en un pulso literario de su obra en la Editorial Cuaderno del vigía (Granada), sacando a la luz a tan prolífico creador en todo un pulso literario.

 “Es de pronto. Ya. Surte, rompe las nieblas del blando sueño del amanecer ya tibio. Todo, como estaba; la noche pasó sin huella. Nada sorprende tras el repente del día ya hecho”. He ahí Max Aub, un grito, a favor de la libertad, la tolerancia, para el convivir humano de hombres y mujeres, que nadie, ningún enemigo de la democracia pueda  hacernos callar. La calle no es de ellos, es de todos aquellos  que amamos las libertades, de aquellos que dieron su vida y años de cárceles por defenderla, luchemos con el arma de la cultura contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia la corrupción de los herederos directos del franquismo disfrazados de demócratas  corruptos que  creen que una nación es un cortijo de su propiedad.

Causalidad o coincidencia, lo cierto es que, el ¡Yo vivo! del siempre perenne y mágico escritor Max Aub, toma vida en un pulso literario de su obra de la Editorial  Cuaderno del vigía (Granada), que viene editando a Max Aub emocional y realista hispano-mexicano que mantuvo a lo largo de su vida cuatro nacionalidades: alemana, heredada de sus padres; francesa, por nacimiento; española, al afincarse su padre en Valencia en 1914, siendo Max menor de edad, y, finalmente, mexicana, por elección propia, al exiliarse tras la Guerra Civil Española.

En enero de 1939 se exilió a Francia, donde ultimó el rodaje de Sierra de Teruel  junto al  amigo y escritor francés André Malraux,  comenzó la redacción de Campo cerrado; pero en abril de 1940 fue denunciado como comunista. El 18 de mayo de 1942 abandonó el campo de Djelfa y se dirigió a Casablanca, donde el 10 de septiembre embarcó en el Serpa Pinto rumbo hacia Veracruz, México, No pudo regresar a Europa hasta 1956 y a España, por primera vez después del exilio, hasta 1969 en lo que fue un reencuentro agridulce del que dejó testimonio en su punzante dietario.

Pese al endiosado, independiente, además de buen escritor, Paco Umbral,  Premio Cervantes gracias a las misericordiosas influencias de Camilo José Cela, derrame de sus elogios y súplicas; como la vida, que también, pese a todo, es bella y continua, con el riesgo propio de la humildad periférica, me permito difundir el universo de Max Aub, sencillamente porque más que un exiliado, que ya es un dolor  de cuerpo y alma. Fue como tantos otros españoles un trasterrado. Es, por estar vivo, su manantial narrativo nada garbancero. Lo de garbancero va porque el libro del que doy noticia y que trata sobre Pérez Galdós, arrastró como un sambenito este calificativo. El libro nos ofrece unas reflexiones  del autor de La gallina ciega, Diarios  (1939- 1972) y Campos de almendros, entre otros muchos títulos, dedicadas a este inmenso novelista y dramaturgo que nos ofrece una hermosa obra literaria y testimonial a caballo entre dos siglos de historia en el desvivir de España.

Más Aub  fue otro exiliado español que se desvivió por esta tierra con la que insistentemente soñó con dar el salto hacia adelante, pero que paralelamente soporta la querencia del  retroceso  al pasado autoritario, como bien se palpa en los medios de comunicación fieles al conservadurismo ultramontano poco amante de la democracia. Max Aub como señala Francisco Caudet Roca “hasta comienzos de los años treinta había militado en las vanguardias, se decantó a partir del comienzo de guerra civil, por la escritura realista y en su punto de mira estuvo, era inevitable, Galdós. En el prólogo a Conversaciones con Buñuel recordaba: “Las escuelas de “vanguardia” me hirieron a mí antes que a él (a Buñuel) y la dejé. Y, sin embargo, recalamos los dos en Galdós”.

Francisco Velez Nieto

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